Por Marcial Biageti. 
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El paso del tiempo es enemigo de la memoria. Hace apenas dos años atrás el gobierno rionegrino, presidido entonces por Alberto I, Alcalde de Santander se vanagloriaba de la inutilidad de viajar a Buenos Aires para gobernar Río Negro.


 De paso, ya como una marca de su estilo, ninguneaba a sus antecesores en el cargo, diferenciándose con un contundente ‘como hicieron todos los gobiernos anteriores al nuestro‘. En las últimas dos semanas Weretilneck se entrevistó tres veces con el Ministro del Interior e Infraestructura Rogelio Frigerio.


‘Nuestro Gobierno‘ viene a ser el presidido por Alberto Weretilneck con el respaldo político de una agrupación formada al calor del poder y los fondos de la renegociación de las áreas petroleras.


La oposición del Frente para la Victoria o peronismo rionegrino no resuelve la crisis que arranca con la candidatura de Carlos Soria, impuesta por el kirchnerismo, su trágica muerte y la frustración en conducir esa dura coyuntura por parte del pichettismo.


La posterior derrota de Miguel Pichetto frente a Weretilneck lo deja sin gobernación pero con mayoría de legisladores en la oposición. Este cuadro abre la puerta a Martín Soria desde la Intendencia de General Roca, posibilidad que se refuerza con las últimas PASO en las que el peronismo duplica cómodamente al gobierno relegándolo a un tercer lugar.


El potencial de Soria hace que el peronismo anti sorista acreciente su actitud dialoguista con Weretilneck, o sea que el gobierno cuenta con una oposición notoriamente complaciente.


Como muestras están la falta de interpelaciones a los ministros, como el de Desarrollo Social y el de Seguridad, por ejemplo. Ni hablar del acompañamiento en las leyes de Emergencia Económica o el Plan Castello, con un contenido económico impactante que casi equivale a un presupuesto entero y que fueron mansamente aprobadas, casi sin discusión ni debate. Verdaderos cheques en blanco y sin control que hoy dispone el gobierno de Río Negro, con un potencial de desmanejo que no terminará bien para la provincia.


Está claro que lo que el gobierno de Río Negro dice y hace es lo más lejano de lo que quiere y puede. De las tres veces que mencionamos sobre sus entrevistas con Frigerio se dijo que la primera fue para explicar la renuncia a la radicación de la Planta Nuclear, la segunda para escuchar el estado de situación por el caso Maldonado y la tercera para ser notificado sobre la ley de responsabilidad fiscal y el fondo del conurbano.


Para las tres ocasiones el Gobernador dio su propia versión. En la primera recibió el enojo del gobierno nacional y AW dijo fueron ‘comprensivos‘ de nuestra realidad. En la segunda ninguneó al Ministro: no sé qué querían, afirmó. En la tercera dijo que había avanzado sobre el Plan Castello, así lo dijo en una radio de Bariloche y así lo provincializó el diario del Alto Valle.


El gobernador faltó a la verdad, porque nuestras fuentes confirman que en ningún momento nadie habló del Plan Castello.


El gobierno instala un clima de reflexión y aduce a un ‘proceso de autoanálisis‘ que irresponsablemente se califica con el titular ‘siguen los cambios en Río Negro‘. Se concluye, erróneamente, en que se relativizan las elecciones de octubre, cuando en realidad el gobierno además de confundido está desesperado por la perspectiva que se le repita el resultado de agosto.


De una incipiente pretensión de liderazgo provincialista el gobierno rionegrino ha pasado a ser alumno aventajado en un curso acelerado de botinero del macrismo.


Se refugia con alguna habilidad en el despacho de Frigerio que en la interna del Gabinete Nacional representa dialogo y si para todos, pero las patatas se cuecen entre Marcos Peña y Economía. Sumiso y obediente, antes de ir a la Casa Rosada hace escala en el despacho del senador Miguel PIchetto, en busca de apoyo y buena prensa para sus urgentes necesidades y sanas intenciones.


Trabajar de bueno termina siendo tarea insalubre para Weretilneck, ya que cada vez le cuesta más salir de sus contradicciones ya convertidas en dificultades. Será interesante como bajo una Ley de Emergencia Económica y Financiera (5186/17) que utiliza para acotar salarios y esquivar licitaciones, ignorar controles y plazos podrá avanzar en créditos de quinientos millones de dólares como el que impulsa el Plan Castello, al margen del endeudamientos mensual para afrontar el déficit que lo acompaña desde hace más de dos años.


Lo cierto que en su mal trance el gobierno rionegrino se aferra a lo que mejor le cabe: hacer caja política para enderezar su suerte.


Mientras mira las elecciones municipales de Maquinchao como si fuera una final de la Champions Ligue, tratándose solo de un partido en un campeonato local de treinta fechas.


Los rumores terminan de renunciarle en los hechos al hoy Ministro de Economía Isaías Kremer con una respuesta insólita ante el interrogante: no lo niego ni lo confirmo, dijo el Gobernador.


Suena Agustín Domingo como reemplazante. La inconsistencia no tiene techo, al punto que pareciera dar lo mismo tener o no tener ministros, que estén renunciados o por renunciar. O que no se consigan los recambios, como en Turismo que se aguarda la deliberación de los empresarios para que decidan quién será el reemplazo de Silvina Arrieta que seguirá viaticando hasta que la fumata empresaria ascienda en los cielos del Centro Cívico. Hoy acepté la renuncia, dijo Weretilneck el 29 de agosto pasado.


El verticalismo del gobierno rionegrino hace que el macaneo de la cabeza obligue al macaneo de los subordinados. El Ministro de Obras Pública Carlos Valeri se hace cargo y anunció que entre noviembre y diciembre estará la plata del Castello. El primer interrogante es que hay entre noviembre y diciembre que el ministro menciona y nosotros no encontramos, y el segundo misterio quién le va a mover un visto bueno a Río Negro en el gobierno nacional antes de las elecciones de octubre, si antes no hace las cosas que hacen las botineras cuando enamoran a un futbolista millonario de elite. Ya es hora de ir comprando rodilleras, aunque sea con más endeudamiento. Y dejar de macanear.


Encontramos un buen título para una novela: De caudillo a botinero. 

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