Por Marcial Biageti. 
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Una vez más el devenir político argentino termina de dinamitar los pronósticos de normalidad. Todo lo que era de una manera promediando el verano dejó de ser, terminado el otoño. Por esta razón se augura un invierno largo, intenso, en el que ni siquiera la inminencia del Mundial de Fútbol logra impregnar con sus expectativas.


 La tendencia declinante del quehacer político es un fenómeno global. Trump, Macron surgen en paralelo a sus estructuras, Italia toma la bajada con su economía y la política cruje alumbrando liderazgos efímeros y desconocidos. A Rajoy lo mandan a la casa y se encarama como Primer Ministro Pedro Sánchez al frente de un PSOE que no supera el veinte por ciento de las adhesiones.


El cambio viene de la mano del fracaso y el debilitamiento de las estructuras tradicionales. Así vemos que en el país, en una provincia o en un municipio hay una docena de candidatos, que es muy parecido a no tener candidatos. Cuando las cosas se ponen en este punto, el tiro puede salir para cualquier lado, siendo el ‘lado bueno‘ uno solo. Es decir es muy probable que las cosas no se encaminen por el lado correcto.


 Vayamos a lo concreto observando cómo se manifiesta este estado de cosas en Río Negro.


Aparece como una excepción Martín Soria que sustenta su candidatura en la ciudad que gobierna con un padrón electoral que puede respaldarlo con unos veinte mil votos de diferencia en su favor. Pero Soria debe estar atento a Buenos Aires adonde mensualmente llegan los informes de Oscar Parrilli que evalúa Cristina Fernández. Precisamente termina de incorporarse a ese espacio Silvina García Larraburu que manifestó querer intentar la gobernación y también tiene detrás un padrón importante como es el de Bariloche, el más grande de la provincia.


Una tercera opción dentro del espectro peronista surge de la consolidación del Peronismo Federal y la figura de Miguel Pichetto que debiera expresarse con una opción propia en Río Negro, mucho más si se tienen en cuenta sus diferencias con el kirchnerismo y el sector de Soria. Es decir que el peronismo no puede ignorar los mensajes que llegan de Buenos Aires.


El Gobernador visualiza este panorama y enfrenta al que ve más fuerte. Soria no será Gobernador, dice. Una manera de afirmar que será quien se ocupará que esto se cumpla, será el encargado de impedir el avance del roquense. Lo hace responsable de dejar a Viedma sin asfalto, y termina manifestando su preocupación por los casos de droga en Roca.


Neutralizar al peronismo también remite a Buenos Aires porque requiere a Weretilneck y la Casa Rosada. Juntos Somos Río Negro el partido-ensayo-engendro prohijado por el gobierno de la provincia con el discurso de estar lejos de los partidos nacionales y sustentarse solo con energía rionegrina. Aunque las únicas obras significativas de la ultima década en la provincia las hizo el kirchnerismo y la gobernabilidad expresada en nombramientos, subsidios, becas y viáticos se expresan en el déficit y el endeudamiento que aprueba y financia el macrismo.


Se repiten las condiciones que alimentaron la polarización que catapultó a la reelección a Weretilneck. En esa oportunidad Weretilneck usufructuó una ‘tormenta perfecta‘ que astuta y hábilmente ayudó a construir. Pichetto en esa oportunidad representó un kirchnerismo exacerbado y en declive, cuya única barrera la representaba Weretilneck, que además le había tocado sufrir y superar el duro trance de asumir la sucesión de Carlos Soria.


Así el peronismo fue el que llevó a Weretilneck al gobierno, fue con el peronismo que abroqueló todo el electorado antiperonista y ahora se apresta a transitar el mismo camino frente a Soria.


Es ineludible involucrar a la Casa Rosada, más allá que el macrismo parece tener en Río Negro el mismo interés que este redactor tiene por ver cine mexicano. O sea nada.


Hay un tercer sector político que involucran al radicalismo y al PRO que también juega todas sus chances a lo que viene de Buenos Aires. Pero habida cuenta de lo dicho sobre el interés del PRO en Río Negro, es prácticamente un hecho que desde Buenos Aires se alentará la entente del gobierno rionegrino con Cambiemos, con las necesidades de la gobernabilidad provincial como eje aglutinante.


Lo cierto que el síntoma de una docena de candidatos expresa parte de esta realidad que no es otra que la ausencia de candidatos. Por ello las señales de Buenos Aires serán determinantes, el futuro de Río Negro se cocina en la Capital Federal. Pasaron los tiempos de liderazgos sustentados en energías e ideas que se animaban a tomar caminos diferentes, cuando no enfrentar los dictados del centro del país, de la cocina de Buenos Aires. Eran los tiempos de los Lencinas en Mendoza, los Cantoni en San Juan, los Guzmán en Jujuy, los Sapag en Neuquén, los Sabattini en Córdoba. A alguno de ellos Buenos Aires, además de intervenirlos, los puso presos y algunos, como Cantoni, les ganó las elecciones desde la cárcel.


Eran otros tiempos, y también otros dirigentes. 

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