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En las últimas semanas hemos asistido a una estabilización del dólar cercano al límite inferior de su banda de flotación, una incipiente desaceleración de la inflación y un descenso del riesgo país. De seguir según lo previsto, el año que viene parece la tormenta perfecta de crecimiento para la Argentina, por factores externos e internos. El estado de emergencia debiera dar paso a resultados palpables para el argentino medio.


Ahora, no se gobierna solo con la macro. Dadas las actuales condiciones de la inflación con expectativa a la baja y con un dólar calmo, el nuevo desafío será poder lentamente llevar la tasa de interés a niveles más bajos. No hay posibilidad de un repunte significativo de la economía con tasas tan altas. Es menester ahora retomar la senda del crecimiento. Que esta tranquilidad que se ha generado luego de las correcciones en materia económica no sea la tranquilidad de los cementerios.


El tutelaje del gobierno y lo consecuente que sea con el plan económico es clave. No sea cosa que, dado que 2019 es año eleccionario, se vuelva a atrasar el tipo de cambio, se baje abruptamente la tasa o se generen desvíos del camino fiscal y monetario que, con gran esfuerzo, hemos emprendido. El gobierno tendrá en este sentido que seguir, día a día, tomando decisiones impopulares. Ese es el plan. Generar a través de este ingente sacrificio de capital político, las bases para el crecimiento.


Políticamente el gobierno tiene a su favor que, como ya hemos dicho en otras oportunidades, Macri parece tener una base electoral sufrida y bien dispuesta a los sacrificios. Habiendo logrado magras mejoras o mera estabilidad de las principales variables, y sin efecto inmediato en la economía más que recesión, la imagen del presidente se recuperó en las últimas semanas. No parecen ser todas nubes en el horizonte reeleccionista de Cambiemos. O más bien del presidente Macri. Hablan finalmente de esto los gobernadores peronistas, despegando en casi todos los casos sus elecciones de las nacionales.


Un párrafo aparte merece el tratamiento del presupuesto en la cámara de Senadores. Aunque terminarán perdiéndose en el anecdotario parlamentario, hay dos temas que importan más por la forma y por quienes los llevan adelante que por el fondo.


Por un lado, el tironeo con los gobernadores por el fondo sojero. Si bien seguramente se dirimirá en una negociación por algún dinero para las provincias, reaviva el debate acerca de lo conveniente o no para la gobernabilidad de haber cedido tanto a las provincias, tan pronto.


Por otro, el senador Pichetto que reclamando esta vez la morigeración de alguna medida impositiva hacia la clase media, ensaya una vez más un rol de interlocutor del gobierno que no se agota en lo parlamentario.


En Río Negro, prevalece la atomización de los partidos políticos y sus protagonistas. El del gobierno, Juntos, se encuentra en un estado de constante mutación. Con la mirada puesta ya en las elecciones de 2019. Lejos de definir en un futuro cercano al candidato y con rumores que van desde una dupla del gobernador en fórmula con el hijo del Senador Pichetto, pasando con extrapartidarios y miembros del gabinete, el gobierno se focaliza en la ampliación de su base electoral. En ampliar la oferta. Esto, impacta a propios y a ajenos. Principalmente a peronistas propios y peronistas ajenos.


Si uno tiene que arriesgar, pareciera que el gobernador piensa en una opción A y una opción B. La primera, constituyendo una coalición del partido de gobierno con Pichetto y el PJ Federal para poner luego fecha de elecciones desdobladas de las presidenciales en Abril o Mayo, evitando así la nacionalización del electorado. De no ser posible y de nacionalizarse de manera extrema y tempranamente, la opción B. Formar parte de la polarización armando un Cambiemos a la rionegrina con el aval del gobierno nacional. Como dijimos la semana pasada, todo al son del desempeño de la economía.


El acercamiento al gobernador del pichettismo y las expresiones de sus protagonistas rechazando el liderazgo monolítico de Soria no hacen más que transparentar un secreto a voces. No parece avizorarse en el horizonte nada cercano a la unidad peronista. Una vez más, el justicialismo llegará en sus versiones más diversas a las elecciones. Cada sector, con desafíos diferentes.


El sector del PJoficialista; no desdibujarse ante la inminente llegada a la alianza electoral de los referentes del PJ Federal, primordialmente Pichetto. De cara a esto, No es casualidad la beligerancia de las palabras del vicegobernador Pesatti cuando se refiere al gobierno nacional y al modelo económico. Una diferenciación dentro de la coalición. O cuando para establecer un contrapunto con Soria, lo expone como centralista, concentrador de la riqueza y conservador. Intenta encarnar la izquierda peronista dentro de la alianza en ciernes.


El PJ Federal, encontrar su espacio en una coalición electoral que ya se ha cristalizado a través del tiempo y la gestión de gobierno. No solo en el reparto de los cargos, sino en la imbricación en la estrategia, en el discurso y en la forma en que le restará desde este nuevo armado votos del peronismo tradicional a Soria.


Finalmente, el PJ Sorista debe desafiar no solo a un gobierno provincial que, no contento con tener una pata peronista, ensaya tener peronistas con un discurso diverso. Por otro lado, y como hemos señalado antes, el discurso sorista es más bien sectario y romántico. Si hay un reverdecer ideológico del sector, puede volver a tener vigencia. Si no, tiene el riesgo de terminar identificándose con la minoría testimonial en que parece estar sumiéndose el kirchnerismo.


Para cerrar, Cambiemos. El partido que tiene una franquicia más potente, tiene también que soportar todo el peso de las medidas correctivas nacionales en el corto plazo. Debe cuidar sus figuras como nunca. Al revés que Juntos, cuanto mejor le vaya a la economía, tanto mejorará su cotización en Río Negro y su capacidad de maniobra. No solamente por una cuestión de valoración electoral, sino también por la necesidad de eventuales aliados de no quedar desdibujados en el plano nacional.


La semana que viene desandaremos el cómo de los diversos actos eleccionarios del año que viene. ¿Prevé el Gobierno una elección temprana para evitar una nacionalización de la misma? ¿Hasta dónde están inhabilitados los candidatos que no pueden repetir un nuevo período en su cargo? ¿Primará en los municipios la voluntad de los Concejos?

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