Laura Pulozzi, maestra de Danza Contemporánea, nos habla del mundo en zapatos de punta.
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Por Fernando Manrique
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En Noticias le hemos dedicado un importante espacio a la cultura local, yendo desde el teatro, pasando por la música y hasta las perfomances. Pero estábamos en deuda con uno de los pilares del mundo artístico: la danza contemporánea.


Aprovechamos la distinción que recibió la bailarina y profesora de Danza Clásica y Contemporánea, Laura Pulozzi, en Lola Mora 2017 desarrollado en Neuquén para interiorizarnos sobre la materia.


Pulozzi comenzó a bailar desde los cinco años, estudió en el Instituto Universitario Patagónico de Artes -IUPA- de General Roca, en 1993 fue una de las fundadoras de la compañía de Danza Contemporánea Locas Margaritas junto con Mariana Sirote y Patricia Alzuarena que se mantuvo ni más ni menos que diez años y fue una de las gestoras de la Escuela Experimental de Danzas de Neuquén, entre su vasta trayectoria.


Si bien Pulozzi es roquense, hace 15 años que reside en Viedma y actualmente dicta talleres de Danza Clásica y Contemporánea en la capital rionegrina.


Consultada sobre el premio Lola Mora, que nació en 1999 y año a año reconoce a las mujeres que se destacan en radio, en televisión y en el arte, comentó: “Es una caricia al alma, creo que los bailarines pensamos y sentimos con la cabeza, el corazón, los pulmones, los huesos, los músculos y las articulaciones. En estos días flotaron en mi cuerpo hermosos recuerdos de personas y momentos compartidos”.


En esa línea, expresó que pesaron por su cabeza sus 20 años de trayectoria desde Locas Margaritas hasta los bailes en las calles y los sitios de gran circulación de la provincia neuquina para dar a conocer la danza. “La verdad que fue emocionalmente fuerte, es como revisar tu historia, es un mimo para el alma”, indicó.


Es que Pulozzi siente a la danza como un extensión de su cuerpo y “me enseñó a estar conmigo, me enseñó a estar con otros y estar para otros”.


En este sentido, la maestra sostuvo: “Para mí la danza es sinónimo de vida, es poderosa porque mueve nuestro cuerpo físico, el mental, el emocional y el espiritual. Valoro especialmente que nos ubique en el presente, entre un pasado inmediato y un futuro inmediato, nos hace fuertes y libres”.


El valor de la docencia

 


Sobre su experiencia en Viedma, Pulozzi remarcó que cuando vino a la ciudad capital, allá por el 2000, “no se conocía la Danza Contemporánea, entonces empecé a dar talleres y ahora empezó a verse una movida más significativa”.


En su rol de maestra, la talentosa artista destacó que lo primordial es “la evolución de los alumnos, es lo que más te hace crecer”.


“Me fascina dar clases y nunca fue un trabajo para mí, cuando se junta el trabajo con lo que uno ama es maravilloso. Y en todas las alumnas es una constante, gente que ha hecho una carrera muy importante y me dice ‘fuiste mi mejor maestra’ y eso es fuerte, es lindo, es agradable en el sentido de la transmisión de la pasión de lo que uno hace”.

 

Pulozzi ilustró ese vínculo entre docente y alumna y rememoró una anécdota que le llenó el alma. “La mamá de una nena me escribió, terminamos las clases en diciembre, y se compró zapatillas de punta para hacer Danza Contemporánea y me pidió por favor que siga dándole clases porque va y practica en su casa. La nena le dijo ‘a mí me gustaba la danza pero la seño me enseñó a amar la danza, no puedo estar sin bailar’ y esa cosa que se transmite por puro placer creo que es lo mejor”.


Lo principal para Pulozzi no es el desempeño en cada presentación pública, sino “poder transmitir con pasión todo lo que hago, que el otro lo haya percibido y que lo haya multiplicado, es la conexión con los otros lo que hace grande la cosa”.

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