Por Marcial Biageti.
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Así comenzaba su solemne alocución Alberto Weretilneck en su primer discurso luego de asumir la Gobernación de Río Negro. Se dirigía a todos los rionegrinos, pero en ese párrafo sus destinatarios centrales eran las huestes peronistas. Amigo de las exageraciones grandilocuentes, que recurrentemente gusta calificar como históricas, se despachó con un párrafo que terminaría siendo histórico. Dijo AW: este gobierno, que hoy yo encabezo, fue, es y será el gobierno del Partido Justicialista de la Provincia de Río Negro. La cerrada ovación, los vítores y los aplausos, más la expresión de solemnidad del orador conforman una pieza de antología. La prueba irrefutable de una mejicaneada política que, en lenguaje del gobernador, a esta altura es una estafa histórica.


En seis años el gobierno rionegrino recorrió todo el arco político a excepción de la izquierda más recalcitrante, con lo que no se descarta que en lo que resta del mandato Weretilneck excursione en tierra de los herederos de Marx y Lenin. Por ahora parece haberse estacionado en el extremo opuesto, en el más rancio macrismo, al punto de asentir con la cabeza el discurso presidencial sobre el Tercer Puente entre Cipolletti y Neuquén en el tramo en que Macri descalificó a De Vido y Parrilli, y a los efectos del costo laboral argentino. No olvidar su origen frentegrandista, sus etapas radicales y las escalas técnicas con el Frente Renovador de Sergio Massa, la adhesión explícita y electoral a Daniel Scioli. Lo que se dice la persona menos indicada como para confiarle alcanzar un ser querido al aeropuerto.


Sin ideas, sin proyecto y sin coherencia, su capital, visto desde la positiva, era el sentido de la oportunidad. Hasta agosto de este año en las que la perfomance electoral de su Agrupación Política (JSRN) lo puso en un incómodo tercer lugar. Su desencuentro con la realidad tuvo su génesis en China, donde cerró su cercanía con el presidente Macri iniciada en un viaje previo a España. De China se vino con una inversión inusitada para este presente rionegrino, una Central Nuclear de ocho mil millones de dólares a localizar en la Costa Atlántica. Una vez más acudió a su calificativo de cabecera: una inversión histórica. Solo que esta vez tenía razón. De allí hasta acá no dejó macana por hacer, y amenaza con no detenerse.


En su afán para subirse aunque sea a la lona del ring, modificó su gabinete y ordenó reinstalar la necesidad de una Reforma Constitucional. Al mismo tiempo aceleró su sobreactuada afinidad con la Casa Rosada y a tono con la moda de endeudarse internacionalmente que baja desde Plaza de Mayo aceleró con el Plan Castello, un conglomerado de obras de añejos proyectos, más algunos pedidos de ocasión para comprar apoyos de legisladores e intendentes. En la corta enfrentó dos elecciones municipales en Maquinchao y Guardia Mitre, unos tres mil electores en danza. Terminó invicto, no ganó ninguna, y en el camino tuvo que mandar a la casa con escándalo al Intendente de Villa Regina Daniel Fioretti, de su partido JSRN y con el voto determinante de sus concejales. Para cerrar esta etapa sancionó una Ley Antinuclear en la más nuclear de las provincias argentinas lo que lo malquistó aun más con Bariloche. Solo le faltó pedirle que se cambie el apellido a su candidata Mónica Balseiro. Al final del periplo bajó su lista, con un marco de excusas lastimosas que aun más lastimosamente repiten sus adláteres.


Espectáculo aparte son las expresiones sobre el rumbo de los votos del Partido de Alberto (JSRN) hacia las generales de octubre. La llamada pata peronista del gobierno ha quedado enclenque por los cambios en el gabinete y algunos se animan a expresar sus diferencias extremas con el macrismo. Así pregonan independencia, pero en el fondo tiran un mensaje de pertenencia peronista al sorismo. Se trata de un sector que ostentaba más cargos que votos, por lo que se estima que un porcentaje importante, más del setenta por ciento que adhirió al ahora ausente gobierno, recalarán en Cambiemos. El Señor Oportunidad lo sabe y lo tiene medido, de allí que lo factura a la Casa Rosada como parte de su esfuerzo en acompañar al macrismo en esta etapa. El objetivo es la llave del Plan Castello, o como venimos diciendo CASHtello que financie gobernabilidad y sustente un acuerdo político de cara al 2019.


La mayor fuerza hoy en Río Negro es el Frente para la Victoria. Su caudal electoral amenazaba con una leve baja hacia octubre, que seguramente será compensada con un porcentaje de origen peronista en JSRN. El gran beneficiado sobre la ola de la nacionalización será Cambiemos, que rondará los treinta puntos. Asegura su banca para Lorena Martzen y se convierte en actor central mirando a dos años. El ambiente político, la Central Nuclear en el remoto pasado la dejan sin medio ambiente, sin Central y con menos votos a Magdalena Odarda.


El sorismo incorpora a la consideración electoral una segunda figura además del Intendente de Roca, que es María Emilia Soria. Diputada Nacional, mujer y provincializada con éxito en dos turnos electorales. No debiera descartarse su figura pensando en la Gobernación y en la construcción de un peronismo constructivo, rionegrino y contenedor, que deje atrás uno confrontativo, ultra roquense y refractario.


A tres semanas de las elecciones la campaña consiste en que no hay campaña. El Gobierno muestra estertores como lo comunicaron las legisladoras Milesi y Morales al confrontar a Gladys Cofré del Municipio de Viedma por sus críticas al Concejo Provincial de la Mujer que preside Laura Azanza. Las legisladoras mencionadas rescataron la iniciativa de la Secretaría de la Niñez de Weretilneck, abogando por dejar ‘los protagonismo personales por soluciones con trabajo‘.

 

Es muy interesante, y algo pobre, el menú de argumentos con lo que el gobierno explica que no tiene lista de candidatos para las elecciones nacionales. Justamente una propuesta que nació para diferenciarse de otros partidos lo hace no diferenciándose. Como negar el apellido, algo poco defendible, escasamente digno e imposible de explicar.


No hay que subestimar a los goleadores es una de las máximas del fútbol: ellos saben que al menos una oportunidad van a tener.


Ni hablar si se trata del Señor de la Oportunidad.

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