Por Marcial Biageti. 
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La violenta transformación de la vida cotidiana abarca todos los quehaceres de la vida. La tecnología invade las relaciones humanas, desafía a la empresa y hace temblar la política. Definitivamente estamos ante una nueva relación entre gobernantes y gobernados, el poder afronta una distinta estructuración. Se rompe lo establecido, cuando no se convierte en inútil.


 Sobran muestras. La más palpable tiene que ver con la inusitada aparición de candidatos a la Gobernación de Río Negro en el 2019. Nunca en la historia política de la Provincia hubo tantos, casi una docena, en una grilla que esta conformándose, con lo que no se descarta que aparezcan algunos mas con el devenir del tiempo.


El nuevo tiempo liquidó las estructuras partidarias, por lo tanto las rutas de las candidaturas no se transitan como antes. Ahora, este objetivo se inicia desde los sujetos portadores de esa ambición. Basta con pensar que se puede y comunicarlo.


Más de doce candidatos en los tres principales partidos es un signo contundente de este tiempo distinto. Es cierto que ayuda la falta de figuras con peso específico propio, la mentada ausencia de liderazgos. Si el Gobernador Weretilneck tuviera acceso a un tercer mandato, peronistas disidentes y radicales estarían haciendo fila detrás de sus postulaciones como hace cuatro años atrás. Y los candidatos se reducirían a dos: el Gobernador y Martín Soria.


 Cabe preguntarse qué hay detrás de las postulaciones masivas, al filo de autopostulaciones efectuadas en reportajes radiales pactados y replicadas por sitios amigos.
 Como las inexistentes estructuras vegetan débiles tampoco son el camino para candidaturas alternativas. Hay que rebuscárselas a puro empujón y codazo. Como antes, dentro de los partidos, solo que ahora, y mucho más con las PASO el camino es solitario en la dura etapa de la selección de los candidatos.


 Resumiendo, más de dos tercios de los que dicen ser candidatos a Gobernador está buscando asegurar continuidades a través de bancas legislativas.


 Mantenerse activo en los cargos electivos ha devenido en una alienante tarea para quienes están inmersos en este proceso. Mucho más notorio cuando se trata de cargos con posibilidades de reelección. La tentación y necesidad de trabajar para continuidades confunde objetivos. Es mucho más evidente cuando se trata de cargos ejecutivos.


Un ejemplo a la inversa, casi en solitario es la Provincia de Mendoza que prohíbe la reelección del Gobernador y que hoy mayoritariamente ningún mendocino quiere modificar.

 Estos son los doce principales apóstoles rionegrinos que se postulan. Gustavo Gennuso, Alejandro Palmieri, Mónica Silva, Pedro Pesatti en torno a Juntos Somos Rio Negro. Martin Soria, Silvina Garcia Larraburu en el peronismo. Sergio Wisky, Sergio Iribarren, José Luis Foulkes, Lorena Matzen, Germán Jalabert, Aníbal Tortoriello de la entente Cambiemos UCR. La ex ARI Magdalena Odarda se quedó sin este sello y recaló en acuerdo con Soria, en previsible búsqueda de continuidad.


 Casi todas las demás candidaturas, con mínimas excepciones declaman ‘la transformación de la provincia que nos merecemos‘. El latiguillo encubre que desde una banca se está dispuesto a seguir poniendo el hombro a esa esquiva transformación.


 En algunos casos estamos frente a candidaturas de ocasión, una especie de fronting para dirigentes que no pueden emerger con postulaciones propias o de algún seguidor que no extrañe exhiba lazos familiares. Se lanza una candidatura y se baja en canje por una o dos bancas legislativas provinciales. En esa etapa aparecerán los o el dueño de la criatura.


 Desde siempre ‘el que no llora no mama‘. Por estos días de autopostulaciones la política rionegrina es un coro de estentóreos llantos.


Quien parece maniobrar por otros rumbos es el legislador y ex ministro Ricardo Arroyo. De pertenencia peronista accedió a ese espacio con independencia y base propia en el Valle Medio con epicentro en Lamarque. Arroyo hace hincapié en la cuestión ideológica, fijando su límite en el macrismo. Es sabido que cada paso político conlleva una especulación, pero el legislador pega en la matadura del partido del Gobierno que en el afán de sostener gobernabilidad hace seguidismo con un pragmatismo vacío que lo deja sin mediano plazo, y a la corta sin gobierno. Un síntoma lo de Arroyo, a quien más allá de un estilo díscolo es difícil acusarlo de falta de franqueza o lealtad.

 

 La disparada cambiaria y la inflación fueron materia opinable para el Gobernador. Lo del préstamo del FMI no es malo en sí mismo, salvo si hay condiciones, dijo. Weretilneck acaba de encontrarle el agujero al mate: un préstamo es bueno cuando no tiene condiciones, o si las tiene que sean a gusto del deudor.


 Ya tiene un primer dato el gobierno del nuevo escenario. Mientras acomoda por ley el espacio en la Función Publica para ATE, Juan Carlos Scalesi y UPCN los corren por izquierda reclamando abrir la discusión salarial. Milagros si los hay: correrlo por izquierda a Weretilneck está dentro de lo normal, lo raro es que ATE quede a la derecha de UPCN.


Mientras la economía no se tranquilice la política no lo hará. Las señales de calma aun no se visualizan. La sociedad toda y la dirigencia política en particular deben asumir lo delicado de la situación. El tiempo de la especulación oportunista o la soberbia irresponsable deben superarse con actitudes claras a la altura de la gravedad de la hora. Estas reflexiones resultan inocuas en un país que parece regocijarse con las crisis recurrentes.


Siempre quedará el rédito de la experiencia vivida para no repetirla, un crédito que desde hace mucho venimos desperdiciando.
 

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