Por Facundo Andrés Brizuela.
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Un nuevo clásico. Los equipos de la Comarca se vuelven a encontrar, se vuelven a mirar a la cara. La pregunta es: ¿son las mismas caras? ¿Los mismos rasgos? ¿La misma impronta? ¿Cómo los sorprende el clásico a cada equipo? De un lado, Deportivo Viedma en juego contra ciclista no pudo encontrar el lenguaje, ya no tienen ese volumen de juego que tenían porque la bola definitivamente no llega a las manos que tiene que llegar. Individualidades sí, pero no vemos la explosión y el arranque del gran Mariani ni la energía avasallante de Centeno. Sin ellos el resto no suma. Ya no vemos el hambre de equipo sino algunas mezquindades tribuneras que hacen vibrar por un instante al hincha, pero que luego mira el tablero y regresa con una derrota.

 

La desesperación se hace enorme frente a la lesión de Franco, ordenador, pilar más allá de lo deportivo y la búsqueda frenética de un americano que pueda suplir las falencias nacionales y sacarle un poco de peso a Centeno que literalmente se puso el equipo al hombro. El esguince del extranjero que no alcanzó a desarmar el bolso y supongamos que sufrió un esguince cayéndose de la cama, hizo que rápidamente lo reemplacen. A veces la desesperación hace estas cosas, decisiones carísimas para quien esté pagando estos cortes.

 

Todo suma para llegar diferente. Esperando ganar y mirando de reojo el juego de Petrolero para que la matemática los deje en el cuarto lugar y los que juegan en serio descansen.

 

El panorama de Atenas es distinto. Las expectativas se resumen a subir un poco en la tabla; anímicamente están mejor, aunque seguimos viendo irregularidad en su juego. Nada nuevo, nada descollante, aun teniendo a los extranjeros más caros de la categoría. Se sumó Bruno Palotti, base, al team, un chico con buen futuro que puede adaptarse y ser aceptado por la tribu griega, que no es poco. Una conducción que no planteó nada distinto a lo que veíamos. Jugadores que ahora sumaron puntería para dar vuelta el tablero.

De un lado un papá con billetera holgada para cambiar extranjeros como menú en un restorán. Del otro las aspiraciones de que los americanos más cotizados hagan jugar a los mimados de la familia. Veremos quiénes se llevan la victoria en este clásico con olor a duelo entre extranjeros.

 

Sin embargo es muy aburrido y predecible todo, menos el clásico, que siempre, y como sea, la bandera de cada lado aparece en lo más alto. La cosa es ganar para alimentar el folklore maravilloso que nos regalan ambos equipos.
 

 

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