Por Marcial Biageti.
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La época del año es propicia para sintetizar en pocas palabras el momento que se transita. Así los optimistas que generalmente son los que gobiernan tienden a reducir a tres palabras su conclusión: fue un buen año. Los moderados son más conformistas: llegamos a fin de año. Los pesimistas, mayoritariamente en la oposición, no le dan vueltas: termina un año horrible. Hay una cuarta categoría que se ubica entre los pesimistas y catastróficos: vamos mal y esperemos, que todavía no terminó el año.


Está claro que no sobran elementos para el optimismo porque las esperanzas en cambios positivos se han diluido un tanto, porque lo bueno que esperamos para este año pasó para el que viene, porque las dificultades se perciben. Porque la inflación que no iba a estar tan alta sigue vivita y coleando, porque el déficit fiscal que iba a bajar aumentó, porque los impuestos que se iban a sacar solo se maquillan. Todo confluye hacia una sensación generalizada de incertidumbre, en la que los datos que indican que podemos complicarnos sobran, y las señales de esperanza no alcanzan para empatar las dudas. Si se tratara del estado de las rutas estamos ante un modesto “transitable, con precaución”.


La política se hace cargo del momento. El macrismo termina el año mordiendo el polvo con las concesiones no queridas en el Parlamento. Los gobernadores de la oposición peronista que durante todo el año negociaron constructivamente y observando la debilidad de la Casa Rosada dan una señal de poder, rechazan la Reforma Política, y regresan a sus provincias para afrontar sueldos y aguinaldos con el botín conseguido en estos meses.


Mientras el gobierno lidia con las agrupaciones piqueteras, promociona el bono navideño y se encomienda a todos los santos para pasar las temidas fiestas como tales, en paz y armonía.


Como muestra de todos estos desencuentros la Patagonia acaba de perder los reembolsos por exportar en sus puertos. Es una manera de decir, porque el principal afectado es el rionegrino puerto de San Antonio Este que hacía de la herramienta del reembolso una posibilidad de mantener su máximo nivel de actividad durante todo el año porque el reembolso se extendía más allá de la fruta a todos los productos. Se trata de una pulseada histórica con Bahía Blanca, que Río Negro acaba de perder y cuyo camino descendente se inició con la concesión del puerto a la actividad privada en 1997, cuando graciosa y perjudicialmente para los intereses de la provincia se privatizó por treinta años la estación portuaria que es la llave de desarrollo permanente de Río Negro.


Con la cesión a los privados se monopolizó el transporte de camiones al Puerto, lo que alineó al gremio de camioneros con el gobierno radical de turno en un acuerdo con jugosas aristas electorales y económicas. La frutilla sobre el postre de este engendro fue tolerar mediante la vista gorda de Vialidad Rionegrina el paso de camiones sin control de su peso por eje con lo que se destruyó prematuramente la ruta del Alto Valle hacia el mar. Ruta que pagan todos los rionegrinos, además de los accidentes que se generan en la calzada derecha hacia la costa que está hundida y ondulada.


El macrismo, que en este caso priorizó su provincia y gobierno estrella, Buenos Aires, compensa con una solución técnica; se bajarán aún más las retenciones a la exportación de frutas en cifras equivalentes a las que se pierden con la quita. Una nebulosa imposible de comprobar. Al menos los 20 millones de dólares de los rembolsos se podían determinar, rastrear mediante la trazabilidad y por sobre todo direccionaba las otras exportaciones que están en pañales como la cebolla, la laja, la lana, la miel y otros minerales hacia San Antonio. Nada de esto último ahora sucederá.


Lo más lamentable es que no solo no hay derecho al pataleo, sino que nadie patalea. Ni el gobierno rionegrino, ni sus representantes en las Cámaras, ni nadie.


Lo que si tiene a todo el mundo en vilo es como se abonarán los sueldos de estos dos meses finales y los aguinaldos. Con la ansiedad reinante un pícaro se pasó de listo y activó en el Facebook del Gobernador un cronograma trucho para los sueldos de noviembre, replicando el del mismo mes del año anterior. Rápidamente el gobierno desmintió como corresponde. La maniobra más que la incertidumbre de los empleados públicos preocupa a las huestes del Alcalde de Santander porque no lo muestra preocupado y esforzándose por la felicidad salarial de su pueblo, objetivo central y excluyente de los esfuerzos de su gestión.


Como muestra de esta devoción inclaudicable y sufrida por los suyos el Gobernador pidió, y por suerte logró, que la fiesta anual del IPROSS que se iba a hacer el viernes 18 se postergara para el viernes 25 para que pudiera contar con su asistencia. La fiesta no será completa porque no estarán los proveedores que siguen en lista de espera con sus acreencias, salvo los farmacéuticos que pudieron cobrar. Los médicos de Viedma cortaron los servicios, aunque lo comunicaron por la positiva: “seguimos atendiendo urgencias” y recién el jueves acordaron una tregua. Igual se trata de una jornada histórica para el IPROSS porque a raíz de efectuarse un día viernes será la primera vez que su titular, Claudio Di Tella se quedará en Viedma. Por esta razón ya adelantó que la semana que sigue se tomará lunes y martes completos, quedándose en Cipolletti como lo viene haciendo desde que asumió.


El gobierno nacional comienza a preocuparse por el nivel de deuda de las provincias. En cuanto a Río Negro tiene razón el Gobernador cuando explica que todavía Río Negro tiene un bajo endeudamiento, lo que augura la transitabilidad de los próximos meses aún en la dificultad por la baja de los ingresos. No obstante eso el Ministro Alfonso Prat Gay está demorando las autorizaciones para la emisión de nuevas Letras, lo que le pone un poco más de emoción e incertidumbre a la cuestión, que será debidamente zanjada por los Licenciados en Letras que presiden el gobierno provincial.


Por ahora las fiestas de fin de año de la administración provincial van camino a concretarse con paz y amor, sin bonos ni paritarias, pero ya pensando en el año que viene.

 

Quejarse es de satisfechos. 

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