Tamaño letra:

 

En esta semana, sin grandes novedades más allá del G20, podría decirse que el BCRA salió a dar certezas y respaldar su programa monetario. Si bien la semana pasada habíamos hablado de una serie de variables que eventualmente sumarían imprevisibilidad, luego de un par de días, y con el BCRA saliendo a absorber pesos, se volvió a los niveles de normalidad en la divisa.


La buena noticias serían que al cierre del mes de noviembre, y con una inflación que se espera termine alrededor del 2%, la tasa está casi en 60%. Con una política de mayor absorción, según anticipó para Diciembre Sandleris, con baja de tasas se puede pensar una tasa bastante más baja para comenzar 2019.

 

Recordemos que es necesario un descenso de la inflación sostenido para que se habiliten las modificaciones más allá del piso acordado con el FMI.


En la política nacional, el protagonismo del G20 fue excluyente. Y con el mismo, el de un gobierno que intenta retomar la robustez no solo económica sino electoral. Si bien internacionalmente son los países emergentes quienes esperan con ansia un resultado provechoso, los meses venideros se antojan clave para Macri.


En este sentido, los vínculos construidos por el gobierno a nivel internacional son un punto fuerte y el gobierno aprovechará la cumbre para mostrarse como el motor de un cambio regional. Con una economía que todavía no da signos de mejora, pero sí de calma, puede ser el G20 el inicio hacia la recuperación de la iniciativa y del capital político perdido en 2018.


Con alrededor de un treinta por ciento de intención de voto, debe capitalizar al máximo una eventual paz económica para comenzar a pensar en desandar el camino hacia un segundo mandato. En otras ocasiones hemos analizado la intención de voto de Macri como altamente ligada a los resultados económicos, pero con un nivel de votantes sufridos, alto que necesitan poco para volver, por conformidad o por falta de otras opciones votables.


El espaldarazo que puede suponerle al presidente el apoyo internacional va más allá de la reactivación de los corredores viales, las inversiones en Vaca Muerta o el aumento de las exportaciones de soja a China y de carne a Estados Unidos. En un año que ha sido el peor del gobierno, lo que falta dentro a través de opiniones y de resultados viene desde afuera.


Los elogios de los mandatarios extranjeros son un bálsamo en su peor momento y no pudiendo todavía mostrar resultados. Hay que llegar a Abril competitivos políticamente. No alcanza con el votante que analiza el flujo de las exportaciones y el déficit fiscal. Hay que mostrar resultados tangibles.


El kirchnerismo, en el peor momento de percepción de la población acerca de la economía, saca del arcón de los recuerdos cifras viejas y discursos románticos. Una contienda electoral en 2019 atravesada por el factor económico podría no encontrarlo en su mejor momento. De esquilmarse el capital electoral del otrora FPV, estaríamos ante un escenario diferente. El oficialismo quedaría solo y acapararía toda la referencialidad de la elección. La polarización sería, simplificando, Macri si o Macri no.


El año que viene las elecciones van a estar atravesadas claramente por el desempeño de la economía. Hay quien dice que si, en el peor momento de su gobierno, Macri mantiene mas del treinta por ciento de intención de voto, un discreto repunte de la economía y el efecto de la polarización serían suficientes para asegurarle un segundo mandato. Pero, con quién ocurriría esta polarización si ni el kirchnerismo, ni el PJ federal dan muestras, o siquiera ilusiones, de formar un frente competitivo que realmente dispute el poder con vocación de formar gobierno.


Estaremos así ante una polarización con el gobierno como protagonista excluyente, un plebiscito de la primera gestión de Macri. El gobierno, de darse así las cosas, lucrará con este protagonismo y la dispersión ajena. Pero también estará interpelado en solitario acerca del curso de la economía. Solo. No siempre es más cómodo ser la única opción, tener como alternativa el abismo. Ser el único responsable de una realidad compleja. Hoy el abismo parece lejano y lo que tiene que empezar a comunicar el gobierno son resultados. Puede que su electorado esté dispuesto a darle una nueva chance. Si es que le dice hacia dónde va.


En Río Negro, el gobernador como candidato excluyente de Juntos a las próximas elecciones ya casi se da por descontado. Esta semana desfilaron por los medios diversos referentes del partido de gobierno brindándole su apoyo. No es para extrañarse, es el engranaje central del poder oficialista. La punta de la pirámide. Si todo sigue como hasta ahora, habrá sido un proceso de selección predecible.


La elección de Weretilneck nuevamente como candidato no responde solamente a un criterio electoral, sino político. Sería por lo menos difícil imaginarse que otra figura, aun con el apoyo del gobernador, lograra aglutinar bajo de si la pluralidad de personajes que se perfilan a formar parte de la, llamémosla así, opción Weretilneck . Desde Pichetto, pasando por el intendente de Bariloche, hasta una eventual incorporación de figuras en una eventual alianza con el partido de gobierno a nivel nacional.


La derogación de las PASO pone al gobernador con un pie de ventaja por sobre sus adversarios. La PASO es un disciplinador y ordenador natural para los frentes electorales, por lo menos variopintos, que tiene Rio Negro. En su caso, el disciplinador es él. No las necesita. Pero seguramente se verá favorecido con el desorden ajeno.


Además, no lo olvidemos. Es una elección a gobernador, no es una elección legislativa. El votante vota certezas. Un partido que no puede ordenarse internamente, difícilmente logre llegar a la sociedad como una propuesta de eventual gobierno cierta. Frente a eso, ser el partido de gobierno facilita las cosas.


Finalmente, y haciendo una reflexión acerca de los tiempos aciagos que le ha tocado atravesar al gobernador, en qué cabeza cabe que un mandatario transite las aguas turbulentas de los últimos años para luego abandonar el poder en la calma. Por más cercano que sea el delfín, las perspectivas de un futuro cercano por lo menos calmo hace suponer que cualquiera se quedaría a gobernar en las buenas épocas. Los tiempos arrecian y, de adelantarse las elecciones, el verano será el tiempo de las definiciones. Y el verano ya está llegando. 

Comentarios

Video del día

Noticias Relacionadas