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El primer análisis local de más de 25.000 atenciones por trauma en ocho años avala la afirmación de que usar casco salva la vida. En los 4078 casos de motociclistas asistidos por un incidente en la calle, la mortalidad en los que viajaban sin protección fue siete veces mayor que en los que la llevaban.


El relevamiento incluye la información que 14 hospitales y sistemas de atención prehospitalaria de la provincia de Buenos Aires ingresaron desde octubre de 2009 en un registro que coordina la Fundación Trauma, de acuerdo con los parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS).


El 16% de los 25.573 registros hasta el mes pasado son motociclistas con traumatismos en la cabeza, las piernas o los brazos, el pecho o el abdomen. El 78% no usaba casco al momento del incidente y alrededor de un tercio (29,4%) sufrió lesiones encefálicas graves, comparado con el 10,5% en el grupo con casco.


Esa diferencia se tradujo en la posibilidad o no de sobrevivir al hecho: murieron siete veces más motociclistas sin protección que los que iban con protección (8,6 vs. 1,3%).


"Mientras los estudios publicados hablan de un aumento del trauma, en especial el de cráneo, ahora lo pudimos medir con un dato local concreto: sin casco, el traumatismo es más grave", indicó Laura Bosque, directora ejecutiva de la fundación y miembro de la Sociedad Argentina de Medicina y Cirugía del Trauma.

 

Adultos jóvenes

 

Los pacientes tenían entre 16 y 44 años y uno de cada cuatro traumatismos había sido grave. "Las lesiones en motociclistas son de especial interés en América Latina, donde esta forma de transporte se incrementó notablemente", indicaron desde la fundación sobre los resultados.

 


En centros y servicios de emergencia registraron entre octubre de 2009 y enero pasado 29.454 pacientes, con 20.462 auxilios prehospitalarios. En general, los incidentes de tránsito fueron la principal causa de trauma (30,6%), seguidos de las caídas (21,8%) y las agresiones (15,5%), más en los hombres que en las mujeres.


Por edades, esas causas fueron más o menos frecuentes: hasta los 17, lo más común fueron las caídas, los incidentes viales y el atrapamiento o el aplastamiento, mientras que entre los 18 y los 64 años prevalecieron los hechos de tránsito, las agresiones o peleas y las caídas. En los mayores de 65, el trauma por caídas fue lo más habitual (en uno de cada dos lesionados), seguido de los incidentes viales y las agresiones.


Hubo más casos de trauma los sábados y los domingos que los días de semana, sobre todo entre las 13 y 18, y por las lesiones en el tránsito. De hecho, en los jóvenes y adultos, siete de cada 10 casos ocurrieron en la calle u otros sitios públicos, mientras que uno de cada dos chicos y adolescentes se lesionó en el hogar. La tendencia se mantiene desde un análisis de medio término, cuando el registro superó los 10.000 casos.


"El trauma como enfermedad está demostrando tener un comportamiento estable y que se mantiene a pesar de los cambios de gobierno, lo que permite inferir hacia dónde habría que apuntar para trabajar en las estrategias de atención de la salud y la prevención", indicó Bosque.

 

Nacionalizar el registro

 

Además de señalar la importancia de que el registro se nacionalice en el país, consideró que deberían designarse hospitales como centros de atención del trauma según el nivel de prioridad y reforzar la asistencia prehospitalaria con los servicios de emergencia. "Por el tamaño y la densidad poblacional de la Argentina, hay áreas que están totalmente desprotegidas, especialmente en el norte -dijo Foianini-. Hay trayectos prolongados de rutas sin soporte ni socorro, y esto lo vi aun en rutas nacionales".


"Hay un interés global en el manejo del trauma -explicó el especialista-. El trauma ocurre en cualquier momento y cuando menos se espera. Lo peor es que es absolutamente prevenible. Y una vez que ocurre hay muchos errores que pueden afectar la recuperación. No cualquier hospital puede manejar el trauma".


Tener estadísticas del trauma de calidad y confiables es clave para Vicente Gutiérrez, secretario del Consejo de Administración de la Fundación Trauma y expresidente de la Academia Nacional de Medicina.


"El registro no solo describe la atención que reciben los enfermos, sino también qué pasó después y cuántos quedaron con secuelas -explicó-. En trauma, la suerte del paciente depende del lugar en el que recibirá atención: los casos leves se pueden derivar a cualquier centro, pero aquellos más graves necesitan un lugar que cuente con un tomógrafo, terapia intensiva y una guardia quirúrgica entrenada".


Lo ideal, según indicó, sería que cada provincia tenga un hospital especializado de referencia. "Esto organizaría mejor los recursos de traslados, equipamiento y profesionales formados", dijo Gutiérrez.

 

Fuente: La Nación
 

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