Por Marcial Biageti.
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Los tiempos son de reacomodamiento. Quedarse en el mismo lugar es perder el tiempo, mucho más con el nuevo régimen electoral en el que las PASO adelantan las elecciones por medio año. Esto significa que faltan veinte meses para las Presidenciales en el 2019, y que en varias provincias habrá elecciones a Gobernador antes de ese plazo.


 El Presidente Macri lo sabe y acelera, aprovechando la confusión de los opositores. Esta semana que se inicia va a Estados Unidos a explicar su momento y su triunfo, acompañado por los gobernadores de la oposición sacándole el jugo a aquello que una imagen vale más que mil palabras. No integra la comitiva el Gobernador de Río Negro, Don Alberto Weretilneck. Habrá que ver qué sucederá ante una delegación de gobernadores oficialistas, aunque tenemos la intuición que el primer mandatario rionegrino requiere de una suerte de tercera categoría, o de una calificación única para su inclusión en una cuarta columna, aún no definitivamente determinada.


Basta recordar sus solitarias presencias al lado del Presidente en España y China. Esta última seguramente inolvidable porque marca el comienzo del abrupto extravío en que entró el gobierno rionegrino que lo relegó a un enclenque tercer lugar en las PASO y a una insólito faltazo en las generales luego de bajar la lista ‘para priorizar la gestión‘. Lo cierto es que desde esos días Wertilneck se ganó un lugar en la historia para ser recordado como ‘El de la Central Nuclear‘. Jorge Luis Borges reflexionaba sobre la inutilidad del periodismo diciendo que hechos extraordinarios solo ocurren de vez en cuando, por lo que el periodismo mantiene a la audiencia con comentarios obvios y triviales, cuando no falsos. Iba más lejos y arriesgaba que la crucifixión de Cristo nadie la tuvo en cuenta, no fue noticia porque nadie la evaluó como un hecho relevante. Solo lo fue con el paso del tiempo. De este modo nadie nunca se podría imaginar que la Central Nuclear China a radicarse en territorio rionegrino, terminaría siendo una especie de Waterloo para el proyecto político liderado por Weretilneck, desnudando una serie de falencias en la administración rionegrina en los últimos años que hasta ese momento permanecían ocultas.


Ya es hora de hacerse cargo de lo que venía sucediendo, un sayo que nos incluye a todos lo que habitamos este territorio. Este gobierno es, fue y será del Partido Justicialista de Río Negro, dijo muy suelto de cuerpo el Gobernador al suceder a Carlos Soria. Tenía razón Weretilneck al afirmar la legitimidad del peronismo. Quien no lo asumió es el propio peronismo que en lugar de barajar y dar de nuevo, se refugió en lo formal disfrazado de institucional y quebró la legitimidad política a la que renunció dejando el espacio al entonces vice gobernador. No se escuchó ni un amague del otro lado, de Weretilneck, quien como aquellos que encuentran algo que no les pertenece, debió pensar en reintegrarlo a su dueño. Mal comienzo para una etapa de Río Negro que requiere dentro de un tiempo un juicio histórico sobre lo sucedido, pero que por hora sirve para que al menos se tome conocimiento de las calidades políticas y de las otras de los protagonistas.


Como en las familias en las que hay divorciados que conviven con todas las vertientes que las separaciones generan. Río Negro tiene larga experiencia en los divorcios que generan acciones paralelas. La compleja convivencia de gobiernos peronistas nacionales con administraciones radicales prohijaron estructuras paralelas, cuando no la consolidación de aquellos que le sacaron el jugo a las dos vertientes. Municipios, organizaciones empresariales, empresas, gremios, clubes supervivieron pidiendo en las dos ventanillas. En su momento la Fundación Proyecto Sur que controlaba el entonces senador Remo Costanzo cumplió este rol con eficiencia, presencia y un generoso presupuesto en los tiempos del menemismo con los Ministros de Acción Social Bauzá, Amadeo, Ortega y Figueroa.

 

El canal aceitado de llegada al gobierno nacional actuando en paralelo al gobierno provincial fue continuado desde la senaduría de Miguel Pichetto durante el kirchnerismo. Ante el equipo del senador desfilaron todos aquellos rionegrinos cuyas complejidades superaban las respuestas locales y provinciales, incluyendo al propio gobierno provincial de turno e intendentes oficialistas en Río Negro. Obras y realizaciones como la Universidad de Río Negro o las rutas 22 y 23, las crisis frutícolas o programas de viviendas siempre tuvieron el despacho del segundo piso del Senado como rotonda obligatoria.


De esa rotonda se podía ir a Planificación de Julio De Vido, a Interior de Randazzo, a Jefatura de Gabinete de Aníbal Fernández, a la AFIP de Echegaray entre los principales.
En tiempos de declinaciones de poder, con varios detenidos, es prudente recordar los esfuerzos para conseguir de alguno de los nombrados su presencia, favor o decisión, especialmente con Julio De Vido. Es bueno que la Justicia actúe, se esclarezcan los hechos, se castiguen los responsables. Pero no es bueno que los hombres de la política sobreactúen estos momentos, llegando algunos al oportunismo de colocarse en las antípodas de aquellos que han sido sus compañeros de ruta cuya cercanía en su momento podía reportarles algún beneficio. Hay que hacerse cargo.


Un policía rionegrino asaltó en Bariloche con su pistola reglamentaria. El Gobernador, recuperando su ‘modo alcalde‘ de Santander dijo ‘estamos muy avergonzados‘, sin precisar a quiénes incluye en el plural. Debiera buscar algún responsable concreto, revisar las escuelas de capacitación express que su gobierno implementó en Sierra Grande, Los Menucos y Regina y que ahora mandó a reducir, poniendo en la calle con escasa formación a casi dos mil policías.


Finalmente llegó noviembre sin los primeros ladrillos del Plan Castello. Nos enteramos de algo que se supo desde siempre, que no hay nada en Obras Públicas que se parezca a la documentación necesaria para un Plan de Obras. Para eso hay que tener como mínimo alguien responsable con el cargo de Ministro, algo que al cabo de seis años de gobierno por allí se descubre. Mil millones de pesos le faltan al IPPV por fondos atrapados por la Tesorería, pero para explicar esto, y muchas cosas más, hace falta una oposición. Para varias de ellas un Poder Judicial, o al menos un Fiscal.


Ese Gran Escultor que es el tiempo, como decía Maguerite Yourcenar, ya acomodará los melones en la carreta, será el momento en que cada uno se haga cargo.


 

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