La obsesión de la derecha argentina de liberalizar todo no tiene en cuenta que el contexto internacional está a la baja.
Tamaño letra:

El nuevo paquete de políticas económicas del flamante gobierno sigue al pie de la letra las recetas liberales que promueven los organismos internacionales. Las repercusiones de la devaluación del tipo de cambio dispuesta por el ministro de economía Adolfo Prat-Gay en la última semana dejaron en un segundo plano otro conjunto de medidas con fuertes impactos en la industria argentina.


En particular, la apertura de las importaciones que representa una profunda amenaza para sectores antes protegidos por el modelo económico vigente hasta la asunción de Macri. La apertura fue agravada con el aumento de las tasas de interés.


La estructura económica argentina se caracteriza por presentar dos grandes sectores con productividades notoriamente diferentes. Por un lado, el sector agropecuario cuyas condiciones naturales de fertilidad provistas por la Pampa húmeda le otorgan una alta productividad y la convierten en un sector competitivo en términos internacionales. Por otro, se encuentra la industria argentina que no posee esas condiciones extraordinarias del agro pampeano y compite a escala mundial con productos provenientes de países con una vasta historia industrial, como los países centrales, o con países de salarios bajos como China o los antes llamados tigres asiáticos.


Esta situación, como lo desarrolló Marcelo Diamand en su célebre artículo ‘La estructura productiva desequilibrada argentina y el tipo de cambio‘ de 1972, no significa que la industria no sea viable en la Argentina, sino que requiere condiciones diferenciales respecto de las del sector agropecuario que las posee naturalmente. Una de las herramientas para equilibrar las diferentes productividades es a través de tipos de cambio diferenciales. El prestigioso economista Aldo Ferrer no se cansa de explicar que el tipo de cambio que permite competir a la industria genera una transferencia de riqueza gigantesca al agro. Y de manera inversa: un tipo de cambio que otorga competitividad media al agro no es suficiente para sostener la industria.


Ante la imposibilidad de fijar distintos tipos de cambio de manera directa en una economía moderna, la disyuntiva de los países con estructuras productivas desequilibradas se resuelve con retenciones y aranceles. Retenciones para el agro, que de esa manera se enfrentaría a un tipo de cambio más bajo pero igualmente competitivo para el sector, y aranceles a las importaciones para proteger la producción industrial local. Estos instrumentos de política económica son utilizados por la mayoría de países en el mundo, aun en los países que abogan por el libre e irrestricto mercado.


El flamante gobierno del ingeniero Macri no sólo eliminó (o redujo en el caso de la soja) las retenciones a los productos agropecuarios, sino que anunció la apertura de las importaciones. El ministro de Desarrollo Productivo, Francisco Cabrera, adelantó que ‘a fin de año acabarán‘ las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI). ‘Vamos a ir hacia un Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones, que básicamente es ir a un mecanismo simple de licencias automáticas y no automáticas‘, dijo el funcionario y precisó que, ‘de las 19 mil posiciones arancelarias que tiene la Argentina, salvo 1000, hay 18 mil que son productos de insumos que se deben ingresar automáticamente‘.


Esta situación pone en riesgo a la industria nacional. El ingreso irrestricto de 18 mil posiciones arancelarias beneficia a los grandes centros mundiales en un momento de abundancia de productos manufacturados por la crisis mundial. ‘Esta obsesión de la derecha argentina de liberalizar todo no tiene en cuenta que el contexto internacional está a la baja. Cuando las mercaderías manufacturadas abundan en el mundo porque no tienen mercado, que se abra un mercado como el nuestro, que estuvo protegido durante mucho tiempo, es un regalo de Navidad importantísimo para los grandes centros mundiales‘, ironizó el secretario de la Asociación PyMe Daniel Moreira.


Sectores como la industria textil, la industria del calzado, del juguete, de muebles, en los que abundan las pymes, generadoras del 75% del empleo del país, requieren de protección. Sin ella, el camino es el cierre de fábricas y masivos despidos. El nuevo equipo económico de ex gerentes de la banca internacional no parece priorizar el entramado industrial local que tanto costó recuperar después de los fatídicos años de neoliberalismo. Más bien, todo lo contrario. Las medidas anunciadas hasta el momento son el inicio de un derrotero ya conocido por los argentinos y que tanto mal le ha hecho al país.

 

Por: María José Castells
Para INFONEWS.COM

Comentarios

Video del día

Noticias Relacionadas