Por Marcial Biageti.
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Desde hace un tiempo se advierte la falta de profesionalidad del gobierno de Río Negro en el manejo de las cuentas públicas. Es un secreto a voces la malversación continua a la que ha recurrido para cumplimentar las promesas salariales y especialmente el crecimiento indiscriminado de la planta de empleados públicos. Una ruta peligrosa que involucra a una cadena de funcionarios, siendo dos de las más flagrantes los fondos nacionales destinados a viviendas que se succionan al IPPV y los aportes patronales que no se le depositan al IPROSS. No hay estimaciones o nadie se anima a darlas, pero hay coincidencia que en conjunto superan los dos mil millones de pesos, que sería la mitad de la deuda flotante que acompaña al déficit del presupuesto que entra en su tercer año de existencia.


 Para ponerse a tono con la decisión nacional de endeudarse para infraestructura apuntada al crecimiento, Río Negro aprobó por ley seiscientos millones de dólares en un crédito internacional al que el gobierno nacional dio luz verde por la mitad de esa cifra. El dinero llegó a las Tesorería de la Provincia sobre el fin del año que pasó y los dólares fueron transformados en títulos financieros nacionales, mientras se afinaban los acuerdos políticos por el listado de obras y prioridades al mismo tiempo que se aceleraban los trámites licitatorios.


 Por estos días hay problemas en los dos frentes. El rebrote inflacionario impactó en la cotización del dólar que trepó a medio punto por encima de los veinte pesos, tres puntos por arriba de la cotización al contraer el empréstito. Y los montos de las licitaciones se incrementaron veinte puntos por sobre los valores de un año atrás, que fueron los utilizados para los acuerdos que posibilitaron la sanción de la ley que aprobó el Plan.


 Aquí surge un elemento más que termina de encender una alarma sobre toda la operatoria. La reconocida y pública ineficiencia del Ministerio de Obras Públicas para llevar adelante el paquete de obras con la celeridad y aptitud que requiere un listado tan diverso como complejo. Hasta el Castello la provincia careció de obras públicas significativas, y el equipo que integra el Ministerio ha dedicado más tiempo a promocionar licitaciones inviables como la del Hospital de Las Grutas, prorrogas interminables como el asfalto a Playas Doradas o visitas ministeriales a los inacabables contratos de los hospitales de Allen y Catriel que hace cuatro años soportan las recorridas de funcionarios que solo le cambian la fecha a los comunicados de jornadas anteriores.


Trescientos millones de dólares en obras requieren de un acuerdo político, más prolijidad y eficiencia en la ejecución. Para lo primero Weretilneck puso la zanahoria de la plata a Intendentes y estos arrastraron a los legisladores. Termina de hacerle Pito Catalán a todos, ya que como era de prever llevará adelante las obras que se le cante, en un acuerdo no escrito con el empresariado de la Construcción. A los intendentes termina de exigirle una serie de requisitos y condiciones que el legislador Javier Iud advirtió nada tienen que ver con la ley de aprobación del Plan, no siendo por lo tanto exigibles recaudos que se refieren a otras operatorias.


Pero el costado más espinoso está atado a los precios de las obras, que sumado a la notoria ineficiencia del Ministerio de Obras Públicas terminan de alumbrar una situación que va en camino de los tribunales. La licitación de las cloacas de Las Grutas y Cinco Saltos pusieron las luces de alerta y la clara sospecha de sobreprecios y cartelización previa del millonario paquete de obras. La fotografía de los funcionarios con el Gobernador a la cabeza en la apertura de la litación de Las Grutas va camino a ser un documento para fundamentar una denuncia. Un presupuesto oficial de 230 millones con una empresa que oferta 190 y otra 300. Río Negro es un pañuelo.

 

Traducimos: la UTE Zoppi SA y Cementos del Sur trepó a 300 ignorando si había un segundo oferente. Lo de pañuelo viene a cuento que es sabido que esta UTE (la Cipolleña Zoppi y la viedmense Cementos del Sur) contaban con el favor oficial, mucho más luego de un decreto previo de Weretilneck que otorgó a empresas como Zoppi la posibilidad de sumar la capacidad técnica de los últimos diez años, decreto que involucra a otras empresas a las que se pretende favorecer, neutralizando a las de fuera de la Provincia. Lo dicho es grave, pero lo gravísimo es que quien pasó 190 millones, con su ganancia incluida, desnuda un potencial sobreprecio en los cuarenta millones del Presupuesto Oficial. La pretensión de hacer la obra por 300 millones, 110 más que quien la ganó excede esta columna y esta sección de este Diario. Por si no se entiende, debiera estar en judiciales o policiales.


Ecosur Bahía SA, de aquilatada experiencia en el rubro que se licitó además de ganar Las Grutas lo hizo en Cinco Saltos, superando por 40 millones a Mocciola SA que, a priori, tenía los boletos de ganador.


Las cloacas del Castello amenazan con hacer transitar por los tubos de las mismas al Plan, ya que ha quedado evidenciado palmariamente un sobreprecio en las estimaciones oficiales de al menos veinte puntos por encima de los valores de mercado. Si al sobreprecio se le agrega el pacto entre empresas oferentes y el gobierno estamos en las puertas de un escándalo.


Como diría un Presidente de Colombia (Turbay Ayala) en su discurso de asunción: debiéramos reducir la corrupción a niveles razonables. En este caso rionegrino sumar sobreprecios a pactar previamente los ganadores es tarea de insaciables desde los dos lados del mostrador. Un párrafo de agradecimiento a la empresa de Bahía Blanca (Ecosur) que termina de ahorrarle a los rionegrinos unos ciento cincuenta millones de pesos, que dejamos a la imaginación del lector en bolsillo de quiénes estarían. Y se trata de solo el diez por ciento del Plan Castello, así que vayamos sacando cuentas de lo que está en juego y en ejecución.


La fiesta licitatoria seguirá su camino. Como en los penales del Mundial de Alemania, anda circulando un papelito. En el mundial decía para qué lado pateaba cada jugador argentino. En Río Negro el papelito dice para quién y por cuánto es cada obra por lo que está guardado bajo siete llaves. Aunque no olvidemos, la Provincia es un pañuelo.


Una cosa es segura, no fue bueno comenzar por las cloacas. Hay que salir rápido de allí. 

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