Por Facundo Andrés Brizuela.
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Antes de comenzar a escribir esta columna, pensaba en la manera de transmitir lo que influye en los resultados lo que "no se ve en la planilla".


¿Cómo puede ser que, si los jugadores de Atenas y Deportivo Viedma tienen valoraciones en las estadísticas personales parecidas, los resultados y la posición en la tabla es tan dispar? ¿Cómo podemos hablar que las individualidades de siempre tienen buenos números y su equipo está al fondo?


Hay dos trabajos que como jugador tenemos que hacer: el que todos ven, con pelota en mano, y el que necesita el equipo: hacer jugar al resto. Ese trabajo que muchas veces no se ve reflejado en la planilla y no nos sirve aparentemente para cerrar el cashet de la próxima temporada ni para asegurarnos la permanencia en el club, es el que hará que un equipo pelee arriba.


Si no hay unidad, si no hay un trabajo responsable y genuino de parte de los jugadores poniendo en relieve la defensa extra, la asistencia extra, es muy difícil que se pueda revertir una situación desfavorable.


Con resultado escaso, no suficiente, con varias derrotas seguidas, comenzamos a escuchar desde los medios, dirigencia, hinchada: "El equipo está mal anímicamente". Es la frase más común cuando las cosas no van bien. La pregunta es ¿por qué el equipo está mal anímicamente? ¿Esa formación tiene un método de juego desarrollado y profundizado? ¿Tiene un plan de entrenamiento integral bien ejecutado? ¿No se llevan bien? ¿Quieren al entrenador? Si eso no lo trabajas antes, cuando vas desarrollando lo que "no se ve en las planillas", un equipo cae indefectiblemente en el riesgo de depender del estado de ánimo.

 

 

Recuerdo en Huracán de Trelew, donde tuve el honor de ser dirigido por uno de los mejores entrenadores de mi carrera, Gustavo Miravet, que paralelamente a la planificación profunda de su metodología de trabajo, del plan concreto, trabajábamos las herramientas que debíamos tener a mano frente a nuestra adversidad. La premisa era salir rápido de esos estados.


Los buenos equipos, si están bien entrenados, están preparados no solamente para sentirse bien en el éxito sino también saber revertir cuando no les va bien.


Me extraña que jugadores que han transitado por muchos clubes, temporadas, que han vivido el sabor dulce del triunfo y que han vivido lo más frustrante que es un corte, hoy vivan con tanta liviandad y egoísmo el momento de Atenas de Patagones. Porque estas herramientas a las que me refiero, son las que llevamos los jugadores en el mismo bolso de la experiencia, de las vivencias, y en ese bolso también está la responsabilidad. Sería honesto que en ese bolso no exista la mezquindad, los egos, las preferencias, el egoísmo, y como ejercicio interesante les recomiendo que saquen también la planilla individual para comenzar a escribir la planilla de lo que no se ve pero que es tan o más importante para el presente del equipo.


Por otro lado, y hablando de lo anímico, cuando los resultados son buenos, esas cosas que se están haciendo bien, se repiten y potencian, con lo cual el estado emocional bueno se fortalece al punto que ya no interesa el nombre del rival, ya no importan los números personales, la cosa fluye a favor de un todo y ese todo los lleva a liderar la tabla.  

 

 

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