Por Facundo Andrés Brizuela.
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Observando lo que va de la temporada, intuyo que se debe estar instalando desde el área profesional del básquet o por otro lado desde el espectador, el hincha, o el periodismo deportivo, un análisis en cuanto al bajo nivel basquetbolístico en la Liga Argentina, más aún si la intentamos colocar en un escalón por debajo e inmediato de la Liga Nacional. En este sentido, y planteándonos la causa, si hacemos el mismo ejercicio entre la segunda divisional y el Torneo Federal, ese desnivel es prácticamente un abismo.


No me refiero a lo que plantean la CABB y LNB con su formato de torneos, sino a la calidad y profesionalismo desde la organización de los clubes a la hora de encarar los campeonato sumando a la poca importancia que le dan a detalles que significan un buen desempeño a la hora de estar a la altura de un equipo profesional. Lo extraño es que esta falencia la vemos en clubes austeros y en los que cuentan con un presupuesto superior.


Más allá de esto y, equilibrando la balanza frente al desnivel en cuanto al juego, celebramos la entrega y el hambre de los equipos. Saben que se enfrentan a equipos fuertes y con peso en la Liga, son inferiores, pero no se pueden subestimar. Este juego lo puede jugar cualquiera pero es para inteligentes.


Atenas subestimó a un rival limitado como Rivadavia de Mendoza, con una plantilla de calidad menor pero con mucho corazón y se quedó con una derrota inesperada de local. En el siguiente juego contra Centro Español, no lo dejó entrar en juego en ningún momento, sumado a que vimos al Scott Cutley brillante que todos esperábamos.

 


Hablando de corazón, Deportivo Viedma se enfrentó con uno de los tres candidatos para pelear por el ascenso. Tenía una parada muy difícil, con la presión de la localía y un Pedro Franco ausente por un esguince de rodilla.


Estudiantes de Olavarría no contó con su americano pero juega bien al básquet, con jugadores muy inteligentes y un capitán que maneja a su equipo como Santiago Arese, que nunca se mostró nervioso, controlaba el partido y estiraba la diferencia cada vez más a su favor.


La Fusión rionegrina sin ideas, sin conductor y con muchos errores infantiles en su ataque, no encontraba respuestas en la gran mayoría del juego. Pero apareció una característica que viene desde Alianza Viedma: corazón sumado a la inyección de su gente, y dio vuelta un resultado muy difícil de revertir.


En el camino se adquiere experiencia y un llamado de atención definitorio para el resto de la temporada: potenciar el material humano y deportivo en todos sus puestos, cambiar el chip y darse cuente que tienen todo para poder ser un equipo sólido en sus dos tableros.

 

¿Nuestra próxima parada en la Liga Argentina? El clásico de la Comarca. Imperdible.

 

 

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