Por Marcial Biageti.
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Pasó marzo con el gobierno nacional arrinconado frente a movilizaciones, reclamos y propios errores. Arrancó abril con el contraataque oficial, marcha propia y dureza en las paritarias docentes. Llegamos a la pausa de Semana Santa sin clases, con una inflación de marzo del 2.4, sin funcionamiento del Congreso. Macri insiste en que además de ser correcto el rumbo se vislumbran los síntomas que indican que lo peor ya pasó. La oposición contesta con la realidad según su visión, las inversiones no vendrán frente a esta combinación de inflación persistente, dólar retrasado y consumo retraído.

 

En medio se viene el cronograma electoral, el primer test al que se somete la administración Macri. La madre de las batallas se dará en la provincia de Buenos Aires donde el gobierno cuenta con su as de espadas, el prestigio de María Eugenia Vidal hoy por encima del propio presidente. Está visto que Vidal se pondrá la campaña al hombro, por lo que no será esencial quiénes serán sus candidatos. Y con la definición que Lilita Carrió encabezará las listas de Capital logra un primer objetivo de manejo exclusivo de su territorio. A Carrió todos los dirigentes de Cambiemos la quieren ... tener lejos.


 La piedra en el zapato sigue siendo el proceso inflacionario que deja como una utopía el objetivo del 12/17 fijado por Sturzenegger, el cada vez más influyente presidente del Banco Central. A su vez, esta falta de cumplimiento del pronóstico pega en medio de las discusiones paritarias con lo que la conflictividad se potencia con dirigentes gremiales que a su vez deben revalidar títulos ante sus bases. Para colmo el gobierno con encuestas en la mano se encarama sobre el desgaste y hastío que se concentra en las cúpulas sindicales y arremete con un programa de reformas para cambiar los procedimientos de elección de autoridades que consideran obsoleto. En esta línea se inscribe también la iniciativa de eliminar las elecciones de medio término y renovar las Legislaturas cada cuatro años con las elecciones de Presidente y Gobernadores.


 No dejan de ser los temas centrales de un país que tiene que animarse a cambiar, pero la oportunidad en política suele ser una sola y con poderes intactos, situación que parece haber pasado para el macrismo que viene consumiendo un tercio de su mandato, sin mayoría en las Cámaras, y con las adhesiones en baja. Del tiempo de la iniciativa contundente viene transitando el cambio de golpes que no es el propicio para arremeter. Le quedan intactos, eso sí, los meses posteriores a un eventual triunfo legislativo en octubre en que se definirá como un gobierno de transición o el impulso de un cambio en el país.


 Ya hemos dicho en esta columna que es imposible un rumbo propio y diferente de los gobiernos provinciales en este tiempo argentino. En esa misma línea el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck plantea la inconveniencia de confrontar y diferenciarse de la Casa Rosada. Hay muchos problemas rionegrinos que no los podemos arreglar solos, afirma. Se necesita del gobierno nacional, completa. Con su peculiar uso del lenguaje no exento de atajos gramaticales define a su partido Juntos Somos Río Negro como el portador de una ‘propuesta individual‘. Definición curiosa para una fuerza política cuya esencia debiera ser la expresión de un sentimiento o un proyecto colectivo.

 

En realidad hay una traición inconsciente en la afirmación del mandatario, ya que es evidente que Juntos Somos Río Negro no es una expresión partidaria, ni mucho menos colectiva, es efectivamente una expresión ‘individual‘ en torno a la figura de Weretilneck. Esa es su fortaleza, pero a su vez su debilidad o su vulnerabilidad. Lleva a los conceptos más primarios de la confrontación humana, aquella en la que no hay que distraerse con el ejército, hay que concentrarse en la figura del Jefe, ya que sin la presencia del mismo no hay tropa que sepa qué hacer. Sobran ejemplos en la historia, a los que no apelamos para no confundir las categorías actuales con las grandezas del pasado.


 Mientras Weretilneck mantenga viva la vigencia del presupuesto y la capacidad de maniobra de la chequera y caja política, permanecerá en el centro del ring. Al otro día que se descubra su incapacidad de lograr su continuidad, su humanidad tendrá el mismo peso que una bolsa de plumas. Transita esta etapa, necesita de la conexión con La Rosada para tener aceitados los mecanismos de endeudamiento, para mantener la vigencia de programas nacionales, para conseguir un endeudamiento extraordinario para el engendro denominado Plan Castello que no es otra cosa que plata y obras para convocar voluntades para la Reforma Constitucional con el paraguas de acometer el Crecimiento y Desarrollo que necesita la provincia.


 Es un camino arduo e intrincado, sobre todo por el marco económico y nacional que no es favorable El primer ensayo se dio en Catriel en medio de la elección municipal de Convencionales Constituyentes en la que el oficialismo aspiraba a lograr mayoría propia e instalar la viabilidad y legitimidad de una reforma que posibilitara la continuidad del intendente Johnston y por ende la futura del gobernador. Durante un año el gobierno provincial estableció un platoducto hacia la localidad petrolera. Cien cuadras de asfalto, programas provinciales, montañas de becas, designaciones y promesa de cargos, todo el bagaje de orientación de voluntades no alcanzaron, cosechando un magro y preocupante 35%, y sin mayoría propia, seis de quince convencionales. Un ladero del gobernador pretendió contestarle a Martín Soria, titular del Justicialismo rionegrino, afirmando que la elección mostró un claro ‘rechazo a las propuestas de patrón de estancia‘. Una afirmación que bien podría aplicarse a las actitudes del mismísimo gobierno provincial, y a los resultados obtenidos. Lo cierto es que Catriel fue un paso en falso para Weretilneck y su camino hacia el objetivo Alberto PS (Por Siempre).


 Un segundo traspié está siendo el extravío, por llamarlo de alguna manera, de los diez millones de pesos que envió el gobierno nacional para la emergencia del granizo de noviembre del 2015 a febrero del 2016. No sólo es grave por el hecho en sí, lisa y llanamente una malversación porque el Tesoro Provincial ha destinado esos fondos específicos para otro destino, sino que es grave porque traduce una serie de conductas cómplices de todos los involucrados que no son sólo los funcionarios provinciales. Es legítimo preguntarse que el Convenio 70/2016 firmado por el entonces ministro de la Producción Marcelo Martín y su ejecución era conocido por una docena de funcionarios provinciales: gobernador, ministro de Producción, de Economía, Tesorero, Fiscalía, media docena de Legisladores de la Cadena de la Felicidad. Lo cierto es que fondos destinados a productores afectados por una emergencia y desastre agropecuario declarado por el gobierno nacional fueron retenidos por cinco meses por el gobierno de Río Negro. Como tomarle la leche al gato.

 

Hablando de tomada, la tomada de pelo a los productores es completa: el gobierno se limitó a anunciar que desde el lunes 17 de abril se podrán cobrar esos fondos. La Federación de Productores que seguramente tiene alguna culpa para recriminarse por este ‘olvido‘ de cinco meses antes sus narices que nadie imagina como inocente, se enteró en el mismo despacho del ministro Ricardo Buryaile, al reclamar los fondos y recibir como respuesta ‘los mandamos el año pasado‘. No solo un papelón, sino acto de autoritarismo, abuso, y connivencia sobre la base de la desgracia ajena. Siendo suaves, un papelón.


 Como dijimos al principio llega el tiempo de las candidaturas. El gobierno provincial insiste en su soledad, sin el PRO, Cambiemos o el ARI. En realidad la única definición viene por el lado del peronismo que marcha a la reelección de María Emilia Soria con el respaldo de Roca desde lo territorial y del PJ como estructura provincial. Se suma un aliado táctico no menor, el massismo, que simplificó por ese lado ante la imposibilidad de inscribir formalmente el Frente Renovador.

 

Cambiemos sueña con la polarización nacional entre macrismo y kirchnerismo lo que lo llevaría en Río Negro hasta unos quince puntos que sería un objetivo decoroso para los actuales dirigentes del radicalismo rionegrino que les permitiría exhibir que sacaron el partido desde el pozo en que lo recibieron. En castellano político partidista rionegrino, los habilitaría a ir pidiendo cargos en la estructura del gobierno nacional y soñar con algunos espacios para el 2019. Todo es posible, habida cuenta que el peronismo ronda los treinta puntos históricos quedando el resto para Juntos, Cambiemos, ARI y otros. El gobierno provincial sospecha que no le será fácil frente a la nacionalización que marcha la elección, incentivada por la confrontación que alienta el macrismo con el kirchnerismo. Los términos volvemos al pasado o apostamos al futuro deja afuera los embates provinciales, o individuales, en la terminología de Weretilneck.


 Pasada la Semana Santa vuelven las discusiones gremiales. Nadie quiere cerrar menos de 22/25 puntos por temor a sus asambleas. El viernes 21 se reúnen los productores de Fruta, que debatirán su eterna crisis y quien les tomó la leche.


 La Casa No está en Orden.
¡Felices Pascuas!

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