Por Marcial Biageti.
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Desde que se oficializó la instalación de una Planta Nuclear en territorio rionegrino se desató un debate tan previsible como furibundo.


Si bien involucra a toda la provincia es lógico que al acotarse las alternativas de localización, este debate se centralice en torno a esos lugares.


Ese ámbito es la costa rionegrina de algo más de cuatrocientos kilómetros, más específicamente el Golfo de San Matías, con Viedma y Sierra Grande en los extremos.
La lógica apunta a dos zonas: entre San Antonio y Sierra Grande o entre el Puerto de San Antonio y Viedma.


Diez mil millones de dólares con cuatro mil almas trabajando implican un pujante pueblo nuevo, con un impacto positivo sobre comunicaciones, servicios, insumos y trabajos por más de tres décadas.


Hay quienes especulan que una primera Planta, con ochocientos operarios calificados permanentes, allana el camino para segundas y terceras, como sucede con las Atucha.


El tema se transforma en activismo principalmente en Viedma en el ámbito de la Catedral capitalina, coordinado por un sacerdote, el Padre Luis.


Los católicos que se oponen disponen del edificio de la Catedral, mientras los católicos que están de acuerdo aparentemente no cuentan con ese techo sagrado.
Un país en que todo se politiza en un año de elecciones no puede dejar escapar un tema como éste.


Hasta una boleta electoral pretendió incluir una leyenda contra el emprendimiento, al mismo tiempo que sus legisladores provinciales aprueban afectar la coparticipación provincial para los créditos del INVAP que investiga y construye reactores nucleares en el país y todo el mundo.


Se promociona el símbolo de Patagonia No Nuclear ignorando que la Patagonia es además de la primera región del país nuclear, la más importante desde mediados de la década del cincuenta.


El mayor desarrollo y concentración de técnicos y científicos en materia nuclear de Sud América está en Río Negro, en Bariloche.


Un millar de rionegrinos altamente calificados y mejor remunerados contribuyen desde hace más de medio siglo al desarrollo de la provincia. Como una postal, a metros del icónico Centro Cívico de la Capital de Los Lagos hay un reactor nuclear hace más de treinta años con el que se perfeccionan los técnicos que posibilitaron vender ese desarrollo argentino en una veintena de países, incluyendo isótopos radiactivos para usos medicinales.


No es objetivo de esta columna alegar en favor o en contra de la Central Nuclear, pero instalado el debate es de Perogrullo preguntarse cada vez que se acude a la energía en busca de electricidad para alumbrarse o cargar el celular qué se utiliza para coordinar los reclamos de dónde sale la materia prima. Y de paso proponer soluciones viables a la crisis energética que golpea el país que llevará décadas normalizar.


El gobernador Weretilneck sorprendió gratamente a este redactor con una referencia tan evidente como adecuada.


Afirmó que la Central Nuclear definirá un perfil de Río Negro con un impacto similar al que provocó en su momento el ferrocarril o la construcción del canal de riego en el Alto Vallle. Incontrastable y difícil de rebatir, con el agregado que por su localización en el extremo Este, en la Costa Atlántica, viene a compensar el desequilibrio que hoy muestra la provincia por el desarrollo de las economías frutícolas e industriales del Alto Valle y la fortaleza de Bariloche en torno al turismo y la ciencia. El Este con Viedma aporta la capitalidad, con su oferta administrativa y política que con esta posibilidad impulsa un equilibrio necesario que se reflejará en el producto bruto geográfico y sacará a Río Negro de la mitad para debajo de la tabla de posiciones catapultándola al lote de la mitad hacia arriba en el conjunto de provincias.


Nadie ignora que la calidad de vida y la bondad del medio ambiente es el factor esencial a proteger y la materia prima que la naturaleza legó a estas tierras, que debe actuar como punto de partida a preservar en forma excluyente, pero de ninguna manera utilizarlo para negar el desafío de convivir con esa bendición creando un futuro mejor.


La descalificación en el necesario debate debe desterrarse. Las autoridades deben crear los ámbitos, brindar la mejor información, no jugar a las escondidas. El gobernador bajó a la trinchera comparando la cantidad de habitantes con la cantidad de manifestantes.


Un centenar en sesenta mil fueron sus apreciaciones. Fue más allá y los calificó como un grupo de personas bien remuneradas y con escasa ocupaciones por tratarse de retirados bien remunerados. Una especie de ecojubilados en desacuerdo con la energía nuclear.


A dos semanas de las elecciones el Gobierno rionegrino muestra preocupación por el efecto electoral del tema.


Desde acá no coincidimos, más bien puede ser una excusa para descargar culpas eludiendo responsabilidades de gobierno que de no existir este tema igual le estarían provocando un dolor de cabeza al oficialismo.


Se está peor que antes dijo Weretilneck, y esa conclusión nada tiene que ver con la Planta Nuclear. Lisa y llanamente se acabó la plata, y la falta de plata desnuda muy crudamente las ineficiencias del gobierno. Del macrismo y del rionegrino. El país creció durante cinco años a tasas chinas superiores a los siete puntos anuales.

 

¿Alguien imagina al kirchnerismo sin esos recursos, o sea con la situación de los últimos tres años de Cristina donde el único recurso fue la emisión sin control para mantener el relato?


Urge acotar el debate político a buscar coincidencias para salir de la crisis en una coyuntura por demás compleja del país, donde en el mejor de los casos creceremos tres puntos anuales que nos permitirán que la crisis no se profundice, y para ver si al cabo de un quinquenio estaremos un poco mejor.


Otra cosa es creer en los milagros, que si existen requiere quién los provoque y no parece ser nuestra especialidad.


Escasos catorce días para la PASO en un clima electoral inexistente donde todos los protagonistas parecieran trabajar para que nadie se entere que hay elecciones. O las cosas han cambiado mucho, o algo raro se está incubando. O las dos cosas juntas.  

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