Se trata de un importante hallazgo para desarrollar fármacos que puedan suministrarse en combinación con antibióticos.
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Un equipo de investigadores del CONICET descubrió que distintas especies de bacterias resistentes utilizan un mismo modus operandi para degradar antibióticos de última generación. Por tal motivo, esperan que este hallazgo permita el desarrollo de fármacos que puedan suministrarse en combinación con antibióticos.

 

La Organización Mundial de la Salud –OMS- prendió la alarma. Para 2050, se prevé que la mayor causa de muerte a nivel mundial sean las bacterias multirresistentes: microorganismos capaces de degradar a distintos tipos de antibióticos, con diversos blancos de acción.

 

Un equipo del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR-CONICET), dirigido por el doctor Alejandro Vila, se hizo eco de este desafío contrarreloj y se propuso estudiar los mecanismos de resistencia a los carbapenemes, la clase de antibióticos que actualmente se usa como último recurso para el tratamiento de infecciones causadas por superbacterias.

 

Los investigadores se valieron de una combinación de técnicas de biotecnología, bioquímica, química computacional y biofísica para observar cómo es la reacción química que se produce cuando el antibiótico se enfrenta con la proteína metalo-beta-lactamasas (MBL) y es procesado por ella.

 

“Lo que identificamos es un punto intermedio, en el interior de la proteína, entre que el antibiótico está en su forma intacta y pasa a estar en su forma destruida”, precisó la doctora Leticia Llarrull, co-directora del equipo de investigación.

 

“Con este hallazgo creemos que, si un paciente se infecta con una bacteria que contiene estas enzimas, no se necesitaría determinar a priori con cuáles de ellas cuenta: una única combinación de antibiótico inhibidor podría tratar a todas”, explicó.

 

Según Llarrull, reducir los riesgos por las superbacterias no solo depende de la investigación y de la industria farmacéutica. La revisión de las prácticas de sanidad en los hospitales, el desarrollo y empleo de técnicas rápidas de identificación de bacterias y del tipo de resistencia, y la prescripción correcta de tratamientos con antibióticos, así como la toma del antibiótico completando el tiempo indicado (aun cuando los síntomas hayan desaparecido), son factores clave para evitar la proliferación de resistencias.

 

“Es necesario buscar métodos de diagnóstico más eficaces para detectar rápidamente con qué bacteria se está enfrentando cada paciente”, sostuvo y aseveró que, cuando no se realiza un antibiograma antes de suministrar un antibiótico y se indica un antibiótico de amplio espectro para una infección que se puede tratar con compuestos más antiguos, como la penicilina, se corre el riesgo de que otras bacterias puedan adquirir resistencia a la droga más potente, que debería reservarse como último recurso.

 

La experta resaltó la importancia de fomentar inversiones en este tipo de investigaciones porque es una problemática grave que compromete el futuro y requiere de prontas respuestas. En este caso, nuevos fármacos más especializados.

 

El equipo se completa con la Dra. María Natalia Lisa, la Lic. Antonela Palacios, Mariano González, Diego Moreno (Instituto de Química de Rosario, IQUIR), en colaboración con científicos de Estados Unidos y Reino Unido.

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