El gobierno del PRO, heredero de la tradición conservadora, avanza en su objetivo de debilitar a la clase trabajadora.
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A lo largo de apenas 20 días el nuevo gobierno ejecutó con velocidad y virulencia decisiones que van desde la política económica a la justicia, el rol del Estado, la política exterior y el destino de los recursos públicos. El país atraviesa, por cierto, un proceso de cambios que lo ha conmovido al punto de tener que preguntarnos si existieron antecedentes similares.


Los espejismos del macrismo
El golpe de Estado de septiembre de 1955 produjo un viraje de 180 grados. ‘La fusiladora‘ justificó el cambio de rumbo diagnosticando la peor crisis de la historia argentina (peor incluso que las de los años 1870, la financiera de 1890/91 y la de los años ’30), al tiempo que condenó la política peronista de redistribución de ingresos.


Embarcada en refundar la Argentina, convocó a Raúl Prebisch, exfuncionario durante la Década Infame (1930-1940), para diseñar un nuevo sistema de acumulación de capital y distribución de ingresos. Las primeras medidas fueron devaluación de la moneda (aunque con aplicación de retenciones), liquidación del IAPI (que regulaba las rentas del comercio exterior), reducción del gasto público, eliminación de los controles de precios, apertura de la economía a los bienes extranjeros, alineamiento con el FMI para obtener financiamiento externo y abandono de la política regional para desplegar un nuevo tutelaje estadounidense.


Dos décadas después, en marzo de 1976, el último Golpe de Estado cívico-militar, abandonó el modelo de sustitución de importaciones basado en un mercado interno que dinamizaba la producción local para reemplazarlo por el esquema neoliberal que priorizó el desplome de los salarios.


También entonces se denunciaba una crisis sin precedentes que debía ser resuelta de manera inmediata, y así lo sintetizó Martínez de Hoz: ‘Se abre, señores, un nuevo capítulo en la historia económica argentina. Hemos dado vuelta una hoja del intervencionismo estatizante y agobiante de la actividad económica para dar paso a la liberación de las fuerzas productivas‘ (Discurso inaugural, 2/4/1976).
Por: Leandro Bona

 

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