Por Facundo Andrés Brizuela.
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Un clásico no es solo lo que pasa en el rectángulo de juego. La gente, el público, los hinchas, son los que le dan color al partido más apasionante de la Comarca. Estos duelos son aparte, se disfrutan el doble, los nervios se potencian y superan a cualquier otro encuentro en la temporada.


Las expectativas de un equipo puede cambiar el rumbo y hacerse más fuerte de la cabeza dependiendo de como viene en el torneo, pero también te puede generar más dudas que certezas si el plantel en su totalidad no se corre de todo lo que deja el después del partido en un cruce de representantes locales.


Deportivo Viedma viene en un crecimiento importante desde su arranque en su juego colectivo y mandando un mensaje fuerte a la Liga Argentina: que es seriamente un aspirante a pelear arriba. Con mucho corazón y un equipo que nunca se rinde en partidos casi perdidos y dando vuelta los tanteadores en minutos finales.


En algún momento planteamos desde este espacio si alcanzaba solo con la entrega o si debía mejorar su filosofía de juego para mantenerse en el lote de arriba y llegar a los clásicos sin depender solamente de las ganas. Y Deportivo Viedma no solo sorprendió en el primer clásico dando vuelta un resultado increíble y que queda para la historia, si no también se hizo más fuerte psicológicamente sumando varios puntos importantes: la vuelta de su base titular, emblema de este equipo, y que el banco respondió con solidez y no extrañó las ausencias, siendo tercero en puntos desde el banco (24,2) de promedio.


Centeno, a mi forma de ver es el alma energético de este equipo que se complementa con el resto de los dirigidos por José Luis Pisani. El venezolano, si bien no es un jugador vistoso, está en todo lo que necesita el equipo, empuja el ánimo y está cumpliendo un rol muy valioso dentro y fuera de la cancha. La faceta defensiva está mejorando y es el punto a no descuidar.

 

 

El presente del Griego


Atenas de Patagones transita su cuarta derrota consecutiva, cada revés suma presión que a veces influye negativamente. El Griego no puede salir de esa incertidumbre en la que se encuentra y se está alejando de aquel equipo que sabía a lo que jugaba y tenía sus roles definidos en gran parte desde el inicio de la Liga Argentina. Los jugadores perdieron la lucidez desde que cayeron de forma sorprendente el primer clásico. Desde ese partido, Atenas no fue sólido en defensa y los rivales como Viedma y Estudiantes de Olavarría aprovecharon esa falencia que no pudo resolver y esa falta de reacción que deberán revertir con urgencia para volver a lo que quiere Facundo Sucatzky.


Atenas tiene jugadores donde apoyarse como Scott Cutley, posicionado hasta ahora como el extranjero más confiable de la categoría pero que todavía no está cien por ciento, junto con un Emiliano Agostino que debe aplicarse y sostener su parte defensiva, porque son los jugadores con más experiencia y poder de anotación, sin dejar de lado a Hernán Etchepare, que hace lo que puede por momentos. Ellos son lo que deben generar confianza al equipo y en ellos deben apoyarse para volver a la senda del buen juego.


En fin, lo que tiene de lindo este deporte es que siempre da revancha y este martes Atenas tiene absolutamente todo en sus manos para poder dar vuelta esta imagen que dejó el pasado domingo.


Les dejo una frase de un tipo como Phil Jackson que tiene muy claro todo esto: "Los buenos equipos acaban por ser grandes equipos cuando sus integrantes confían los unos en los otros. Lo suficiente para renunciar al yo por el nosotros".

 

 

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