| Viedma. El defensor del Pueblo Adjunto, Ignacio Gandolfi, marcó sus discrepancias con su jefa. Y aquí, explica el rol que debiera tener la Defensoría.
¿Por qué no asistió al informe in voce?
-Básicamente, el informe in voce consiste en exposición oral que esta Defensoría del Pueblo realiza frente a toda la asamblea legislativa, y consiste en un resumen de todas las acciones desarrolladas durante el año. Es un informe de carácter técnico.
Volviendo a tu pregunta, no pude concurrir por cuestiones personales, me hubiera gustado participar; estuve en todos los anteriores.
¿En qué discrepa con la Defensora Ana Piccinini?
-¿En relación al informe me preguntás? Bueno, me parece que al momento de exponer este informe a veces se torna inevitable, que se le agregue una cuota de subjetividad, que es propia -lógicamente-, de la personalidad y el perfil que tiene la titular del organismo. Pero también es cierto que hay que evitar que a este momento trascendental para el organismo se adicione algún tipo de valoración política que lo transforme en un acto partidario, en una arenga política, porque flaco favor le hace a la credibilidad de este organismo, que debe mantenerse totalmente al margen de las rencillas, peleas y discusiones partidarias.
Creo, y esto es una opinión absolutamente personal, que hay que tratar de evitar hacer valoraciones políticas en el desempeño de nuestras funciones, porque no está dentro de nuestras competencias sino todo lo contrario, debemos defender los derechos ciudadanos frente a las disfunciones administrativas en forma absolutamente independientemente, objetiva y ecuánime.
Es nuestra ley orgánica, que nos prohíbe expresamente entrometernos en temas políticos.
¿Cuál es el rol que debe tener la Defensoría del Pueblo?
-Tanto el rol como el marco de su competencia está asignado claramente por su Ley Orgánica. Si uno analiza el desarrollo histórico de este instituto que tiene sus orígenes en los países escandinavos en la figura del Ombudsmann, y que a América latina a nos llega del derecho español con posterioridad a las terribles dictaduras que azotaron la década de los 70 en toda nuestra región, podemos comprender sus verdadero alcance.
El Defensor del Pueblo, hace aparecer a este organismo de control externo con una capacidad omnicomprensiva que no tiene, pareciera que todo lo abarca. Tanto su rol, como sus precisas limitaciones están contenidas en la ley. Por ejemplo, carece de imperio jurídico para modificar, sustituir o dejar sin efecto decisiones administrativas. No podemos sancionar u obligar a los funcionarios a acatar nuestras recomendaciones.
Y es así, porque a diferencia del resto de los organismos de control, nuestras decisiones no son vinculantes. Lo que hacemos es recomendar, sugerir, dar consejos al poder ejecutivo sobre la conveniencia de acatar nuestras observaciones en pos de lograr una mayor eficiencia en el manejo de la cosa pública.
La base, la esencia del funcionamiento de la Defensoría del Pueblo, es ser un canal de diálogo entre la masa de ciudadanos que sufre las consecuencias del mal funcionamiento de las distintas áreas del estado y los funcionarios que tienen la obligación de dar respuesta, se constituye en un colaborador crítico de la administración, que a través de sus actuaciones intenta convencer, persuadir a los funcionarios y tratar de encontrar las soluciones a los distintos problemas.
¿Cuáles son sus objetivos?
-Quizás su nombre más correcto acorde a su función, sería en vez de Defensor del Pueblo, el utilizado por su par portugués, que se denomina "Mediator", porque su función es mediar, encontrar canales de comunicación entre la masa de ciudadanos que padecen los variados atropellos y los funcionarios estatales desde una privilegiada posición de observador independiente del complejo funcionamiento de nuestra administración.
¿Cómo es su relación actual con la Defensora?
-Para entender nuestra relación actual, se torna necesario comprender que ambos provenimos de historias diferentes, en lo político, en lo personal, y que la vida nos puso a trabajar juntos casi sin conocernos. Nos resultó y nos resulta muy difícil superar nuestros prejuicios y coordinar y trabajar mancomunadamente. Yo intento, día a día que nuestras dificultades o diferencias no se trasladen al funcionamiento de la Defensoría. Es como en la casa viste. Los problemas de los padres no tienen que incidir en la educación de los hijos. Por eso hemos tenido épocas de mayor y otras de menor diálogo. Con Ana no somos siameses intelectuales, tenemos criterios y opiniones propias para observar la cuestión pública, somos diferentes aunque a veces coincidimos con diagnósticos, no acordamos en la forma de abordarlo, de encararlo. En mi opinión personal, no nos podemos quedar siempre en una mera crítica, sino en intentar ser partícipes de una solución.
No es tan fácil, es complicado, pero, bueno, te reitero: Piccinini o Gandolfi mañana se van; es importante trabajar e intentar fortalecer con nuestro trabajo y con una gran dosis de sentido común la credibilidad de un organismo que nos ha dado mucho, y por sobre todo para mantener el vínculo con la gente.
¿Cuál cree que será de ahora en más?
-No lo sé; intento ser sincero y poder expresar lo que pienso. Tengo una responsabilidad institucional y pienso cumplirla hasta el último día de la forma en que vengo trabajando; le dedico muchas horas de mi vida y estoy agradecido por la función que me honra desempeñar. Todo lo que digo debe entenderse como el llamado a una reflexión sincera, a la mesura y a la sensatez que deben primar en nuestras acciones y reflexiones.
También es cierto que no creo en falsas antinomias, me parece que niveles tan alto de confrontación no le sirven a la Defensoría del Pueblo, pero sobre todo no le sirven a la gente.
No creo en posicionamientos o actitudes maniqueas, como si yo fuera Dios y el resto nuestros enemigos. Creo que así no se construyen la sociedad, ni es lo que la gente espera de nosotros. Hay muchísimas cosas que están mal, y es nuestro deber ayudar a solucionarlas, no fogonearlas.
Niveles tan altos de conflictividad hacen mal a la credibilidad de un organismo que debe estar más cerca de la gente y lo más lejos posible del poder político. No podemos permitirnos ni la más mínima sospecha, que detrás de nuestras intervenciones, pudieran existir intereses políticos, cuestiones partidarias o cualquier otra circunstancia que motive nuestro trabajo.
¿Qué pasa con los casos de corrupción denunciados?
-Cuando tenemos indicios que algún funcionario ha transgredido la ley, que se ha cometido un delito y hacemos la denuncia judicial, debemos esperar a la Justicia, a que ésta se expida, a que resuelva, a que se pronuncie sobre la cuestión, que la sentencia judicial debidamente fundada nos dé la razón, antes de salir a hacer linchamientos políticos o mediáticos. Independientemente de quién se trate, porque vivimos en un Estado de derecho y el derecho a la defensa debe ser garantizado. No somos dioses, ni somos dueños de la verdad. Hay que ser muy cuidadosos con estas cuestiones. ¿Qué pasa si estábamos equivocados con lo que planteábamos, cómo se vuelve de esa situación? Hay que ser más mesurados.
¿Qué balance hace en estos tres años de gestión?
-Este es un espacio muy enriquecedor, tanto en lo personal como en lo profesional. El contacto permanente con la gente te da otra mirada de la realidad, otra perspectiva, quizás en el fondo te replanteas muchos cuestiones. Por eso estamos obligados a hacerle honor a tamaña responsabilidad.
Y es necesario comprender que necesitamos trabajar mucho para no perder, lo que tanto esfuerzo nos costó conseguir.
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