Por Marcial Biageti.
Tamaño letra:

 

A nadie escapa que se vive una época de cambios como nunca antes experimentó la humanidad. El fenómeno global abarca a todos los quehaceres. La tecnología se ha erigido en protagonista principal de esta era alucinante en la que internet y las máquinas rompen con todo lo conocido. Las relaciones humanas sienten el colapso, y entre asombro y miedos se enfrenta el advenimiento de un nuevo orden donde nada de lo establecido hasta acá podrá sostenerse.


 Tan tangible como la tecnología es el rol de la mujer en la sociedad que en las últimas dos décadas, por ponerle un término temporal, ha logrado un espacio que desde los albores de la civilización no había podido cristalizar. La barrera del verdadero y definitivo cambio que es el cultural, marca que se está en los inicios de un camino arduo que lleva siglos, pero que sin dudas tiene avances contundentes.


 La política termina siendo tan conservadora como el poder con el que convive, es por eso que tardíamente ha recogido el advenimiento de la mujer. Pero lo ha hecho de manera fulgurante desde fines del siglo pasado en el que los nombres de Golda Meir, Margaret Thatcher y la todavía vigente Angela Merkel han dejado una huella tan indeleble como permanente. Abrieron un camino que hoy perfila una nueva sociedad, con la igualdad de género como estandarte al punto que lo que ayer era una rareza hoy es una realidad. Y desde el marketing político se ha transformado en una necesidad. Una fórmula exitosa requiere mujeres a la cabeza de las propuestas electorales, los gobernados se refugian en los regazos maternos ante la desconfianza en el mismo sistema. De esta manera la mujer aporta oxigeno al sistema, y va más allá porque en el ejercicio del poder da por tierra con todos aquellos atavismos y prejuicios que construyeron un mundo desigual e injusto administrado por los hombres.


 María Eugenia Vidal gobierna una provincia de diecisiete millones de habitantes, o sea con más gobernados que una veintena de países en el mundo. El Municipio de La Matanza precisamente en la misma Buenos Aires con casi dos millones es presidido por Verónica Magario que en plena debacle del Frente para la Victoria encabezó la lista de legisladores para plebiscitar su gestión y superó el cincuenta por ciento de los votos. Este conflictivo distrito del conurbano equivale veinte y cinco veces Viedma o diez Bariloche, lo que da una idea de lo que estamos hablando.


 Sin hacer valoraciones ni personales o políticas ambas dirigentes no superan los cincuenta años de edad y junto a un centenar de mujeres políticas como ellas, vice presidentas, ex presidenta, intendentes, concejales y legisladoras, se aprestan a protagonizar por mucho tiempo esta nueva etapa del país en un pié de igualdad con los varones.


 La provincia de Río Negro venía demorada en cuanto a la presencia de mujeres con peso político propio. Se trata de un camino intrincado el alcanzar ese sitial aun para los varones, de allí que, con algunas meritorias excepciones en el pasado próximo, no se vislumbraba ninguna dirigente mujer a tono con el signo de la época. De no haber ninguna han aparecido, por ahora, tres en condiciones de ocupar ese espacio y decir presente en esta geografía. Ella son María Emilia Soria, Mónica Silva y Silvina García Larraburu.


 La primera de ellas transcurre su segundo mandato como diputada nacional. Sus primeros pasos tienen que ver con los avatares que sucedieron a la muerte de su padre Carlos Soria y siendo una desconocida se encontró con una banca nacional en la que no desentonó para nada. Al contrario, mostró entereza, personalidad y don de la oportunidad. Y algo muy valioso en el marco político y familiar que la genera: supo manejar las formas y moderar agresividades que le abren una puerta hacia adelante. En cuanto a la oportunidad, casi sin necesidad de hacer campaña, se ubica dúctilmente kirchnerizada sobre la grieta en la que los errores del macrismo en relación a Río Negro completan la tarea en lugar de ella. Total, encabezó la boleta triunfadora en dos turnos electorales. Ya lo hemos dicho en esta columna, el potencial de María Emilia Soria en Río Negro hacia el 2019 no debería descartarse. Es cierto que es una realidad la instalación de Martín Soria y lo avanzado de ese proceso interno del Frente Para la Victoria, pero esta columna refiere a la evidente existencia de una mujer con posibilidades reales en ese espacio cuyas características como candidata irían incluso más lejos y con menos flancos que la del Intendente de Roca.


 Mónica Silva no cuenta con el gran conocimiento e inserción más allá de los ámbitos de su especialidad y cargo, como es el Ministerio de Educación. Todo indica que su principal mérito es también su debilidad. Nos referimos a su condición de Ministro de Educación, en un gobierno con un Gobernador que no se ha caracterizado por empoderar a sus colaboradores, centralizando exageradamente la gestión. Precisamente Silva ha roto con ese cepo por su trabajo, haciéndose esencial en su área y al parecer ganándose el respeto de los gremialistas docentes lo que tiene visos de sacrificada hazaña. No le será sencillo el paso que intenta porque deberá superar por su origen y estructura la condición de ministro de Weretilneck, todo un techo para el objetivo máximo. A su favor, el trabajo sigue siendo un plus revolucionario, mucho más en un equipo de gobierno que parece no sentirlo de este modo.


 Silvina García Larraburu tiene energía y experiencia propia que de menor a mayor la ha venido almacenando en concejalías, Legislatura provincial, diputada nacional y ahora senadora de la Nación. Su gestión es a imagen y semejanza de su ciudad originaria, Bariloche, que por su potencial electoral siempre la catapultó a los primeros planos. Desde lo ideológico está en condiciones de sumar desde los dos extremos del peronismo: del centro federal que pregona Miguel Pichetto al kirchnerismo de Unidad Ciudadana que en Río Negro interpreta Martín Soria. Termina de exteriorizar sus pretensiones de encabezar una fórmula a la Gobernación con el visto bueno y bendición de la ex Presidenta, paso que implicó alejarse del bloque que comanda Pichetto. Un peronismo que contenga a todos con una visión moderna de Río Negro sintetiza que será su mensaje mientras programa sus primeros movimientos en la capital Viedma.


 Río Negro no se ha caracterizado por los espacios de la mujer, pero esta etapa aparece como inminente e irreversible acorde con los tiempos que corren. Resta comprobar si éstas, u otras protagonistas, estarán a la altura de la época que transcurre.

Comentarios

Video del día

Noticias Relacionadas