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Frente al aumento de casos en la región y como una decisión estratégica de cara a un futuro en el que se prevé que la enfermedad continuará expandiéndose, Argentina comenzará a producir localmente la vacuna contra la fiebre amarilla. Actualmente el insumo proviene de Brasil, país que apenas alcanza a cubrir su propia demanda y que mediante un convenio bilateral transferirá los conocimientos y la tecnología a la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS). De acuerdo a lo establecido en el proyecto, las primeras dosis nacionales serán puestas en circulación a fines del año próximo.


“Hay una necesidad de producir localmente la vacuna porque ha cambiado el panorama epidemiológico y, por otro lado, hay un déficit global de producción de vacunas para la fiebre amarilla”, explicó a El Economista el ministro de Salud, Adolfo Rubinstein, quien firmó junto con el ministro de Ciencia y Técnica, Lino Barañao, y la interventora del ANLIS-Malbrán, Claudia Perandones, el acuerdo con la fundación brasileña Oswaldo Cruz (Fiocruz).
 

Casos

 

Según el Ministerio de Salud de Brasil, en lo que va del 2018 el país registró 1.261 casos de fiebre amarilla, 409 de los cuales resultaron en la muerte de la persona afectada. Estos datos casi duplican los casos acumulados durante todo el 2017: 776 afectados, 269 muertos. En Argentina los números oficiales arrojan que se pasó de un 2017 sin casos registrados a un 2018 que a esta altura cuenta con 7 infectados, 3 de ellos muertos. En todos los casos se trató de argentinos que viajaron a Brasil sin la vacuna puesta.


“La fiebre amarilla siempre estuvo muy limitada desde el punto de vista geográfico-climático a las áreas tropicales y subtropicales, pero de repente nos encontramos con que lugares periurbanos que hace muchísimos años no tenían fiebre amarilla empiezan a estar implicados también”, apuntó la médica infectóloga Corina Nemirovsky, coordinadora del área de Medicina del Viajero del Hospital Italiano. “Por ahora nuestra amenaza tiene que ver con los casos importados, pero no sabemos hasta dónde puede extenderse. La realidad es que el sur de Brasil es limítrofe con el norte argentino, el clima es muy parecido, y como poder pasar, puede pasar”, dijo la experta al referirse a la posibilidad de que surja un brote autóctono.


La titular el conglomerado de laboratorios nacionales ANLIS desmintió que Argentina haya sufrido momentos de desabastecimiento de la vacuna, más allá de que el aumento abrupto de la demanda durante el período de vacaciones haya generado complicaciones logísticas. “No es que nosotros tomamos esta decisión porque hay hoy una falta de vacunas -argumentó Perandones-. Estamos haciendo un planeamiento estratégico porque no podemos depender de la provisión del exterior teniendo en cuenta que hay una situación epidémica en Brasil”. Cabe aclarar que este año las autoridades sanitarias del país vecino se vieron obligadas a dividir las dosis disponibles para poder vacunar a toda su población.

 

Origen

 

Las vacunas que se aplican actualmente en Argentina provienen de Brasil y de Sanofi Pasteur, un laboratorio internacional con sede central en Francia. Según el plan diseñado de manera conjunta entre el ANLIS-Malbrán y el instituto Fiocruz se espera contar con la primera producción nacional hacia diciembre de 2019. “Este año viajaron a Brasil alrededor de 1.800.000 argentinos. Sobre esos cálculos hicimos la estimación de nuestra potencial demandas por viajeros y sumamos las zonas limítrofes con Brasil que se pueden ver afectadas”, dijo Perandones, y agregó que la producción inicial apunta a 5 millones de dosis, con una inversión de $250 millones.


El proyecto requerirá el trabajo de las dos sedes del Instituto Nacional de Producción de Biológicos y del Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas, que está en Pergamino y produce actualmente la vacuna para la fiebre hemorrágica argentina. Esto involucrará directa e indirectamente el trabajo de más de 400 personas a las que se sumarán nuevos profesionales incorporados a partir de este proyecto.


La vacuna es una medida absolutamente preventiva del desarrollo de la enfermedad y es lo que está indicado para ingresar en zonas de riesgo como Brasil o zonas limítrofes. Si una persona tiene previsto además ir a un área donde haya casos de fiebre amarilla reportados la recomendación es evitar la exposición cubriéndose y usar repelente. Es importante saber que la vacuna no tiene efecto inmediato sino que se necesita un lapso de diez días para que el cuerpo desarrolle inmunidad y la persona esté realmente esté protegida.

 

Fuente: Clarín/Salud
 

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