Juan Montelpare, un artista valchetense, recorrió varios países pero siempre retorna a su ciudad natal. Nos contó acerca del perfomance con vientos patagónicos.
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Por Fernando Manrique
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Cuando pensamos en arte puede suceder que nuestras primeras imágenes mentales nos remitan a una pintura, un monumento o una representación teatral. Generalmente no se nos viene a la cabeza la idea de intervenciones en espacios públicos: el perfomance.


Es que en el mundo existen muy pocos artistas que se dedican al mundo del perfomance y menos aún en nuestra región. Juan Montelpare, un valchetense que incursiona en esta disciplina desde joven, se refirió a su trabajo y nos invitó a explorar un poco más sobre el arte contemporáneo en nuestra zona.


En su página Web, donde se recopilan numerosos registros de intervenciones artísticas, Juan se acercó a una declaración de artista y expuso: “En mi trabajo busco volver a mirar desde el asombro, acercarme al niño que fui, a la capacidad de ir descubriendo, encontrando, creando hechos, metáforas de nosotros mismos mediante los más simples elementos o situaciones”.


“Constantemente vuelvo a mí, al paisaje frente a la casa de niño, a la luz atravesando la ventana que ilumina diferente y revela cosas. Observando la inmensidad del gesto, la lluvia y las partículas, el viento, cada cosa convertida en un universo”.


En esos universos que se pueden crear desde el arte, Juan ha convertido hechos creativos con elementos simples de la vida misma, tales como flores, piedras, hormigas con pequeños granos de azúcar u hojas de un libro viejo. También el arte aparece con todo su esplendor en intervenciones en espacios públicos que van desde un abrazo al mar de Caraíva en Brasil, diálogos con el viento en Valcheta y hasta caricias a edificios de Quito para sacarles el esmog.


Entre Quito, El Salvador y Valcheta

 

Quitándole el esmog a edificios de Quito. (Foto: Yamine Elrhorba).


A través del perfomance, Juan recorrió varios puntos del continente pero siempre vuelve a su querido Valcheta, el oasis de la Línea Sur, o como su nombre lo indica, el arroyo que colma. Actualmente es subsecretario de Cultura y Turismo de la Municipalidad de Valcheta.


A partir de los 12 años se dedicó al teatro de títeres, una vez terminada la secundaria, estudió Artes Visuales en la Escuela de Arte Alcides Biaggeti de Patagones y luego se vinculó a dibujos con una mirada desde la Patagonia resaltando el cielo de la región, la estepa y los rostros curtidos de los patagónicos.


En medio del contexto de crisis que atravesaba el país en 2001, Juan se abocó a realizar pinturas con telas y textos bíblicos, donde reflexionaba sobre lo efímero de la niñez. Ya en 2004 obtuvo una beca para viajar a Cuba y en la tierra caribeña se ligó al perfomance.


Dos años más tarde, desarrolló un trabajo performático-instalativo en el barrio Lavalle de Viedma llamado “Muchachitos”, donde reflejó la violencia en la niñez a través de juguetes rotos. En 2008 trabajó en Ecuador con un colectivo denominado “La bicicleta” y, entre otras acciones, junto con 40 artistas llevó a cabo intervenciones durante diez días a lo largo y a lo ancho de la provincia de Pichincha.


Tiempo después pasó por Brasil, Perú, Chile y volvió a Ecuador, donde conoció a su esposa salvadoreña, Cristina Amaya. Juan le indicó a Noticias: “Fuimos a Centroámerica, estuvimos un tiempo haciendo algo de trabajo en un festival en El Salvador y después de El Salvador la idea era buscar qué lugar íbamos a elegir para vivir y en ese marco teníamos para vivir la posibilidad de Quito, El Salvador o Valcheta”.


Agregó: “Lo que queríamos era un lugar tranquilo y era el lugar donde menos posibilidades económicas y laborales teníamos porque ya hacía muchos años que vivía afuera, mi compañera tampoco conocía y decidimos venirnos. Volver al pueblo fue volver no solamente a la casa donde me crié, sino también reencontrarme con el paisaje, con una estética, con un silencio, con un montón de cosas que habían estado latentes o insinuándose en mi trabajo y que al volver a redescubrir mi paisaje empecé a ver todo un desarrollo artístico en solitario”.


El arte como apuesta política


Consultado sobre cómo es hacer arte contemporáneo en Valcheta, Juan señaló: “Para hacer arte en general la mayoría de las veces nos dicen que tenemos que estar en los grandes centros urbanos, tenés que irte a Buenos Aires, París o Nueva York, a los centros no solamente de arte sino de poder. Es una decisión más política la de hacer arte acá”.


En ese marco, apuntó: “Es una apuesta sobre todo política porque es decidir un lugar donde querés vivir y también hoy tengo la posibilidad de pensar al pueblo y generar modificaciones a partir de mi laburo”.


Del mingitorio a los jabones hechos con grasa

 

Mingitorio que cambió la historia del arte desde hace un siglo atrás.


En 1917, el artista francés Marcel Duchamp revolucionó el mundo del arte cuando instaló en un museo un mingitorio industrial y demostró que cualquier objeto mundano podía considerarse una obra de arte con tal de que el artista lo quitara de su contexto original y lo situara en una galería de arte y la declarara como una obra artística. La famosa “Fuente” fue considerada un hito en el mundo del arte del siglo XX.


Desde esa fecha a hoy, han sido múltiples las intervenciones vanguardistas que apelan al arte desde prácticas no convencionales. En 2004, la artista rosarina Nicola Constantino hizo una obra condenada a la polémica: elaboró 100 jabones con un alto porcentaje de grasa de origen humano, que obtuvo luego de haberse sometido a una liposucción.


La mirada de Constantino en “Savon de Corps” era que a través del consumo no compramos la imagen de una modelo, sino el cuerpo de la modelo en sí. Sin embargo, en una nota concedida a La Nación, la docente e investigadora de Arte en la Universidad de Buenos Aires, Graciela Schuster, mencionó que muchos críticos relacionaron la obra de los jabones con el Holocausto del régimen nazi y en realidad no era el mensaje que Constantino quería dar.


Al respecto, le preguntamos a Juan cómo vive el artista esa lucha para que el espectador reciba el mensaje de manera correcta y aclaró que en el arte “más que te decodifiquen un mensaje, es generar una pregunta. Si vos lográs esa pregunta, que el otro se pregunte, y muchas veces lo que haces es el acercamiento de una pregunta, que el otro la intuya, que el otro la viva. Eso te permite irte con más cosas, con una reflexión, quizás con algo más íntimo que vos tenías”.

 

Juan citó una de sus obras llamada Poesía I que se trataba de una serie de paraguas amarillos transparentes que flotaban en el Riachuelo de La Boca. “Cuando genero esa acción viene un chico joven que se pone a hablar y me dice ‘Mi abuela me contaba que acá ellos lavaban la ropa’ Imaginate, hoy lavar la ropa en el Riachuelo es imposible. Ahora, a él le activó una pregunta, una reflexión, una cuestión histórica con su lugar. Nadie va al Riachuelo porque es feo, pero cuando pasás con un hecho estético volvés a mirarlo y te llevás otras sensaciones y creo que por ahí va lo que busco hoy”.


La osadía hecha arte


Los artistas que se dedican al perfomance habitualmente juegan con el límite de la espectacularización. Algunos se lastiman a sí mismos para transmitir un mensaje en torno a un flagelo social aunque esas acciones pueden violentar el espacio público.


A modo de reflexión, Juan comentó: “Muchas veces nos pasa que hacemos obras muy osadas pero rondan lo espectacular. Ahora, creo que si quisiéramos hacer una obra espectacular y que llegue a mucha gente nos dedicaríamos a otra cosa, no a hacer perfomances. Te ponés una banda de rock and roll o de cumbia y vas a llegar a más gente que haciendo este tipo de obras”.


“Yo creo que hay que tener mucho respeto a la hora de trabajar sobre todo en el espacio público con este tipo de obras, donde el otro no malinterprete y no se sienta violentado. Muchas veces violentamos los lugares que no son nuestros y después nos vamos”, puntualizó.


Retomando la idea inicial de la nota, el arte es importante como un espacio para abrir preguntas, para deconstruir lo aparente. Pero esa deconstrucción no debe hilarse en una acción que violente el espacio común. 

 

Puesta en valor desde la función pública

 

Diálogos de viento en Valcheta.

 

Como habíamos mencionado anteriormente, Juan está encargado del área de Cultura y Turismo de Valcheta y desde su área se plantearon dos objetivos claros: reforzar la identidad y la cohesión social.


En esa línea, destacó: “Lo que estamos trabajando es poniendo en valor nuestros patrimonios a nivel simbólico, a nivel de infraestructura, brindando servicios pero también trabajando con los saberes populares que la gente tiene”.


Una de las principales políticas adoptadas fue poner en valor el Bosque Petrificado de Valcheta. Precisamente, en estos momentos se está iniciando la temporada de esa área natural protegida con visitas guiadas.


En uno de los senderos del Bosque, los visitantes se toparán con un músico en el medio del monte, una pareja bailando zamba, canciones de Ángel Brizuela y con relatos de cuentos de terror en la voz del escritor Jorge Castañeda.  

 

Camino con firmeza

 

Acciones para curar objetos violentos en Quito. (Patricio Estévez).

 

En la comarca de Viedma y Patagones, si bien el perfomance no está muy instalado, hay un importante semillero de jóvenes teatreros, dibujantes y artistas plásticos. Pero en el proceso se encuentran con frustraciones o con períodos de crisis. En China, bien dice el dicho, crisis también significa oportunidad.


Juan sabe de malas y antes de haberse consolidado en la disciplina pasó por situaciones que lo llevaron a replantearse su elección de vida. En todo esto, recalcó que el apoyo familiar es el motor de esa búsqueda de la felicidad.


Confesó: “Me acuerdo una anécdota con mi padre, cuando terminé el secundario me preguntó: ‘¿Qué vas a hacer?’ y le dije que iba a estudiar Arte ‘¿Seguro?’ Sí. Me dijo: ‘Mirá que es difícil, es un camino duro, no se vive del arte’. Le respondí ‘Seguro’. ‘Está bien, yo te apoyo’ me dice. ‘Porque yo no puedo frustrar la vida de mi hijo, si vos querés ser eso yo no puedo pedirte que vos seas lo que yo quiero, vos sos lo que vos sos’ y me fui a estudiar con todo el apoyo familiar”.


Añadió: “Por ahí, para las familias, cuando pasa el tiempo y empieza a aparecer tu trabajo en un diario o un reportaje en una radio aparecen estas cosas y la primera persona que compra el diario es tu familia. La que más miedo tenía después es la que más orgullosa va a estar. Es un proceso de las dos partes, tanto de quien desea dedicarse a esto como del apoyo familiar”.


“Creo que no hay mejor cosa que buscar la felicidad y si tu felicidad es esa hay que trabajar. Lo más difícil es arrancar, dar el primer paso, una vez que ya caminaste ya está”, concluyó Juan en un mensaje para todos los jóvenes valores que anhelan seguir abriendo preguntas a través del arte.

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