Por Marcial Biageti. 
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Los gobernadores concentran en torno a su cargo tres tipos de poderes: el institucional, el partidario y el económico. Esta suma de poderes hacen de los gobernadores los representantes con más poder en la política argentina junto al presidente. A nivel institucional el Gobernador establece las bases para el gobierno, organiza los poderes e instituciones. Propone los legisladores nacionales que luego interactúan con el poder nacional. Son líderes partidarios, redactan reglas y estatutos, proponen candidatos, dirigen campañas, negocian con otros partidos, forman coaliciones y deciden apoyos presidenciales.

 

Finalmente, cuentan con un amplio poder económico manejando discrecionalmente el gasto. El gobierno nacional recauda y envía el dinero a la provincia y el gobernador gasta. Le sobra discrecionalidad a la hora de disponer los fondos públicos nacionales sin asignación específica como la coparticipación, los dispone libremente según las necesidades y exigencias de la provincia, lo que ha derivado en un exponencial aumento del empleo público. Tiene acceso a fondos especiales para campañas y a controlar todos estos recursos, terminan financiando las campañas de los opositores, terceros partidos y aliados. Este panorama les permite manejar cualquiera de las tres ambiciones: la progresiva o de mayor jerarquía, la estática cuando se busca permanecer en el cargo y en tercer lugar la discreta, cuando no se pretende ascender ni permanecer sino retirarse de la actividad.


 De las tres ambiciones la estática o quedarse en el cargo es la más común, la progresiva requiere el motor del prestigio que no es la mercadería más apetecida por la mayoría de la dirigencia. El gobernador de Río Negro está motorizado desde el inicio de su segundo mandato por la ambición estática: quiere seguir en el cargo al menos por un período más. Digamos que viene dulce desde sus inicios, habida cuenta que no se postuló y accedió al mismo de manera impensada. Los complejos primeros tiempos de su gestión fueron marcados por su confrontación con Miguel Pichetto, la renovación de los contratos petroleros que recibió como insólita herencia del gobierno radical. La paradojas de la política marcan en estos tiempos su confrontación con el PJ que preside Martín Soria y su cercanía con el senador Pichetto que se ha manifestado partidario de una Reforma Constitucional y propiciando una mandato gubernamental de seis años sin reelección. Se asume que una Reforma de la Constitución abre el camino para un nuevo periodo de Weretilneck.

 

El manejo de los tiempos venían favoreciendo la ‘ambición estática‘ del gobernador que aparecía en solitario y sin escollos a la vista en el panorama político rionegrino. El imprevisto vino de la mano de la derrota de Daniel Scioli y sobre todo de la crisis económica que derrumbó la recaudación y puso en marcha un déficit galopante sólo sostenido por un imparable endeudamiento. Eso lo enredó y aferró al manejo de la crisis y su trabajo de adaptación al Se Puede del Macrismo. En el camino dilapidó entre el rojo de las cuentas y financiamiento de su ambición estática, la renta extraordinaria del petróleo. Pero ya se sabe que el músculo duerme y la ambición descansa solo en el tango. El gobernador trabajó eficientemente en dos frentes, el económico y el político. Se endeudó y bancó las demandas salariales, hizo de la promesa una revolución y del incumplimiento un hábito. Al mismo tiempo se pintó de amarillo y se puso a disposición del presidente y de sus poderosos amigos de Río Negro: el magnate Joe Lewis y su empresario adlátere Marcelo Mindlin que termina de aliviar al presidente un conflicto de interés al comprar IECSA, la constructora familiar macrista de Calcaterra, el primo hermano presidencial que tiene adjudicado el soterramiento del Sarmiento con la carga de sobornos de Odebrecht de por medio. De esta manera Río Negro es Tierra Amiga para el macrismo.

 

La estrategia del gobernador requería de una vuelta de tuerca determinante, volver a la prosperidad económica de la época de los contratos petroleros. O al menos a algo parecido que permita retomar tranquilidad y sobre todo capacidad de maniobrar en forma contundente sobre las voluntades remisas en acompañar la ambición estática de Weretilneck. Nació de esta manera, en el sexto año de gobierno, el Plan Castello que por considerarlo nosotros una herramienta para posibilitar la continuidad del mandato del gobernador lo hemos denominado Plan Alberto PS, es decir Por siempre. Esta calificación oculta un merecido homenaje a la figura política y trayectoria del gobernador Castello, cuyo nombre no debiera quedar asociado a maniobras de permanencia en el poder. En este punto se debe tener en cuenta un escollo no menor. Una bandera del macrismo que es un aliado clave para la gobernabilidad, es nada menos que la oposición a las reelecciones por terceros períodos.

 

Todos recordamos que Néstor Kirchner mordió el polvo electoral y su ambición estática de un tercer período al apoyar similares pretensiones del entonces gobernador de Misiones, Carlos Rovira, que como Weretilneck pretendió reformar la Constitución para su continuidad. El Obispo Joaquín Piña encabezó el Frente Por la Dignidad y lo derrotó pese al apoyo del gobierno nacional kirchnerista, lo que terminó llevando a Kirchner a impulsar a Cristina Fernández declinando en su objetivo de forzar un tercer periodo suyo.


Todas las variables están en juego durante este trimestre en Río Negro. No se descarta ninguna, incluyendo forzadas y desesperadas interpretaciones judiciales de un Poder al que se lo mima desde lo salarial especialmente. Río Negro tiene los jueces mejores pagos del país, principalmente los magistrados superiores que perciben cifras llamativas y urticantes para la época; unos doscientos mil pesos de bolsillo y sin pago de impuestos. La vertiente más racional que sería Ley de Reforma y Convención Reformadora es la que se especula como inminente, oficiando de testeo previo las excusas de los ladrillos del Plan Castello.Finalmente está el manejo de los tiempos, o mejor dicho el tiempo disponible. Allí aparecen las mayores dificultades porque todo queda concentrado entre mayo y septiembre lo que lo convierte en un laberinto difícil de superar.

 

El marco de incertidumbre económica y la profundización de la crisis le colocan un nuevo calificativo a la ambición de la permanencia: se visualiza como inoportuna e inexplicable. Habrá que ver si esto último es visto como un condicionante para un grupo político que hasta ahora no sabe de retrocesos o planes alternativos.

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