Un virus que en principio solo causaría un simple catarro a un niño más mayor, puede provocar en el bebé una inflamación de las vías respiratorias llamada bronquiolitis.
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Puede que lo hayas oído o te preguntes cómo sabrías si el resfriado de tu hijo puede desembocar en este cuadro. Te vamos a explicar en qué consiste esta patología, que hay que controlar para evitar, por ejemplo que se desencadene una neumonía.


La bronquiolitis es una enfermedad típica de los meses fríos.


Se trata de una enfermedad respiratoria aguda que ocasiona inflamación de los bronquiolos, que son las ramificaciones más pequeñas del árbol respiratorio. Es una inflamación habitualmente producida por virus y que afecta a lactantes, es decir a niños menores de 2 años, con una incidencia especial en bebés de 3 a 6 meses.

 

Causas
 

La bronquiolitis suele estar causada por un virus. Muchos virus que afectan a las vías respiratorias son capaces de originar este problema. Uno de los virus más habituales, que puede estar presente hasta en un 60-80% de los casos es el llamado virus respiratorio sincitial (VRS).


Debido al momento de maduración del árbol respiratorio, unos virus que en adultos y en niños más mayores pueden causar un simple catarro, son capaces de descender a la vía aérea inferior en los lactantes, originando cuadros más complejos que un simple catarro.


Un problema añadido para los pediatras es que esta patología puede coincidir el pico estacional de gripe y es habitual, entonces, ver los servicios de urgencias pediátricos saturados.

 

Resfrío o bronquiolitis

 

Suele empezar como un catarro con tos y mucosidad, a veces con algo de fiebre. A medida que van pasando los días y el virus desciende a la vía respiratoria inferior, se originará dificultad para respirar, que es uno de los síntomas fundamentales a tener en cuenta y lo más característico de la enfermedad.


Así, puedes notar que el pequeño:


Presenta dificultad respiratoria además de un ritmo más acelerado en la respiración, el uso de la musculatura de la caja torácica (se “marcan las costillas” al respirar) y un aumento de la tos, que suele ser una tos seca.


La dificultad respiratoria ocasiona de "rebote" dificultades para comer, de forma que muchos niños rechazan parcialmente el alimento.


En casos no complicados, el proceso suele durar entre 7 y 10 días, con una fase de empeoramiento progresivo de los síntomas y una posterior mejoría.

 

¿Y si se complica?


En esta época del año muchos bebés pasan por este episodio y el porcentaje de lactantes infectados suele ser tan alto, que es la causa más frecuente de hospitalización pediátrica en estas edades.


La hospitalización se produce principalmente por la necesidad de hidratar al bebé y de proporcionarle oxígeno suplementario. La dificultad respiratoria y el hecho de que el aire no llegue bien a los alveolos pueden hacer que el médico decida ingresarlo. No te asustes, no es que sea por su gravedad si no que es la única forma de administrar este tratamiento.

 

¿Requerirá ingreso hospitalario?


Que la opción médica sea hospitalizar al bebé se toma en base a sus antecedentes. Por ejemplo si ha sido un bebé prematuro, si es muy pequeño (primeras semanas de vida) o si tiene alguna enfermedad crónica que pueda predisponer a una enfermedad más grave.


Una posible complicación es el desarrollo de una neumonía. Obligará en algunos casos a aumentar los tratamientos y el tiempo de estancia en el hospital.

 

¿Puede dejar secuelas?


Una vez recuperada, la bronquiolitis es una enfermedad con capacidad para dejar “recuerdo” en los bronquios. Así los niños que han padecido una bronquiolitis tienen más probabilidad después de tener hiperreactividad bronquial. Es decir, reaccionar con espasmo bronquial (los típicos “pitos”) ante determinados estímulos externos o nuevas infecciones.


Prevención

 

Contra esta y cualquier otro tipo de infección es imprescindible el lavado frecuente de manos. Es una medida importantísima en madres, padres y todas las personas que se hacen cargo de los bebés.


También es recomendable en caso de tener un bebé pequeño, no aceptar visitas de personas que están enfermas y que pueden transmitir las infecciones.
La lactancia materna y un hogar libre de tabaco también son factores protectores.

 

El tratamiento 

 

Hace muchos años que se busca un tratamiento curativo sin éxito. Así que no queda más remedio “que pasarla”. Los tratamientos que se utilizan son sintomáticos, es decir, que sirven para aliviar los síntomas del bebé. El médico te aconsejará cuál es la mejor opción en el caso de tu hijo:


Lavado nasal con solución salina o suero fisiológico. Descongestiona la nariz y facilita la entrada de aire al resto de vía respiratoria.
Posición semiincorporada (en lugar de tumbado) facilita el paso de aire.
Alimentación fraccionada. Las grandes ingestas son difíciles. Se recomienda dar pequeñas cantidades pero más a menudo, para mantener el estado de hidratación pero evitar que se canse comiendo.
Antitérmicos si existe fiebre alta.
En ocasiones muy concretas el pediatra puede recomendar algún fármaco. Algunos, como los corticoides no han podido demostrar su utilidad.


En caso de hospitalización, el principal tratamiento es el oxígeno, por eso algunas veces se opta por dejar al bebé ingresado ya que es la única forma de aplicarlo.


Claves preventivas:

 

1. Lavarse las manos con agua y jabón después de volver de la calle, antes de cocinar o comer y después de ir al baño o cambiar pañales.
2. Taparse la boca al toser o estornudar usando el antebrazo y no las manos.
3. Sostener la lactancia materna, al menos hasta que el bebé cumpla los 6 meses, e incrementar la lactancia materna en caso que el bebé enferme o muestre pérdida de apetito.
4. Acostar a los niños boca arriba.
5. Tener las vacunas incluidas en el Calendario Nacional de Vacunación al día para reducir las complicaciones en la salud y la mortalidad por infecciones respiratorias.
6. Asistir a controles médicos periódicos.
7. Ventilar todos los ambientes a diario, por lo menos 20 minutos.
8. No fumar y mantener los ambientes libres de humo. Durante los primeros años de vida, los hijos de padres que fuman en la casa tienen muchas más probabilidades de ser hospitalizados por bronquitis o neumonía, a diferencia de padres no fumadores.
9. Brindar a los niños el abrigo necesario. En ambientes fríos, se recomienda ponerles una gorra para mantener la temperatura corporal. Además es importante evitar el abrigo excesivo y el uso de frazadas o mantas que puedan sofocar a los menores durante la noche.

 

Fuente: Saber Vivir




 


 

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