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Recesión y desempleo desde hace casi ocho años, en muchos casos equivale a una crisis en el sistema político. España no fue la excepción, y esa crisis se traduce en una erosión de la base de apoyo de los partidos tradicionales, el bipartidismo español tantas veces estudiado, ese que perduraba desde la Transición democrática de 1977 y que el domingo dejó de existir como tal. Fue un proceso lento y silencioso, aunque persistente.

 

Se trató de un debilitamiento paulatino de los lazos tradicionales entre representantes y representados, de un desprestigio de las viejas estructuras partidarias producto de los recortes, el desempleo y la ausencia de un panorama cierto de repunte económico. Ni el PP, ni el PSOE escapan al diagnóstico, por eso son los grandes perdedores de estas elecciones.


Al igual que en la física, en la política el vacío debe llenarse. En el caso de la democracia española fue con terceras fuerzas: Podemos y Ciudadanos. Pero también con fuerzas de carácter disruptivo y centrífugo.

 

Por: Juan Von Zeschau
Para: INFONEWS.COM

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