Por Emilio De Rege
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La semana pasada, circulaba una encuesta de Quique Vignoni. La diferencia era muy marcada. Se antojaba difícil tanto, tanto cambio desde 2017. Pero el histórico encuestador terminó teniendo razón. Será que tendremos que acostumbrarnos a que la gente vota diferente cuando elige diferentes cosas. El Domingo siete, el oficialismo arrasó en Rio Negro.


Mucho puede decirse de las falencias de la estrategia de Soria y su extremismo kirchnerista o su carácter. De lo difícil que se le ha hecho a Cambiemos hacer pie, existir en Rio Negro. Más adecuado parece decir que ganó la estrategia de Juntos, por no decir la del mismo Weretilneck. La estrategia de provincializar, el proceso eleccionario temprano y una lista muy amplia, pero que ponía en la primera línea de batalla a trabajar a los ministros.


Como corolario, su candidatura eventualmente testimonial a gobernador. Sabía, se supone, de las muchas posibilidades de encontrarse con un resultado adverso cuando sus opositores activaran los mecanismos judiciales. Ya sería tarde. La gran mayoría ya habría decidido. Y los que no, previsiblemente engrosarían la polarización a su favor, frente a un candidato que de tan consecuente en su discurso se transformó en sectario.


Pasado el proceso eleccionario, habrá cambios intestinos seguramente en el partido de gobierno. Por un lado y después de la última elección, Juntos ha dado el primer paso en la conversión del partido del gobernador, al partido donde Weretilneck es la figura más importante. No es lo mismo.


En segundo término, el gran riesgo que suponía para Juntos ir sin su figura principal en la boleta, terminará dándole una ventaja y un desafío. En Diciembre pasarán de tener como figura principal y excluyente al gobernador, a tener a Weretilneck y al gobernador. Multiplicarán por dos. Si ambos están en sintonía se creará un gran diferencial positivo gigantesco. Si las cosas se complican, el poder de fuego y la capacidad destrucción de capital político que ambos tienen lo es también. Ligado a todo esto en el gobierno estará el proceso de sucesión del gobernador y la forma que tenga la integración de Weretilneck. Pero para eso falta mucho.


Finalmente, este año Juntos está parado frente a gran cantidad de procesos electorales. Un gran triunfo genera una inercia positiva muy grande, pero que hay que manejar con gran prudencia. Dependiendo del mismo, podrá potenciar individualidades o envalentonar procesos que licuarán rápidamente los resultados de Abril. 

 

En el plano nacional, no habría hasta ahora mayores certezas. Si bien un partido provincial puede perfectamente desentenderse por un tiempo de esos menesteres y elegir no participar, ni apoyar a nadie a priori en los comicios de octubre. No así en las municipales, donde una elección provincial con estos números obliga a tener participación. Por diversas razones. Desde el aprovechamiento de la coyuntura hasta la necesidad de expansión de un partido que tiene mayor cantidad de individualidades con el correr del tiempo.


Hablando en criollo, hay mucha gente que en su distrito ganó muy bien y se quiere largar a la intendencia de su pueblo. Se van a encontrar frente a que tienen que dirimir y hasta sofocar algo que no vimos casi en la elección provincial, más que nada por la preeminencia de Weretilneck, las pujas intestinas dentro del partido de gobierno. 

A los que esperaban reflexiones llenas de recogimiento y renuncias de parte de los derrotados, esperen tranquilos. Nadie abandona la conducción cuando se está por definir un diputado nacional. Pasado el domingo, la mente de las conducciones partidarias estará seguramente focalizada en evitar la pérdida de gravitación interna frente a la elección de candidatos a octubre.


A como están las cosas, y con el partido del gobernador aun no habiendo dado certezas acerca de su estrategia, tanto Cambiemos, como el FPV supone una polarización similar a la que se dio en 2017. En este escenario, ambos cuentan con lugares expectantes. Sostener el statu quo interno luego de la derrota es menester. Ni los Soria, ni los que hoy sostienen la alianza Cambiemos querrán entregar tan fácilmente lo que muy arduamente consiguieron. Aun con los resultados del domingo.


Ahora, que sea menester no quiere decir que sea fácil. Más allá del juego de poder interno partidario, que gravita y mucho, para llegar a ser candidato en Octubre hay que pasar por una PASO. Tanto en el caso del PJ como de Cambiemos, se abre en este caso un escenario similar en el plano interno. Si bien es muy difícil llegar a tener injerencia en las decisiones de los partidos, no así la participación en las elecciones de Agosto. Puede suceder que, luego de los resultados de Abril, cualquiera se les anime a los candidatos de los respectivos oficialismos partidarios.


Viedma es un mundo aparte. A pocos días de las elecciones, todos se apresuran a erguirse como candidatos de su sector. A ponerse por encima de las pre-candidaturas y las pujas intestinas de sus propios espacios. Veremos cómo va decantando todo. Hay muchísimas incógnitas. Cómo desembarcará, si lo hace, el FPV reeditado de Soria. Cómo ordenará la sucesión Foulkes, luego del domingo pasado. Cómo administrará Juntos la inercia positiva del triunfo, para encauzarla en votos.


Aunque sea osado, hay que hacer un número. El conjunto de las fuerzas que detentan hoy casi todos los cargos electivos de Viedma (UCR, FPV, ex Frente Progresista) acaban de obtener un resultado de menos del cuarenta por ciento sumadas. Si bien puede que no se dé un reacomodamiento totalmente alineado con estos porcentajes, consecuencias de la última elección van a haber. De darse una modificación mínimamente similar, pocos lugares blancos quedarán en los partidos tradicionales que sirvan para lograr la unidad. La semana que viene nos dedicaremos totalmente a Viedma.
 

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