Por Marcial Biageti.
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Cuando promediando el otoño nos aferramos a los atardeceres cálidos lo hacemos con la sospecha que serán los últimos. Las noches se alargan, el invierno se acerca y la pausa del verano es historia. La conflictividad política viene de la mano al devenir de las estaciones: el otoño invierno son sinónimos de comienzo de clases, paritarias, ajustes, reclamos, cierre de listas, asambleas, clausula gatillo, inflación, desafuero, juicio político. Los nueve meses que faltan para el nuevo verano serán eternos, un paraíso para los pesimistas: un país confundido con una provincia que languidece. Enfrente la otra mitad, optimista: ya pasamos lo peor, es lo que queda atrás, la provincia estará mejor. La grieta que se instala en los estados de ánimos, solamente explicable por aquella famosa frase de Perón: la única verdad es la realidad. Pero la realidad tiene mucho que ver con quien la explique, o en este caso con quien escriba. Como dice Mirtha Legrand, ¡allá vamos!

 

Leer Carta del primo Rubén


El gremio ATE movilizó en Cipolletti impidiendo la audiencia en que serían indagados por presunto abuso sexual el legislador Rubén López y Luis Abramovich. El Juzgado anunció que se repetirá la citación sin dar precisiones para evitar que se repita el hecho.El gremio condiciona el accionar de la Justicia, evita que avance hacia la verdad y el eventual castigo o absolución. Pero todo el arco político depende de esta cuestión ya que si no se destraba lo de López no se puede sesionar en la Legislatura, no se puede tratar entre otras cosas el Plan Alberto PS (Por Siempre) o Plan Castello. Todo un poder en vilo, todo un gobierno a la espera, todos o casi todos los intendentes conteniendo el aliento por las obras que le prometieron, los empresarios de la construcción ni respiran.

 

Los que prestan la plata con el champagne a medio descorchar, los comisionistas con los pasajes emitidos para vacacionar, los legisladores listos para acompañar y al mismo tiempo reclamar sus propias continuidades. ¡Y el señor legislador López no declara! Como aquel cuento en que tres operarios limpiaban vidrios en el piso veinte. Uno con dolor de estómago deja el andamio y va al baño. Cuando regresa se encuentra que sus dos compañeros cayeron al vacío. Consternado busca a su esposa y van a los velatorios de los compañeros. En el primero le cuentan lo terrible que está siendo pero que la empresa pagará todo, lo que incluye una casa y los estudios de los niños. En el otro velatorio la viuda pinta un panorama similar y agrega que habrá una suculenta indemnización y vacaciones para la familia una vez que pase todo. Tal vez un auto. La señora al salir del segundo velatorio lo mira al marido y le espeta ¡Y el señor cagando! Así se visualiza el presente rionegrino, mientras todos esperan ver cómo se destraba el ‘caso‘ López.


Mientras se conoció que el gremio de la Fruta que preside el legislador cuestionado recibió en los últimos dos años subsidios por veinte millones de pesos, los cinco últimos la semana previa a las elecciones de Gobernador. Luego vino esta denuncia, un acontecimiento imposible de explicar desde la inocencia. Como ese párrafo de La noche de los Dones, el cuento de Borges en el que matan a Juan Moreira: ‘cuando una cosa es verdad basta que alguien la diga para que uno sepa que es cierta‘. Pero la aseveración más compleja, desde lo político, es que el Legislador Rubén López cuenta con la protección del gobierno provincial. Aseveración debe entenderse, aunque no lo es, como sinónimo de verdad.


No está siendo sencillo ser legislador de Río Negro por estos días, mucho menos siendo del Alto Valle y mucho menos de Cipolletti. Ni hablar si se pertenece a la bancada del gobierno. López, Plan Castello, Reforma Constitucional. Un combo picante, y si se tiene algo de pudor diríamos que explosivo, contradictorio.


Con el Plan Castello (o Alberto PS) sucede como, guardando distancia y respeto, con la Guerra de Malvinas. El día 2 de abril de 1982 era muy difícil no estar de acuerdo y apoyar. Para oponerse, además de una gran clarividencia había que desprenderse de la tremenda carga de sentimiento y justicia que acarreaba la invasión. En este caso puntual de contraer un empréstito para obras de infraestructura tuvo atinada y fundamentada postura el secretario de Gobierno de la Municipalidad de Cipolletti al poner el debate en otro eje que no es el elemental y primario que las obras se necesitan. Apuntó y cuestionó los costos del crédito, el valor de las obras, el control en su ejecución y al ignorado tema del recupero de la inversión. Nada de esto explica el gobierno provincial que actúa con el facilismo con que se construye la relación de necesidad con los usureros que en todos lados pululan.

 

Todos sabemos que si el crédito atraviesa las condiciones de un Banco termina siendo más barato, previsible y sobre todo controlado. Ya lo dijimos algún domingo pasado: sobra crédito internacional y programas nacionales específicos pero para ello hay que tener proyectos terminados, prioridades claras, planes propuestos, garantías vigentes. Simplificando: un proyecto de gobierno con un equipo para ejecutarlo. De lo contrario se busca un prestamista, se pacta una tasa a gusto del acreedor, se prometen obras a todos, se adquiere el apoyo legislativo a la ley que autoriza y garantiza el endeudamiento. Las obras no tienen en control de quien provee los fondos como sería en el caso de financiamiento específico nacional o internacional, tampoco tienen control de licitación o ejecución, o sea abre la posibilidad de caja política, de alineamiento de voluntades en torno a determinada estrategia. Si se trata de cordón cuneta, una ruta, un Centro de Convenciones, da lo mismo, porque el fin último es posibilitar medios económicos y sumar voluntades políticas para un objetivo. Funcionó con los fondos generados con la renegociación de los contratos petroleros, porque no podría funcionar otra vez. Las mismas necesidades, los mismos protagonistas, similares probabilidades de éxito.


Este panorama conforma un cuadro difícil de etiquetar, digamos que estamos ante un populismo de cabotaje. Esquema que requiere para su funcionamiento y vitalidad mucho personalismo, relaciones corporativas (Ver Primo Rubén) y flujos permanentes de fondos. Los problemas suelen venir en el mediano plazo cuando una de estas tres cosas flaquean, especialmente lo atinente a la escasez de fondos y crecimiento del déficit.

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