Por Marcial Biageti.
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La provincia de Río Negro se apresta a renovar sus autoridades en el segundo semestre del año entrante. Escasos dieciocho meses de las elecciones, con lo que las candidaturas deberán visualizarse una vez finalizada la concentración mediática y de atención popular que significa el Mundial de Fútbol de Rusia.


 En esta etapa del proceso, nada de lo que se ve es lo que será. Todos los protagonistas juegan sus cartas con más misterio que verdad, con posicionamientos que ocultan los verdaderos objetivos. Solo hay una excepción, una postura distinta, frontal y directa, a todo o nada: la del Intendente de Roca Martín Soria que desde un tiempo atrás dijo ‘seré candidato‘ y desde allí no ha parado de denostar al gobierno actual, del cual fue socio principal. Esto le ha dado la fortaleza de su soledad y convicción, hasta ahora desalentado a rivales internos. No ha buscado aliados porque cree, desde una posición superior, no necesitarlos. Transpola su experiencia y gestión municipal a la provincia, replica conductas, dichos y gestos de su padre Carlos Soria y da a entender que el proceso electoral y el triunfo serán solo un trámite.


 Soria cuenta con un marco nacional por ahora favorable como lo muestran las dificultades del macrismo en acertar con sus políticas económicas y sociales. Mucho más en Río Negro, lo que ha significado que el Frente Para la Victoria triunfara holgadamente en los tres últimos turnos electorales, dos veces con el apellido Soria encabezando las listas.


 Como ya hemos escrito otras veces en esta columna, la fortaleza de Martín Soria conlleva una debilidad: encabeza una marcha arremetedora pero solitaria. Su propio partido, gran parte del peronismo es más observador que protagonista, adhiere pero no desde la convicción, lo hace un tanto más desde la natural coincidencia y de una pragmática conveniencia. Es más, mucho peronismo conspira subrepticiamente para que Soria no logre su objetivo. Sólo así se explica la ausencia total de acciones opositoras a Weretilneck, la carencia de al menos una terna de legisladores que pongan en evidencia no solo las falencias del oficialismo, sino las notorias irregularidades en la gestión de gobierno. Como muestra, esta semana se conoció una denuncia al Gobernador por el manejo de los fondos del Plan Castello que seguramente el oficialismo neutralizará pasando la responsabilidad a las demoras de los Municipios en hacer llegar la documentación y los requerimientos. A ello, el gobierno sumará un Poder Judicial que a esta altura está modelado a imagen y semejanza de los intereses de Weretilneck. Es que ser oposición requiere un grado de involucramiento superior al ejercicio del mismo gobierno, sobre todo por la falta de medios y acceso a la génesis de los hechos que se quieren investigar. Es una tarea de todos los días, una lucha en todos los ámbitos y espacios, una marcación diaria al Poder Ejecutivo con mayor capacidad y persistencia que el mismo gobierno. Todo esto requiere eficiencia, continuidad y conducción, elementos que ni por asomo ha mostrado el peronismo en la oposición. De esta manera está al alcance de la manipulación del gobierno, flanco en el que Weretilneck ha sido por demás eficiente.


 Entonces cabe preguntarse por qué se visualiza a Soria como dominando el escenario. La respuesta está en la baja calidad de la gestión del gobierno, en el marco de hastío que acompaña a quien ejerce el poder y a la demorada respuesta a las expectativas generadas por el macrismo que golpean al arco no peronista en que se ubica la administración Weretilneck. Se suma la imposibilidad a reelegir que enfrenta la figura excluyente del gobernador.


 Se ha puesto de moda en las salidas de los jóvenes los viernes y los sábados que previenen los regresos en auto con un conductor designado que se encargue del manejo y que además recibe algún premio o promoción por sacrificarse con gaseosas o agua en su vaso. El local habilitado para el programa le coloca una pulsera al designado, que debe probar estar sobrio para su tarea.


 Si Weretilneck no logra imponer su candidatura como lo promocionó su ex ministro Galli esta semana, va a tener que designar un conductor y colocarle la pulsera entre agosto y septiembre próximos. Entre la Casa Rosada y la Casa de Gobierno de Río Negro hay que diseñar la estrategia y ordenar la fila del arco no peronista de la provincia. Si prevalecen los sabaneros, que son aquellos que tienen como principal objetivo bancas legislativas en las sábanas renunciando el objetivo de conseguir el gobierno, ya poco importará quien sea el Gobernador, variante que conduce directamente a Martín Soria.


 Villa Regina será una muestra de este panorama, y de lo cambiante del momento actual de la política. Hace un mes nadie discutía el triunfo de Carlos Vazzana con una ventaja para el Frente para la Victoria que todos fijaban en al menos doce puntos. Lejos Cambiemos y Juntos Somos Río Negro, en ese orden. Vazzana tuvo un serio inconveniente de salud, quitó presencias a su campaña, no participó del único debate radial con el resto de los candidatos, acometió la campaña rodeado de sus hijos y monitoreada por Soria, con un segundo plano para la estructura partidaria. Cambiemos con Carlos Rodríguez sintonizó con el gobierno nacional y Weretilneck sostuvo a su candidata con su estilo, promesas y chequeras activas en entidades intermedias. Conclusión, todo se emparejó y nadie puede asegurar nada, salvo la paridad misma.


 Regina será importante porque la foto será determinante para el arco no peronista. Y tal como se dieron las cosas, ya es un llamado de atención para Martín Soria, aunque triunfe Vazzana. Si bien no estamos ante sumas matemáticas, un electorado dividido en tres, con dos partes en condiciones de sumarse naturalmente por su condición de antiperonistas marcaran el rumbo hacia los movimientos del año que viene.


 Río Negro se suma a la crisis. INVAP en el Oeste Andino paga en dos partes, ALPAT en el Golfo de San Matías busca diputados nacionales para que ayuden su crisis salarial, la fruticultura en quiebra es esquivada por todos los funcionarios, provinciales y nacionales. El pasivo provincial se engrosa por la toma de deuda para pagar intereses, el estado provincial hace malabares, y otras cosas, ante cada pago de salarios.


 Hace falta, además de un conductor designado, uno valiente e iluminado.

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