Por Marcial Biageti. 
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En medio de un año electoral el mes de las definiciones debiera ser portador de tensiones y angustias propias de la confrontación. Nada de eso sucede en Río Negro, por el contrario, todo se desliza con llamativa calma, sin ni siquiera la incertidumbre por los resultados Nada de nada, calma chicha, con apenas atisbos de campaña que se reduce, como los famosos de la televisión, a ‘presencias‘ que registran las redes sociales. Ninguno de los candidatos plantea rumbos, ideas o proyectos propios, todos enuncian los dictados de las cabezas nacionales que representan. En Cambiemos copian los enlatados mensajes de la usina de Durán Barba, desde el peronismo kirchnerismo claman contra las tarifas y el ajuste, las huestes del gobierno provincial se han convertido en aquello que trágicamente describiera la célebre frase de Rafael Videla, en ‘una entelequia, no están, no existen‘.


 Río Negro como provincia transita días de dejar pasar, dejar correr el tiempo, que la naturaleza sea la noticia; viento, calor, lluvia como centro de las novedades. Con este panorama todo el mundo político estira sus objetivos hacia el 2019, y con este cuadro, por ahora, todos contentos y felices. Esta visión tiene una procesión oculta, la que va por dentro, la que incuba la crisis que por ahora permanece guardada bajo la alfombra de esta aparente felicidad.


 Desde el gobierno provincial hacen lo de siempre. Concentran la mirada sobre Alberto Weretilneck y ven lo que quieren ver, corporizan los deseos en imágenes y sueñan con que Alberto, quien todavía tiene buena imagen, agregan, algo va a hacer, algo se le va a ocurrir, volveremos al centro del ring. A ninguno se le pasa por la cabeza admitir que ‘este Alberto‘ no es el de principios de año. Que como los maridos a los que se le perdió la confianza, o el padre que resquebrajó la admiración de sus hijos, o el amigo que no estuvo a la altura de las circunstancias, se ha convertido en uno más que en el afán de volver al camino luego de continuados derrapes, corre el riesgo de volcar estrepitosamente.


 La decisión de bajar la lista y salirse de la puja electoral es algo más que eso. Es una confesión de impotencia, y en las cuestiones de poder no hay espacio para los sin potencia. Pero hay consecuencias más graves de esta improvisada decisión. Es defraudar a quienes legítimamente creyeron y acompañaron en agosto que hoy tienen todo el derecho de sentirse embaucados. ¡Cuál era el problema de volver a conseguir el 18% de los votos! Huir no es lo mismo que quedarse a luchar para conseguir algo más, o conservar el caudal de agosto. Hoy no tiene nada, pero ese nada conlleva algo más que una lista que no está, significa que prima una irresponsabilidad personalista que revela una claudicación inconducente hacia el futuro, porque rompe las reglas naturales en la construcción de los liderazgos. En este naufragio protagonizado por la huestes que se nuclean en torno al poder en Río Negro hay como en todo evento de este tipo más gente ahogándose que botes salvavidas. Está claro quién decidió asegurarse un bote, sin atender demasiado que sucede con el resto de los náufragos.


 Hablando de contentos y felices, encabezan el ranking las huestes del peronismo con María Emilia Soria a la cabeza. El presidente del partido, su hermano Martín viene sonriendo desde la PASO, con esfuerzos para contener la carcajada a la luz de las últimas encuestas. Ellas muestran al Frente para la Victoria, una sigla en baja, que en Río Negro goza de muy buena salud, en condiciones de sumar cuatro o seis puntos por sobre agosto, acercándose al cincuenta por ciento. Desde los análisis roquenses agregan que esta perspectiva relativiza la influencia del pichettismo y algunos intendentes en la interna peronista, lo que simplifica el armado hacia el 2019.

 

Todo indica que durante cuatro años se vendieron más pasajes de Roca hacia Viedma, y desde agosto el tramo más demandado es de Viedma a Roca.


 Contentos y felices también están, y mucho, por el lado de Cambiemos. Esta situación es un tanto más divertida, porque nadie lo esperaba, nadie puede creerlo y, por supuesto, nadie puede explicarlo con certeza. O sea que se está en las puertas de un milagro. Ya se sabe que en política todo tiene un por qué. Ya hemos dicho que la nacionalización desembarcó la brecha en las provincias y lo que para unos (Weretilneck, Rodríguez Saa, MPN, etc) fue un tsunami, para otro fue una poderosa corriente ascendente que sin muchas razones los depositará en las alturas.


 Quedará para los anales de la historia política y como en aquella frase de Churchill, parafraseando, digamos que en Cambiemos de Río Negro nunca tan pocos consiguieron tanto sin saber cómo y haciendo casi nada.


 Estar en política termina siendo un valor, y lo comprobarán aquellos que decidieron no estar. Desde ese lugar Cambiemos viene estando, razón por la que el tren del macrismo puede subirlo al convoy. Con ese influjo positivo, nacionalizado, la claudicación de JUNTOS que es un partido del Estado como terminó siendo el radicalismo más el aporte renovado del macrismo se encamina a discutir el gobierno dentro de dos años.


Resalta la figura de Sergio Wisky desde su banca de diputado nacional, interactuando con los sectores orgánicos del radicalismo conducido por Darío Berardi, los sectores más dinámicos de la UCR con responsabilidades de gobierno (Nelson Iribarren, Silvana Pérez, Francisco Grill, Leandro Massaccesi, Mariano Lavin, Lorena Martzen) y los nucleados desde el PRO (Aníbal Tortoriello, Juan Martín). Cambiemos tiene como primera encrucijada definir cómo transitar con el gobierno de Weretilneck lo que queda de mandato, y eventualmente alentar el retorno de aquellos votantes y adherentes que ante el fantasma de un triunfo peronista hace dos años recalaron en la continuidad de Weretilneck . Al mismo tiempo profundizar y eficientizar la gestión del gobierno nacional en el territorio provincial, que le ha sido refractarios en las urnas.


La Fiscalía de Investigaciones Administrativas estuvo toda la semana tratando de notificar a Claudio Di Tella para que explique la situación de los atrasos en el IPROSS. Se trata de una ausencia natural, ni provocada ni forzada, una conducta habitual en muchos de los funcionarios. Nos lleva a recordar al Ministro de las Licitaciones, Carlos Valeri, fanático de la conducción por control remoto, que junto al Gobernador promocionaron y prometieron los ‘primeros ladrillos del Plan CASHtello para la primera semana de noviembre‘. Es, a esta altura, un mal chiste, entre tantos otros.

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