Por Marcial Biageti.
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Se sabe que no es buena idea ponerse delante de un tren que viene tocando su silbato. Cuando el gobernador Weretilneck elucubró el Plan Castello puso en marcha un tren que comenzó a andar a velocidad constante, con quinientos ochenta millones de dólares en sus vagones y todo el gobierno rionegrino, o sea el Gobernador, diciendo que será un antes y un después en la historia de la provincia.


 También se sabe que para gobernar en este bendito país hay que tener mucho control de sí mismo, nervios de acero y un estómago a toda prueba. Habría que agregar como virtud una cierta dureza en la epidermis facial. Nada de esto parece faltarle a Weretilneck, es más, algunas de las características citadas las posee en exceso. Estimado lector usted podrá identificarlas y ordenarlas como guste.

 

 El panorama es complejo, confuso y contradictorio. Río Negro tiene conflictos que paralizan los servicios básicos de educación y salud. No tiene una obra pública significativa, si no veamos la preocupación de la UPCRA. En el sector privado, la fruticultura sigue marchando hacia el abismo Mitad de los días de clase de marzo fueron de paros, con rechazos a la propuesta salarial y la no aceptación de la Reforma de Nivel Medio. El Gobernador, con oportunismo que ya es marca registrada en su estilo, tomó la Cadena Provincial y le tiró todos los caballos encima a los docentes y sus dirigentes gremiales. Oportunismo porque se alineó con la ola que impulsa María Eugenia Vidal llevando el conflicto docente a una discusión integral de reforma educativa y modificación de los estatutos que rigen la actividad. De paso en los recibos de marzo incluyó sumas a cuenta de los futuros aumentos. Como lo hiciera el segundo semestre del año pasado Weretilneck estira las definiciones, logrando que no se paguen aumentos docentes a lo largo ya de casi un año. Lo reiteramos, a esta altura clinck caja para el gobierno porque cuando llegue el acuerdo, que será escalonado, los docentes cobrarán lo que hace seis meses tendría que haber estado en sus bolsillos.


En Salud el ajuste viene por el lado de las guardias, horas extras, y congelar designaciones aún a fuerza de seguir resintiendo servicios.


El Ministro de Agricultura Ricardo Buryaile y Weretilneck eligen Bariloche para responder a los reclamos de la fruticultura. Se escapan por la tangente aludiendo a lo bien que le va a la lana, a la pesca, a la ganadería. Sólo anda mal la fruticultura, dijo, y es mucho subsidiar dos pesos por kilo. Serían dos mil millones de pesos, y eso no se puede, finalizó el ministro.


Hay que señalar, y recordarle a ambos funcionarios, que todas las actividades productivas juntas ni siquiera llegan a la quinta parte de la fruticultura y si de cantidad de habitantes se trata no llegan a la décima parte.


Ya que entramos al terreno de los números digamos que en el otro extremo de la discusión política se encuentra el Plan Castello que finalmente cobró forma y su proyecto fue enviado a la Legislatura. Se trata, recordemos, de un paquete de obras de infraestructura de 580 millones de dólares. En pesos de hoy unos ocho mil millones a lo largo de diez años, que se suman a un endeudamiento actual y de corto plazo que supera los cuatro mil millones. Para completar el pasivo se deben sumar unos dos mil millones de deuda flotante interna del estado rionegrino.


El gobierno de Werertilneck sostiene los dos frentes: el de la crisis, el ajuste y el conflicto. Por este estado de cosas lo responsabiliza a Macri, su gobierno y su plan económico. El otro frente, el optimista, es el fundacional, la provincia distinta que habrá detrás del Plan Castello. Sus obras sentarán las bases del desarrollo que se le viene negando a Río Negro.


Los interrogantes son infinitos. Con la fruticultura quebrada, la infraestructura turística obsoleta y desbordada como la de Las Grutas por ejemplo, el Puerto de SAO a media máquina por falta de incentivos ¿es correcto endeudarse exclusivamente en estas obras? Si los organismos de la provincia no pueden con la escasa Obra Pública actual, cómo harán burocráticamente para viabilizar en tiempo y forma este nuevo paquete. Hacer edificios para Juzgados, construir cloacas, cordón cuneta, agua potable, canales es un certificado de falta de gestión y un atajo por demás irresponsable mirando hacia el futuro. Para todas esas obras hay financiamiento nacional e internacional, pero para conseguirlo hay que tener un equipo de gobierno. Estos fondos existen hoy y están disponibles, pero eso si son muy controlados desde el punto de vista de precios y procedimientos licitatorios. Es decir no se puede hacer caja política con ellos. cosa que si sucede cuando todo queda en casa. Pero en casa también queda la deuda para una generación de rionegrinos para adelante y mucho menos metros cuadrados por cada peso que apruebe la Legislatura.


El Plan Castello es un conjunto de obras para poner en marcha un consenso político cuyo objetivo central es la continuidad del actual gobierno. Lo es por los montos, por los procedimientos, por el involucramiento territorial de los intendentes y por las promesas de continuidad a un grupo de legisladores. También lo es por el visto bueno que aparentemente le ha dado el macrismo, necesitado de apoyos en estos tiempos. En realidad el Plan Castello debiera llamarse Alberto Por Siempre.


El entretenimiento del mes será la designación del titular de la Defensoría del Pueblo. Hay una veintena de anotados, de los que más de quince lo hacen para ver sus nombres en los medios. A priori solo una terna tendrá chances, y de ellos el que impulse el Gobernador con el acuerdo de parte de la oposición, con charlas sobre la aprobación del Plan Castello (o Alberto PS) de por medio. Volviendo sobre los postulantes a suplantar a Nadina Díaz se destaca Adriana Santagatti que nunca perdió su interlocución con el gobierno y se le adjudica una labor tesonera y de bajo perfil. Final abierto, por ahora.


Así marchan las dos provincias, o según como se la mire una provincia con luces y sombras, complicada e ilusionada.  

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