Por Marcial Biageti.
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Los condenados en los campos de concentración del nazismo para sostenerse anímicamente borraban el mediano y largo plazo de sus mentes. Sólo extendían sus pensamientos hasta el día siguiente como una manera de mantener su moral alta: “si me sostengo hasta mañana estará bien”. Al día siguiente renovaban su deseo por 24 horas más.


Cuando la expectativa se agota en la cercanía estamos en problemas. Como los equipos de fútbol que dependen sólo del próximo resultado. Ello indica que se está al borde de la ruptura, que no existe la solidez de un proceso que enmarque y sostenga la situación.


Cuando los gobiernos se ponen cortoplacistas en un país sin mediano plazo cualquier situación de crisis los coloca en la cuerda floja. En el pasado cercano el kirchnerismo soportó la marcha por la seguridad de Bloomberg, o la pelea con el campo porque se dieron sobre un proceso de consolidación. Recordemos que Eduardo Duhalde renunció por una represión en una estación de trenes de Avellaneda con dos muertos, Kosteki y Santillán, al estar su gobierno pendiente del día a día.


Río Negro en este segundo semestre entró, no en un día a día, pero si en un mes a mes. No se puede hablar aún de crisis, pero todo indica que se transita hacia ella si la situación no se corrige. Para curarse en salud el Gobernador Weretilneck comenzó a repartir culpas: “dependemos de Macri, si termina con la recesión, volveremos a funcionar correctamente”.


Como venimos diciendo en esta columna la política antiinflacionaria paró en seco la economía, se derrumbó la recaudación nacional y se estancó la provincial. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios calienta las paritarias, a las que las patronales acuden sin margen de negociación. Si no se logran equilibrios, algunos perderán más que otros mientras la crisis se profundiza.


Pero Río Negro muestra otro componente que le otorga dinámica propia al momento presupuestario. Weretilneck, en su rol de Alcalde de Santander tiró irresponsablemente manteca al techo, tal vez pensando que la ráfaga de suerte que cambió su vida y lo puso a presidir la provincia iba a sostenerse por un par de décadas, o eternamente. Como el que saca la lotería en el pueblo y comienza mirar a sus vecinos por encima del hombro porque se trata de gente que no sabe hacer bien las cosas.


En ese estado de éxtasis provocado por concesiones petroleras y recaudación en aumento el Gobernador borró el “no” de su repertorio, y cual tío rico renegó de la necesidad de anclaje político. Nunca tuvo partido y en ese momento con poder y plata entendió que nunca le haría falta. Eran cosas del pasado, de la vieja política o de la gente sin suerte.


Ahora no tiene anclaje político, no tiene plata y se le acabó la suerte. Debe olvidarse de su leyenda brujeril esotérica y timonear un mes a mes angustiante donde la única noticia que interesa es el cronograma salarial. Como los condenados judíos en los campos de los nazis, sólo les interesaba llegar hasta mañana.


Comprar de a 30 motoniveladoras, de a 100 camionetas, subsidiar a organizaciones intermedias de dudosa raigambre, actuar como Papá Noel frente a los gremios, ahora con la escasez le quita autoridad para contar la realidad. Cuesta creerle. “Haremos una obra pública acotada”. Como si hubiera hecho alguna obra pública que vaya más allá de anuncios de licitaciones que inevitablemente se prorrogan por falta de fondos.


Como en las montañas rusas el gobierno del Alcalde de Santander ha transportado a Río Negro hasta lo más alto del recorrido, ahora bajaremos por la simple gravedad a una velocidad que según el pícaro del Gobernador, dependerá de Macri. El hombre, en las malas, no tiene nada que ver: modo Alcalde.


En cinco años no logra explicitar un rumbo de su gestión, entre otras cosas por su estilo y porque no logró estructurar un equipo de gobierno. Su desteñido gabinete tiene una Secretaría General que parece una parada de colectivos adonde la gente acude a manguear pasajes en cantidades tales que al mediodía parece una cancha de fútbol. Privilegio rionegrino al que acceden sólo los viedmenses. Obras Públicas, Desarrollo Social, Turismo, Producción, IPPV, Seguridad, DPA, no se tiene idea de quienes los conducen, y algunos llevan más tres años deambulando por los vericuetos anónimos de los viáticos del fin de semana para verificar sus hogares y domicilios en el interior provincial.


La endeble situación pública de complementa para mal con la parálisis de los privados. Fruticultura, turismo, pesca, minería por el suelo. Sólo hay sonrisas en los ganaderos, por lo que el Gobernador comparte las alegrías y los asados del sector en la muestras de las Sociedades Rurales. Por esta época de los pocos lugares de paz que le hacen añorar aquellos de su primera gestión.


La Secretaría de Trabajo a cargo de Lucas Pica está haciendo historia, ya que la ola de despidos no da tregua. Más de dos mil en la fruta, la Convocatoria de Acreedores de OPS, la parálisis de la construcción denunciada por el otrora aliado del gobierno, el UOCRA Damián Miller, la Minera China de Sierra Grande. Hay ciudades que aparecen como “intransitables con precaución” para el gobierno, como Bariloche a la que la mayoría de los miembros del gabinete, incluyendo el Gobernador, sólo acuden cuando va un funcionario nacional y asegurándose que sea portador de un subsidio.


La montaña rusa lleva en uno de sus carros el déficit de más de 100 millones mensuales con el estado paralizado. En la tercera semana del mes se terminarán de pagar sueldos y horas extras. Pronosticamos la semana pasada la necesidad de emitir 300 millones más en letras. Nos equivocamos, el Alcalde anunció que serán 600 los millones. Se superan largamente los dos mil millones de deuda, y los intereses equivalen ya a un aguinaldo. Es de estricta justicia se otorgue el título de Licenciado en Letras al ciudadano Alberto Weretilneck por acreditados y sobrados méritos en la materia.


El Banco Patagonia impuso el pliego que le asegura la continuidad y seguir viviendo de los intereses de la deuda rionegrina. El bloque del PJ se divide en la votación del pliego, en una prueba de tanques llenos para los votos de la reforma para posibilitar la continuidad de Weretilneck.


A no desesperarse, hay que disfrutar el momento. Se vienen las emociones, estamos en lo alto de la montaña rusa, comienza el emocionante descenso.

Se pueden emitir algunos gritos. Es más, estaría bueno si son muchos los que gritan.


 

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