Salta, una de las provincias turísticas por excelencia de nuestro territorio, hoy nos presenta dos atractivos muy diferentes: uno cultural en la ciudad capital, y uno natural a pocos kilómetros de ella.
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Orgullosos de sus tradiciones, costumbres e historia, los salteños le cuentan al país entero que su héroe, Martín Miguel de Güemes, está vivo en sus corazones, y por eso lo honran con un hermoso festejo cada mes de Junio.
Los paisajes cambiantes de Salta nos brindan tantas posibilidades de paseos que a veces nos ponen en un aprieto, ya que no sabemos hacia qué lado arrancar, sobre todo si el viaje no es de muchos días.
La buena noticia es que la oportunidad de volver siempre estará presente, y no tiene nada de malo repetir un destino, sobre todo cuando nos quedamos con las ganas de conocer algún rincón que por una cuestión de tiempo no alcanzamos a visitar.
Ya casi todos saben que Salta nos ofrece el Tren a la Nubes, los Valles Calchaquíes y los Viñedos de Cafayate, pero hoy les contamos de este paseo que no siempre está en mente del turista, pero que bien vale la pena.
La Quebrada de las Conchas es un escenario diferente, con un paisaje que asombra y que deleita a los que disfrutan de la fotografía. Es el camino a recorrer si viajamos de Salta capital a Cafayate, y siempre fue un atractivo panorámico, un paseo escénico que disfrutábamos mientras viajábamos hacia el destino final.
En la actualidad, gracias a las empresas que ofrecen excursiones de día completo a la quebrada, podemos conocer a fondo este particular paisaje.
Si estamos planeando nuestro viaje para los próximos meses, es bueno saber que el 17 de Junio (como cada año) los Gauchos de Güemes y todo el pueblo salteño rinden homenaje a su héroe, en una gran fiesta llena de color, música y destrezas, expresando uno de los actos culturales más tradicionales de Argentina.

 

Planeta rojo
No se trata de Marte, sino de un paisaje totalmente terrestre. Así como en Argentina tenemos el Valle de la Luna (en realidad hay más de uno en diferentes provincias), en el paisaje de la Quebrada de las Conchas nos sentiremos como en otro planeta.
Las numerosas y curiosas figuras rojizas de la quebrada no requieren de un viaje extra del visitante para disfrutarlas, ya que lo acompañan como en una exposición a lo largo de unos 50 kilómetros junto a la ruta desde o hacia Cafayate.
De sur a norte, la ruta 68, que conecta esta ciudad con la capital provincial, parte de Cafayate hacia el oeste como una recta impecable que atraviesa el verde cinturón de los viñedos que generan su famoso vino torrontés.
Después de unos letreros que indican las distancias hasta Salta capital y una localidad con el extraño nombre de Alemania, en pocos minutos se llega a un paisaje opaco, con arbustos bajos y al frente sólo cerros azulados y algunas delgadas nubes posadas sobre sus crestas.
Se trata del Valle de Guachiras, donde la soledad de la siesta -si el viaje es después del mediodía- sólo es alterada por algunos burros que cruzan dubitativos la cinta asfáltica y rapaces que giran buscando carroña junto a la ruta. Tras pasar el puente sobre el río de las Conchas, una serie de curvas, badenes y toboganes obligan a aminorar la velocidad, pero el principal motivo para circular lentamente es poder admirar las extrañas formas de las rojas rocas arenosas a ambos lados, porque allí comienza la Quebrada de las Conchas, o también conocida como Quebrada de Cafayate.
Los carteles en la banquina indican sus nombres -algunos obvios y otros rebuscados-, como El Sapo, El Fraile, La Yesera o El Obelisco. Hay que avanzar a paso de hombre y detenerse continuamente a observar también una infinidad de figuras anónimas, pero cuya morfología es tan curiosa y atractiva como las que fueron bautizadas.
En un badén, el cauce seco de un río tienta a salir de la ruta hacia la derecha y remontarlo por la arena blanda, hasta donde el asfalto desaparece a las espaldas. Allí el visitante se encuentra rodeado de incontables figuras que conforman un paisaje que recuerda a "Planeta Rojo" -la película ambientada en Marte-, aunque ahí ese color se alterna con amarillos, violetas, blancos y azules, en variada gama, en contraste con el cielo azul y algunas rápidas y blancas nubes.
Otra tentación es trepar esas rocas hasta donde se pueda, al menos hasta la famosa Ventana Grande, y desde su marco contemplar el panorama a ambos lados; una vista superior a la del mirador de Tres Cruces -a pocos kilómetros-, destinado a quienes nunca abandonan el camino.
Más adelante, la Quebrada se estrecha, sus paredones son más altos y pronto aparece la Garganta del Diablo: un embudo de decenas de metros, semejante a una faringe gigante, con estratos que forman escalones en los que todos se sienten montañistas.
Dos kilómetros más adelante, también erosionado por el agua de cataratas que existieron hace millones de años, cuando el mar comenzó a retirarse del valle, está El Anfiteatro. Se trata de un inmenso patio interno descubierto, con paredes de un centenar de metros de altura, al que se entra por una estrecha abertura y que tiene una acústica increíble que le dio el nombre.

Al caer la noche, la temperatura baja repentinamente como en todo lugar seco y de altura, pero no es aconsejable irse, sino sólo abrigarse, para retornar lentamente y disfrutar por segunda vez del paisaje, esta vez de sombras bajo la luz de la Luna. Para quienes realicen un paseo nocturno un lugar recomendable son Los Médanos o Dunas, pequeños arenales blancos con composición de mica calcárea, ideales para ser recorridos bajo la claridad lunar.


La expresión del pueblo
Cada 17 de junio, la ciudad de Salta se viste de fiesta para rendir homenaje a sus ciudadanos más ilustres. Estos son, nada más ni nada menos, los gauchos de Güemes y la memoria de su querido comandante, Martín Miguel de Güemes.
Este, un verdadero héroe de la Patria, nació un 8 de febrero de 1785 y su decisión de mantener la independencia nacional cuando tambaleaba fue tan fuerte, que es gracias a él y los suyos que hoy flamea nuestra bandera nacional.
La noche anterior al desfile comienza una vigilia con fogoneros justo donde hoy se halla un gran monumento en su nombre.
Allí, al pie del cerro San Bernardo, los seguidores del líder se dan cita bajo el frío de la noche salteña para comenzar con el ritual que año a año congrega a más seguidores de todo el país.
Allí se encienden los fogones y se espera ansioso el amanecer para seguir en las calles y frente al escenario principal con las distintas manifestaciones de apoyo.
El espíritu de sus seguidores se muestra en los festejos, donde abundan los trajes rojinegros y donde cada hombre, mujer y niño siente verdaderamente propio el acto de homenaje.
El punto culminante del desfile es pasar frente al Palco Central, donde las distintas autoridades nacionales y provinciales esperan el saludo patriótico de cada uno quienes desfilan portando la indumentaria y sus armas de acuerdo con la formación y fuerza a la que pertenece.
Aunque los hay de todo el país, la mayoría de los gauchos provienen del norte argentino y en especial de los rincones de la provincia de Salta.
La Virgen del Milagro, llevada sobre un carro especial, es admirada por todos los presentes durante el desfile, al que también se suman las distintas escuelas y jardines de la zona, como así también las asociaciones civiles y las representaciones de diferentes colectividades.
Todos los salteños celebran su fiesta, y nos invitan a nosotros a ser parte de ella. Digo que nos invitan porque realmente lo hacen, y no nos dejan solo como espectadores, sino que nos intentan contagiar ese amor por los Gauchos de Güemes y su gran líder.
Desde hace años proponen que la fecha sea Feriado Nacional, lo que no estaría nada mal ya que merece el reconocimiento de todo el país, aunque con el nuevo calendario de feriados es difícil que así sea.
De todas formas, feriado o no, viajar a Salta nos invita a un recorrido natural y cultural. Nos traslada al pasado, a celebrar con el pueblo las hazañas de los Gauchos de Güemes, y nos lleva a disfrutar de los increíbles paisajes de una quebrada de características únicas. Salta sigue siendo el destino de las mil opciones, y nosotros, encantados, haremos lo posible por recorrerlos todos. 

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