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El yoga no es sólo una disciplina física limitada a realizar ciertas posturas o ejercicios respiratorios. Tras la palabra yoga se encuentra una milenaria filosofía que hasta nuestros días demuestra su vigencia. En la Bhagavad-gita, a veces llamada la “Biblia” del hinduismo, se encuentran capítulos enteros y múltiples referencias al yoga, pero sería con posterioridad, con el texto clásico los Yoga sutras de Patanjali, cuando quedaría sintetizada la filosofía del yoga.


Hace casi tres mil años Sri Patanjali regaló a los practicantes de yoga el Ashtanga Yoga (El yoga de los ocho estadios o miembros) también llamado Raja yoga. Los objetivos son el control de las alteraciones mentales, la reducción de los sufrimientos, el desarrollo de la espiritualidad y la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo.


Patanjali fue un gran maestro y fundador del yoga. Está reconocido en la tradición hindú como una encarnación de Ananta-shesha (la serpiente celestial) sobre la cual descansa el Señor Vishnu, el conservador del mundo. Se dice que vivió en el siglo V antes de Cristo; un ser encarnado para ayudar a la humanidad. Surgido por voluntad propia, está considerado un ser inmortal. Patanjali nació de una gran yoguini llamada Gonika, que había consagrado su vida a actividades espirituales. Cayó en forma de serpiente en el hueco de sus manos mientras ella estaba ofreciendo al sol una oblación de agua. De ahí que se le llamara Patanjali (de pata, que significa “serpiente” o “caído” y anjali, que significa “manos unidas en oración”). Se le representa en la forma de la deidad con torso de hombre y la cola enroscada de una serpiente. Patanjali se adaptó al nivel humano, experimentándolo y venciendo las penas y alegrías de la existencia humana, cuyo resultado es su tratado sobre el yoga, los Yoga sutras. En estos aforismos explica claramente y sin reservas los caminos para superar las aflicciones del cuerpo, las fluctuaciones y vacilaciones de la mente para que así se pueda gozar de la felicidad pura. Incluso después de tantos siglos, sus inmortales palabras resultan tan atractivas como absorbentes y frescas.
 

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