Por Marcial Biageti. 
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Sopló el viento de las PASO tan fuerte que dejó a muchos en el piso. El macrismo alcanzó lo que un par de semanas antes parecía imposible. Esta percepción incluye al responsable de esta columna. Si bien el análisis fino muestra que no todo es tan espectacular como se vende, debemos concluir que superaron una instancia que no venía bien y que podía aferrarlos por el resto del mandato. Ahora vuelve a la categoría de proyecto de cambio y transformación y se aleja con fuerza de ser considerado una mera transición. Los potenciales tienen que ver con esta Argentina cuya realidad convierte en virtualidad lo que hasta ayer parecía una instancia consumada.

 

Alfonsín, Menem, Kirchner y Cristina pasaron también por sus domingos felices y casi todos terminaron contando los minutos para finalizar sus mandatos.


 El exitismo alienta la superficialidad, mucho más cuando se trata de llenar minutos en las pantallas televisivas. Ni hablar cuando están alimentadas por los medios grietas-usufructuantes. Vaya un ejemplo: el resultado de Santa Cruz donde el gobierno de Alicia Kirchner alcanzó treinta puntos, a quince del ganador Cambiemos. Una administración paralizada y jaqueada por la crisis hace dos años, casi duplicó al gobierno de Río Negro.


 Otra consideración básica, que es la particular situación que generan las elecciones intermedias donde no se pone en juego la intendencia, la gobernación ni la presidencia. El resultado no complica a ninguno de los que dependen directa o indirectamente de la suerte de sus cabezas mandantes y empleadoras. Medio país depende del Estado, o sea la mitad de los que votan.


 Para no ir tan atrás y mirar desde el 83, en las legislativas del 85 Alfonsín ganó en todo el país, incluyendo Neuquén y San Luis. Como ahora, aquella vez todos peleaban por acertar el día de la muerte del peronismo, mientras nadie dudaba que el año era ese 85. A su vez elucubraban sobre el nacimiento del Tercer Movimiento Histórico, la nueva e imparable estructura política. A los dos años el gobierno que presidía Alfonsín, solo ganó en Córdoba y Río Negro, preanunciando la llegada de Menem a la Presidencia.


 Es evidente que el gobierno nacional se oxigenó y comienza a ser gran elector para dos años vista, sobre todo ante los gobiernos provinciales. La mayoría de estos están jaqueados por la crisis económica, lo que acelera el proceso de concentración y dependencia del gobierno nacional. Será difícil gobernar si no hay sintonía con el macrismo, una película reiteradamente vista en el país.


 Río Negro produjo una sorpresa más grande. Un gobierno provincial envanecido por el triunfo que le dio continuidad hace dos años, no visualizó que aquellos guarismos adelantaban la debacle kirchnerista lo que llevó a la polarización con Miguel Pichetto. Como dirían en el barrio ‘se la creyó‘, impulsó su propio partido al mejor estilo de las administraciones de facto setentistas: favores, subsidios, clubes, cámaras, federaciones, gremios. Una retórica simple, nadie quiere ni defiende a Río Negro como nosotros, dejando como prueba de ello un subsidio, un pasaje, una beca o un contrato. A su manera logró hacer historia, como le gusta repetir al Gobernador en sus alocuciones, ya que nunca un gobierno provincial fue tercero en la capital ni cuarto en Bariloche. Sólo en Viedma el gobierno tiene más de medio centenar de funcionarios y casi tres mil becas, y quien sabe cuantos contratos.


 Lo cierto es que el Frente para la Victoria con el perfil kirchnerista anti macrista de los Fabulosos Sorias Brothers sin hacer nada, ni campaña, se alzaron con el cuarenta y cuatro por ciento de los votos, que incluyen las cuatro principales ciudades. Los chicos de Roca están en la misma posición que Weretilneck hace dos años: a tiro de soberbia. Por lo pronto habría que hacer, como se dice ahora, una captura de pantalla a este resultado (antes era una foto) porque se nos ocurre irrepetible. Muchos, y seguramente Martín Soria especialmente, sentirán que están muy cerca de llegar a Viedma siendo gobierno en dos años. Diríamos que ya deben sentir que pasaron Guardia Mitre con San Javier por delante.


 Desde nuestra óptica este batacazo llegó demasiado temprano y despabila a todos los que no incluyen el espacio ultra roquense y personalísimo de Soria. Organiza el contrafuego.


 A su vez el Gobernador Alberto Weretilneck quedó con su expectativa de continuidad definitivamente escorada. Un acto de madurez sería priorizar gobernar con la mayor eficiencia para cerrar su ciclo, que si lo mira con retrovisor verá que llegó a niveles que nunca imaginó seis años atrás cuando lidiaba con los ocupas de Cipolletti y recibía órdenes de Julio Arriaga. Desde la campera del Anai Mapu al frac de Beijing hay un trecho muy largo. Es el Gobernador y tiene varias cartas en el tiempo que le queda de mandato. Pero tendrá que asumir la realidad y los nuevos objetivos que no los podrá diseñar como hasta ahora en soledad, ni siquiera con su equipo de gobierno al que le cuesta mostrarse como tal. Tiene la llave de la felicidad, además del día a día de gestión, que es fijar la fecha de las elecciones. Si asocia esa fecha a las presidenciales subirá a un proyecto en alza y consolidado, dejando al peronismo rionegrino pegado a una boleta en baja y en discusión. Se suman además tres senadurías y tres diputaciones nacionales, más toda una Legislatura Provincial, más las Intendencias, Concejalías y la perspectiva de un gobierno provincial.


Pero además está la gobernabilidad que será un camino intransitable sin el respaldo del gobierno nacional que entre varias cosas le pone los límites y aprobaciones al endeudamiento y ajuste.


Así como Juntos Somos Río Negro no se explica por qué se fueron los votos, Cambiemos anda averiguando de dónde vinieron. Mientras la palabra nacionalización les sirve a los dos. Pero los seguidores de Cambiemos tienen una oportunidad, un capital, la llave del gobierno nacional y la marca Macri. Un patrimonio para soñar, y para administrar con tiempos para manejar e impaciencias para controlar.


Odarda se aferra a la Central Nuclear como fuente de energía electoral. La senadora Nuclear Rusa (aprobó el acuerdo con Moscú) pretende que el miedo a los neutrones le reporten ‘veinte mil votos más para llegar a la banca‘, lo que significan unos cuatrocientos votos por día a partir de este feriado largo hasta las elecciones de octubre. La ubicuidad de la candidata a Diputada Antinuclear China es motivo de otro análisis, más complejo que el presente.


Resumiendo, llegó la hora de adaptarse a los nuevos tiempos políticos, porque como popularizó Vicentico ‘los caminos de la vida no son los que yo esperaba‘. Pero está todo dado para diseñar los nuevos caminos. Para ello hay que asumir fortalezas, debilidades y sobre todo los errores. Y cerrar la fábrica de humo, para ver claro y juntar lo más posible. Casi nada. 

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