Por Emilio De Rege.
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Este año ha de haber sido uno de los más largos de la vida de muchos argentinos. Comenzamos con expectativas de crecimiento, el gobierno relajando la política monetaria y en su mejor momento. Terminamos con una inflación del 45%, una tasa de política monetaria del 60% y con la economía cayendo al 2%.

 

Vino un tifón y nos agarró en malla. Todo lo que podía salir mal, salió mal. Y mucho de lo que se podía hacer mal, se hizo mal.


Arreciando los primeros meses del año, la Argentina decide que ya es momento de que tienda a la baja la tasa que pagaba para purgar los pesos que emitía para sostener el déficit fiscal. Que era momento de reactivar la economía. Estas tasas muchos meses daban rendimiento negativo frente a la inflación. Puede discutirse si hubo o no una pérdida de credibilidad del Banco Central (BCRA) luego de la conferencia de Diciembre donde relaja las metas de inflación. Pero estos otros datos son hechos, cosas que eclosionaron en lo que fueron los sucesos de principio de año.

 

En medio de este proceso, internacionalmente se encarece el crédito y muchos de los tenedores de estas herramientas ven un segundo aliciente para desarmar estas posiciones. Como corolario, se reglamenta un impuesto a la renta que generan los mismos para los tenedores extranjeros. A todo esto, la Argentina tenía un dólar en un nivel que a todas luces no era sostenible en el tiempo. Eran los ingredientes para lo que fue posteriormente la corrida. Y la corrida fue. La realidad corrigió lo que la política no quiso. El camino del gradualismo se había terminado por la fuerza.


Cómo estamos ahora


Frente a este panorama aciago, pocas salidas quedaron. El gobierno se vio forzado a realizar correcciones. Y muchas. El programa fiscal y monetario que se comprometió frente al FMI incluye la reducción y posterior eliminación del déficit fiscal, el abandono de la emisión monetaria como última fuente de financiamiento del Tesoro y una política de contracción monetaria que domestique la inflación sin utilizar el tipo de cambio como ancla monetaria o soborno al ciudadano en el año electoral.


Al día de hoy el nuevo programa económico de la Argentina ha resultado en la corrección de numerosas variables. El déficit en la balanza comercial, la inflación a la baja y las metas fiscales. Resta alcanzar el punto en que se haya desandado el camino de la displicencia pasada a tal punto que permita pasar a la normalidad. Y empezar a relajar en alguna medida la rigidez de la cual somos presa hoy. Este estadio no se ha alcanzado todavía. Y los costos colaterales del programa tienden a percibirse más fácilmente que los beneficios.


Todo está en calma, pero falta. El último dato de octubre que dio nuestra economía, el Estimador mensual de actividad económica o EMAE, cayó 4% con respecto al mismo mes de 2017. Sin embargo, el mismo subió 0,9% frente a Septiembre de este año. Como hemos señalado en otras oportunidades, el segundo índice es el que hay que mirar en este estado de las cosas.


La economía puede estar peor que hace cuatro meses, pero aun así mejor que el año que pasó. Y nos llevaríamos la impresión de que estamos creciendo si efectuáramos una comparación errónea. O al revés, con una economía que cayó interanualmente pero que crece mes a mes. No podemos arriesgar que estemos en este proceso todavía, lamentablemente.


Algunos datos de consultoras privadas de Noviembre indican que el PBI cayó un 1,2% con respecto a Octubre. Es uno de los riesgos que venimos señalando, que el apretón monetario tenga efectos mayores a los que se tenía previstos. Sin una mejora en los niveles de actividad, el año que viene podría complicarse el frente fiscal. Hoy tenemos recaudación creciendo como la inflación y gastos licuados. En algún momento, esto se corregirá. La recaudación crecerá al ritmo de una inflación decreciente y será necesario crecer para equilibrar la actualización de todos estos gastos que están hoy rezagados.


El pago chico


En nuestra provincia y nuestra región las noticias son muchas, pero nada novedosas. Hasta ahora, las elecciones provinciales serán pronto. Las locales, mas pronto. La alianza del gobernador con el PJ Federal se cristaliza. Foulkes pareciera haber seleccionado su terna para sucederlo, pero no ha dicho cómo se dirimirá la cuestión y el peronismo irá partido en Viedma en, por lo menos, dos partes.


A nivel provincial, se descuenta ya que las elecciones no serán más allá de Mayo. El gobernador parece el candidato excluyente del oficialismo y solo faltaría la resolución de su vice. Dentro del arco opositor encontramos a un sorismo volcado hacia un Frente para la Victoria reeditado, con gran cantidad de afluentes desde movimientos sociales y con sus nuevos socios de RIO. Falta la definición de la alianza Cambiemos, de una ingeniería interna un poco más compleja que los monolíticos Juntos y del Frente para la Victoria.


En Viedma, con un peronismo dividido, parecen aumentar las posibilidades de continuidad del partido de gobierno. Basta ponderar qué cantidad de votos corresponde al partido de gobierno de los de la colectora que llevó en las últimas elecciones y cuántos al autodenominado progresismo. Que tributaria hoy al peronismo sorista. Pero no nos equivoquemos. Pichetto irá solo, pero Viedma podría convertirse en una batalla en la guerra por la gobernación, con una previsible polarización entre el candidato de Soria y el de Weretilneck. El oficialismo de la capital, con su referencialidad nacional lejana en Octubre, podría llegar a quedar preso de una polarización de la que no es parte.


Por último, se antoja que dentro del acuerdo con el gobernador no está solamente la intendencia de Viedma y algunos legisladores. En los planes de Pichetto ha de haber una opción de máxima, pero necesariamente también una de mínima. Un golden parachute de la aventura del PJ Federal nacional que pueda garantizarse aunque el proyecto nacional naufrague. Una salida elegante que le garantice conservar la pieza fundamental de su armado político. Su senaduría.


Para esto, nada mejor que aprovechar la coyuntura provincial. En Río Negro, en la última elección presidencial, El kirchnerismo obtuvo la mayoría de los votos, siguiéndole Massa con lo que podría antojársenos un peronismo no kirchnerista. Estos votantes bien podrían ser seducidos en esta oportunidad por el PJ Federal. En aquella oportunidad, de haber llevado candidatos en la provincia el massismo tendría un diputado. Este año, bien podría incluirse en el acuerdo del gobernador con Pichetto el llevar candidatos y una opción nacional en Octubre.

 

Será un verano movido. Después de un 2018 difícil, digamos igualmente un feliz año. 

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