Por Emilio De Rege
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Cualquiera diría que Enero es un mes difícil para escribir acerca de la economía. Sencillamente, porque nada sucede. En la Argentina de hoy, nada más lejano a la realidad.

 

Nos encontramos en un proceso complejo hace meses, desatado por otros que llevan años. El programa que se está llevando adelante, ya sea buen tino o por necesidad, vive días decisivos con frecuencia. Si esto sale bien, tendremos una base sólida para crecer y mucho. Si sale mal, es todo incertidumbre. Se abre otra realidad para la Argentina. Un respiro? Tal vez en Marzo.


El plan que se encaró en Septiembre rinde los resultados que se esperaban. La Argentina, día a día, sigue corrigiendo sus desequilibrios macroeconómicos. Pero a la vez que se corrigen, no encuentran piso todavía algunos coletazos del programa monetario y fiscal. Los datos de la actividad de Noviembre son malos, muy malos. Si bien la estabilidad macro y las correcciones ayudarán a poner un piso firme sobre el cual construir, también habrá que ir de a poco relajando la política monetaria en cuanto se salga de la zona de riesgo.


En las últimas semanas, el central sobrecumple las metas de emisión monetaria y la inflación arrecia (Diciembre, según mediciones privadas, por debajo del 2%). En los últimos días, los bonos se recomponen y el riesgo país recorta 100 puntos (todavía altísimo), el dólar sigue estable y casi perforando el piso de la zona de no intervención, los peores tiempos parecen haber pasado.


Todas estas son buenas señales para la economía Argentina. La generación de stocks de dólares y el descenso de la inflación son condiciones necesarias para luego descender la tasa. Sin embargo, parece que el paso a un programa menos conservador es todavía lejano. Tal vez el dólar cercano al piso de la zona de no intervención, sumada a una recomposición de la oferta de dólares por la cosecha, lleven al central a retomar su programa de descenso de tasas. Siempre con cautela. Seguramente espere a estar cumpliendo con mayor holgura las metas para soltar.


Será testimonio de esto como hace frente a una eventual caída del valor del dólar por debajo de la zona de no intervención. Puede ser frente a esto el BCRA más o menos conservador. Puede la entidad optar por bajar la tasa de referencia, evitando así emitir, o salir a comprar dólares de a US$50 millones por día. En cualquier caso, será un buen momento.


Recordemos, aunque parezca una obviedad, que no podemos esperar con estos niveles de tasas de referencia que ningún dólar que se liquida, o stock en dólares que se desarme, termine en la actividad económica. Cuando un descenso sostenido de la inflación y la inquietud hacia el tipo de cambio permitan la baja de las tasas, recién ahí se verá algún efecto. Por dos lados. El de la estabilidad y el de alguna política monetaria más relajada. Si bien son causa y consecuencia, ambas operan independientemente alimentando la mejora de la economía.


Políticamente, paso a paso desandamos el camino hacia Octubre. Las declaraciones de Urtubey hacen avizorar un escenario sin muchas novedades. La unidad pan-peronista es cada vez más lejana. Los integrantes del PJ Federal parecieran estar desandando el camino hacia un regreso al Peronismo tradicional. Desterrando cualquier posibilidad de alianza con Cristina Kirchner, apuntan a aprovechar el eventual encapsulamiento del Kirchnerismo debido a la alta imagen negativa de su líder.


Sera acaso que evalúan que un armado que incluya a los K no devendría en una sumatoria de los votos y si los devaluaría individualmente, vaciándolos de concepto. Será que aislarlos, intentando reducirlos a la figura de Cristina Kirchner, podría generarles algún efecto positivo siendo la única opción peronista no kirchnerista. Pareciera que, en alguna medida, saben que les es más conveniente como peor escenario un gobierno de Macri que uno de Cristina. Pareciera que saben que un gobierno de Cristina sería para ellos muy difícil, sino su fin.


El emergente de un nuevo sector político es bueno, a todas luces, para el proceso democrático y para la coyuntura argentina. Habrá que ver con el tiempo si el mismo se termina muñendo de las herramientas para elaborar programas ciertos alternativos. En economía principalmente. No es bueno tener un gobierno con su programa y como opción el abismo. El salto al vacío.


En algún momento se fantaseaba con que el gobierno anterior generaba el caos, porque solo el podía manejar ese caos. Si bien parece una teoría un tanto fabulosa, hoy estamos en una situación similar. No vemos alternativas. Nunca es conveniente que el gobierno, por bueno que sea, se yerga como la única opción.


Sacando las posiciones antinómicas en el discurso con respecto al oficialismo, cuesta encontrar en la oposición ejes programáticos concretos que permitan elucidar cómo sería un eventual gobierno. Se habla de ponerle plata en el bolsillo a la gente, pero no de cómo esto sería concurrente con el programa monetario y el descenso de la inflación. Se quieren congelar tarifas, pero a la vez reducir el déficit fiscal. Mucho voluntarismo. O todo voluntarismo.


Cuanto mejor sería para nuestra economía tener un mínimo de certezas sobre las primeras diez medidas de los eventuales candidatos a la presidencia argentina. Tal vez debiera ser el gobierno quien comience a desandar el camino y presente sus ejes programáticos. Si hubiera un correlato electoral, si alguien votara por la plataforma, seguramente tomaría la elaboración de la misma una cierta relevancia. Al final, la tarea de levantar la vara es siempre del electorado.


Finalmente, una elección de tres fuerzas, pareciera beneficiar a todas luces a Macri. A riesgo de repetirnos, estamos hoy en el peor de los escenarios. Sintiendo los efectos adversos de las reformas pero todavía no los eventuales favores del nuevo programa.


Con todo, la intención de voto del primer mandatario oscila según las mediciones entre los 30 y los 35 puntos. Pareciera que hay una sola bala de plata para el presidente, y sería un desempeño económico de catástrofe. Sacando eso, todo hace suponer que es el piso absoluto. Una eventual polarización, una magra mejora de la economía, un porcentual natural de indecisos que irán para el oficialismo, todo eso lo alejará de ese piso. Ahora, de suceder esto con la economía, se agotan totalmente las posibilidades de continuidad del gobierno mas allá de 2019.


Finalmente, anunció el gobernador que serán el 7 de Abril las elecciones rionegrinas. Como veníamos trazando en la hoja de ruta del 2019 en ediciones de domingos anteriores, era previsible que el se adelantaran lo mas posible los comicios. Con las elecciones en Abril, el gobierno se asegura varias cosas. A saber.


En primer lugar, plantea una campaña corta. La posición de predominancia del partido de gobierno en este sentido es, por lo menos, significativa. A rio revuelto, ganancia del pescador. En segundo lugar, una elección temprana en 2019 destierra los riesgos de nacionalización de la elección rionegrina. Vital para la estrategia del gobernador. Y tercero, aborta a priori cualquier embestida judicial de la que eventualmente pudiere ser objeto la candidatura de Weretilnek.


La semana entrante, en la mitad política de esta columna de opinión, nos dedicaremos al análisis de quienes podrían llegar a ser los contendientes a la gobernación de Rio Negro y de cómo evoluciona la dinámica de alianzas. En la mitad económica, esperemos poder dar alguna buena noticia. Buen Domingo.

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