Por Marcial Biageti.
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Está más que claro que estas elecciones legislativas incomodan a casi todos. Todos desearían que el 2017 no existiera y que se tratara del 2019. El PRO con la responsabilidad de gobernar no puede enfocarse en la cuestión electoral devorado por el día a día, absorbido por los problemas de gestión, los que le dé para la realidad, los que impulsan los opositores y los que fabrica con su propia impericia. La oposición, enmarcada en los variados sectores del peronismo no alcanza a homogeneizarse, no produce liderazgos y no puede resolver la vigencia de Cristina Fernández a la que termina padeciendo.


 Una consecuencia poco agradable de esto último resultó la mención en una columna de Clarín de comentarios del ex Primer Ministro de España Felipe González, que habrían sido hechos al Presidente Macri sobre que no habrá inversiones españolas en Argentina hasta que no se resuelva la prisión de la ex Presidenta Kirchner. Es claro que todos negarán haberlo dicho y escuchado, pero es una clara muestra de lo incómoda que resulta la vigencia política de la ex mandataria que en gran parte se atribuye a los desaciertos de la gestión Macri. Hay un plus: la visión desde España sobre la gestión kirchnerista luego de la estatización de Repsol quedó deteriorada y la sola sospecha de un retorno en ese sentido agita fantasmas que conservan su vitalidad.


 Marzo bate récords de paros y movilizaciones que culminan en las medidas de fuerza de la CGT y CTA. El conflicto docente se estira más de lo previsto para el gobierno y se politiza más de lo suficiente para los opositores. Mientras medio país está sin clases, siendo una vez más como estaba previsto la Provincia de Buenos Aires el escenario central. La gobernadora Vidal maniobra en el conflicto de cara a la sociedad y logra el rédito de poner en discusión la transformación y calidad de la educación más allá del reclamo salarial. Se victimiza en demasiado cuando afirma que administra una provincia fundida, un hecho que comparte con la mayoría de las provincias y la administración nacional.


 Será clave la resolución del conflicto docente que tuvo una oxigenación mediática con los eventos de Olavarría y el recital del Indio Solari, ya que por el fin de semana y los días posteriores la figura del rockero rapado reemplazó al pelilargo Baradel, como si sus roles estuvieran cambiados desde lo estético. Es clave el conflicto docente por el efecto dominó que desatará sobre el resto de las actividades y de los otros gremios estatales. Todos confluyen sobre la inflación, que como siempre decimos, facilita las decisiones de los gobiernos que marcha hacia los conflictos con un porcentaje de dinero en sus presupuestos que hace un semestre debiera estar en los bolsillos de los trabajadores. El tema es que el segundo semestre del año anterior que forma parte de una anualización de cuarenta puntos de inflación ahora pretende ser corregido con veinte puntos para el año que se inicia y nadie se hace cargo del desfasaje que quedó atrás.


 El gobierno nacional con Macri al frente enfatiza que sus datos señalan un cuarto mes de crecimiento sostenido, una realidad que es comprobable desde lo técnico pero imposible de sentir en los hechos, y menos aún por los que más necesitan que termine la recesión. El efecto electoral de esta mejoría que no se percibe y que por lo tanto no se registra por los votantes pone al gobierno frente a un desafío mayúsculo a cinco meses de las PASO.


Por esta razón las decisiones sobre las candidaturas se demoran y diluyen, tanto en oficialismo como oposición. Complica mucho más al gobierno porque da muestras de estar abrumado por la conflictividad, la complejidad de la gestión y el desafío de mantener la ilusión que lo llevó al poder. Si se instala y consolida el sentimiento de decepción no podrá revertirse con avisos oficiales sobre índices de crecimiento.


 Esta complejidad electoral es mucho más evidente en Río Negro donde pareciera que nadie se anima a las candidaturas. Las encuestas comienzan a reflejar esta incertidumbre y el gobierno provincial que encabeza Weretilneck también registra estas dudas, con el agregado que uno de los pocos datos que aparecen con nitidez enfrente y por encima de cualquier candidatura oficial es María Emilia Soria. Es muy pronto aún para calificarla de tendencia y mucho menos de consolidación ante la ausencia de candidaturas del gobierno, pero alcanza y sobra para generar preocupación.


 Mientas el gobierno rionegrino se acerca cada vez más a Cambiemos, mejor dicho al calor del gobierno nacional que le permite generar gobernabilidad. Prepara un organismo para modernizar el estado rionegrino pensando en un funcionario que viene del gobierno nacional, y da claras señales de interactuación con el sector macrista que lidera el Diputado Nacional Sergio Wisky. Los intendentes en su mayoría padecen las mismas necesidades que el gobierno provincial. El Plan Castello parece un llamador en medio de una cacería, y todos giran en torno a sus millonarios números soñando con obras y cintas de inauguración. Mientras el contraste es brutal: no hay clases por la discusión de una decena de puntos en la actualización salarial, los hospitales crujen con el ajuste, se retienen servicios en las reparticiones, se cortan las rutas y el Gobernador con los Legisladores elucubran como distribuir quinientos millones de dólares del promocionado Plan. Pareciera que ante tamaño contraste hay algo que no está bien, que falta o que sobra, pero que no encaja.


 Donde finalmente la política se instaló es en el Ministerio de Obras Públicas donde se confirmó que el Ministro Alterno Alejandro Echarren termina de cambiar su domicilio en Patagones radicándose en Viedma. La mudanza no es inocente ya que el objetivo es la Intendencia de Viedma, tampoco la mudanza es en soledad ya que incluye funcionarios ‘de la otra orilla‘ de confianza del Alterno. Y tampoco es gratis la mudanza y la decisión de avanzar políticamente ya que en estos días se tuvo que controlar algún desarreglo de un colaborador inmediato de Echarren que podrían empañar el objetivo político en marcha.


Termina una semana sin estridencias significativas, como no sea esperar que se resuelvan los conflictos en desarrollo. En mi barrio se le diría desgaste.

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