Por Marcial Baigeti.
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En esa especie de Biblia del idioma español que es Don Quijote de La Mancha su autor Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) en la Segunda Parte, Capítulo 4 desliza que ‘nunca las segundas partes fueron buenas‘. Los críticos coinciden que Cervantes estaba curándose en salud, habida cuenta del éxito y elogios que había recogido la primera parte de su monumental obra. Es regla general que lo bueno y exitoso de una primera etapa será imposible de repetir. Una creencia que ha quedado establecida así a pesar de haber innumerables muestras de lo contrario, precisamente en libros, películas y trayectorias actorales o deportivas.


 La política no escapa a estos refranes o aseveraciones, con ejemplos para todos los gustos. No deja de ser un título solamente indicativo, con la conclusión de que en la mayoría de los casos es muy difícil reiterar buenas etapas. Pareciera aplicarse la frase de Cervantes al gobierno rionegrino, que transcurre el primer año de su segunda parte y comienza a sentir el rigor de la realidad que lo aleja de repetir los buenos primeros momentos.


 Se podría caer en los lugares comunes de ‘fin de fiesta‘ o ‘la hora de las malas noticias‘, pero lo cierto que lo que cabe es explicar las razones del fin de una etapa y el inicio de otra.


 La década kirchnerista, precisamente promediando su primera mitad produjo índices de crecimiento ‘a tasas chinas‘. El flujo de fondos impulsados centralmente por el precio de las comodities (petróleo, soja, maíz, trigo) más una sostenida emisión alentaron el consumo, la recaudación e inflaron los presupuestos públicos. Si había gestión sobraron los buenos intendentes y gobernadores.Todo eso es historia, quedó el salón casi destrozado, con el agravante que además adeudamos gran parte de la fiesta.


 Río Negro, a partir del 2006 incorporó un ingreso hasta ese momento poco significativo, el petróleo. La impericia política y las peleas internas de poder hicieron que el radicalismo terminara su gobierno sin activar plenamente ese recurso, haciéndolo parcialmente y tarde.


Al gobierno de Soria-Weretilneck le tocó usufructuar a pleno esa renta extraordinaria, potenciada con la oportunidad de renegociar las concesiones petroleras por décadas hacia adelante. Caja oficial y caja política. Una combinación explosiva que marea al más pintado. Alberto Weretilneck no es el primero. Das Neves en Chubut, Sobisch en Neuquén o el mismo Kirchner no le pusieron techo a sus ambiciones o talentos políticos, buscaron proyección nacional. El petróleo en exceso no es buen consejero, otorga un halo de suficiencia que emana del extraordinario poder que genera.


Esto conduce a decisiones de corto plazo que pocos proyectan anualmente y mucho menos a cuatro o cinco años. Decir sí a todos los reclamos gremiales, no limitar los ingresos al Estado, cuadruplicar la planta de funcionarios a la que se había prometido, pagar sueldos de Holanda en Argentina como las remuneraciones del gabinete, jueces y legisladores. Compras directas o con compulsas simuladas de vehículos, maquinarias, sin control. Festival de viáticos, horas extras, asignaciones especiales, legítimos abonos, licencias indiscriminadas, plus por distancia, becas para todo y todos, pasajes que se usan o se venden.


Ámbito Financiero titula en tapa y despliega en una página: ‘Río Negro quedó al borde de la cesación de pagos‘. Convengamos que suena, y lo es, exagerado. Pero le pega en el poste. La provincia está en problemas porque no puede transitar el 2017 sola, salvo que duplique su deuda porque no puede bajar el déficit. Cuanto más repetirá el del año que pasó: unos 3 mil millones.


Weretilneck hizo lo único que se puede hacer, llegó con su problema a la Casa Rosada para acomodar el recado. Primero pasar hacia adelante los vencimientos de las Letras de Tesorería con que funcionó el año pasado. Pero no alcanza, tiene que ajustar el funcionamiento y para eso decreta suspender licitaciones, contratación de personal, clausurar aumentos para empresas públicas, reducir viáticos y gasto de combustible. Desde el gobierno nacional comienzan a revisarle los números.


El Gobernador sobreactúa la gravedad y produce señales. Agita el fantasma de los 90, una situación con otro contexto en otro momento del país y con un gobierno provincial que pudo confrontar y diferenciarse del proyecto nacional yendo a elecciones y logrando continuidad por cuatro periodos más. Volveremos sobre este tema.
Inaugura Weretilneck el doble discurso: elogia y acaricia al macrismo en Plaza de Mayo y lo hace responsable de su crisis en Río Negro: ‘la errónea política económica que provoca recesión y baja de la recaudación‘. No hay responsabilidad provincial, todo viene de afuera.


El gobierno rionegrino asume que esta segunda parte, como dice El Quijote ‘no será buena‘, con el agregado de las elecciones legislativas. Sabe y se prepara para la pelea de fondo que es la salarial asumiendo que el talón de Aquiles de la situación es el desmadre por el crecimiento sin control de la planta de personal. Parar la manifestación con pases a planta y culminarlas con aplausos prestados y financiados por los rionegrinos en las sedes gremiales termina siendo pan para hoy y hambre para mañana. Mañana es hoy.


El retraso salarial y cómo impacta el 40 por ciento de inflación del año que pasó más el 20 que se pronostica para el presente estarán en el debate de fondo en el país. Río Negro viene eludiendo y estirando definiciones, pero la puesta en escena de la crisis más el fantasma del default tienen como principales destinatarios a los docentes, que se aprestan para la pelea que ya comenzó, con final abierto.


Es cierto que el contexto no es rionegrino, lo generan las demoras y los yerros del gobierno nacional. Se suman lo que en párrafos anteriores describimos como decisiones de los tiempos de bonanza petrolera.


Habrá que preguntarse cómo se compadece un Plan Castello de 500 millones de dólares a pura deuda con la necesidad de contraer más deuda para funcionar. Y se comparte plenamente el desconocimiento del potencial productivo rionegrino cuando se destinan gran parte de ese plan a edificios para albergar más administración pública.


Se dice que los gobiernos muestran su valía en las crisis. Por ahora se visualiza el efecto nocivo del sí fácil, la despreocupación por el gasto, el negar lo que no se puede dar ni cumplir. La toma de decisiones duras pensando en el futuro y no en el aplauso fácil del presente.


Acabamos de entrar en la segunda parte, y como queda dicho no siempre lo escrito por Cervantes se cumple. Será lo mejor para todos.
 

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