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Esta semana, todo estuvo eclipsado por el tratamiento en Diputados del presupuesto y la aprobación del nuevo acuerdo con el FMI. Con minoría parlamentaria, el gobierno echó mano a sus aliados políticos, cobró viejos favores a los gobernadores y garantizó nuevos. Macri se está jugando un pleno a que el paquete de medidas de estabilización funcione, la economía se estabilice y el gobierno aguante la presión hasta que recupere dinamismo.


Las medidas correctivas, sin embargo, no se tomaron. Sucedieron. Macri empezó el año gobernando un país y termina gobernando otro. Por errores propios, ajenos y con una coyuntura internacional por lo menos adversa, el gobierno se contenta con decir que estamos atravesando el 2018 sin una hiperinflación ni un default.


Obviando la discusión acerca de lo acertado o no del plan, lo que es innegable aun encarnando la solución en el mediano plazo, se prevén meses aciagos para la economía y los argentinos. El dato del nivel de actividad económica de Octubre y una inflación un poco más moderada en Noviembre indicarían, sin embargo, que lo peor ya pasó.


Todo está puesto en los resultados económicos a mediano plazo. Aclaremos que, en Argentina, mediano plazo son seis meses. Tanto la aprobación del presupuesto como la del acuerdo con el FMI traen oxígeno en este sentido. Con los vencimientos de deuda cubiertos hasta 2020 y los primeros desembolsos, debiera generarse un clima de confianza que traiga primero tranquilidad cambiaria y luego, gradualmente, un descenso de la tasa. No antes de enero.


Ahora, alguien diría que el gobierno gasta capital político en aprobar medidas, entre ellas el presupuesto, que le hacen perder este capital. Quien dice esto no dimensiona la serie de hechos adversos que hubieran desatado un resultado adverso en cualquiera de las dos cuestiones. Siendo prudente, solamente la no aprobación por el directorio del FMI del plan por falta una votación negativa en Diputados, hubiera llevado al gobierno y a la Argentina a la ruina.


La aprobación del acuerdo con el FMI por parte de su directorio significa mucho más que los 12.500 millones de dólares entre Noviembre y Diciembre. Por este blindaje cambiario encubierto, la necesidad de liquidar en el mercado US$5.000 del Tesoro y el ingreso de la misma cifra de aquí a Diciembre por exportaciones de trigo, debiera haber por lo menos paz cambiaria.


Políticamente, y más allá de algún fuego de artificio dentro de la alianza de gobierno, el peronismo ha sido protagonista. Ya sea por su rama reaccionaria, asimilable cada vez más a la izquierda. Ya sea por las reuniones de Massa con Ricardito Alfonsín y el Socialismo. Por el relanzamiento de Felipe Solá, o por las declaraciones del Senador favorito del diario La Nación, Miguel Pichetto.


El peronismo se encuentra hoy atomizado, por lo menos, en cuatro partes. Las dos en que se escindió el massismo, el autodenominado peronismo federal y los despojos del otrora monolítico y avasallante kirchnerismo. El armado de todos estos sectores, candidaturas y bloques suple dos necesidades. La primera, en el caso de que no se logre un frente de unidad. Casi de lógica parlamentaria. Atomiza y amplía la oferta justicialista. Otra, para el caso de un frente. Y es que, no se cobra lo mismo en los arreglos yendo de a uno que teniendo algo armado. Hablando mal y pronto. En ambos casos, esta dispersión cumple un cometido. Externo o interno.


En Río Negro no habrán mayores definiciones antes de que se vean resultados. Positivos o adversos. El gobierno provincial está necesariamente atado a los resultados que surjan de las medidas correctivas de Nación. El malhumor social siempre perjudica, necesariamente, a los oficialismos, pero también resultados positivos podría nacionalizar el año electoral, dado el discurso radicalizado de Soria y el pan-kirchnerismo. Es que, la avenida del medio en la que puede transitar el partido de gobierno provincial se hace más ancha o más angosta según empeora o mejoran los números del gobierno nacional.


A su vez, hay que sumarle a todo eso el dato no menor que sería un eventual colapso del kirchnerismo, sector partidario de Soria, y su reubicación en el esquema político como un partido radicalizado y cuasi testimonial. En la última sesión del Congreso de la Nación y en varias elecciones recientes, pueden ser indicadores de este derrotero.


De esta semana pueden rescatarse dos cosas. El apoyo del gobernador al presupuesto y su foto con el senador Pichetto. A riesgo de ser reiterativos, quien no entienda la importancia del gobernador en la política rionegrina, no entiende a Río Negro. Lo que haga o deje de hacer Weretilneck será, como lo ha sido siempre, lo más importante de aquí a las elecciones. Él elige la fecha de las elecciones, él decide intentar o no ser candidato nuevamente, él comanda el gobierno y el armará o no un frente con Pichetto, un Cambiemos a la rionegrina, o irá solo. Todos los demás bailan al son de sus decisiones.


Hasta que no aclare arriba, no aclara abajo. Llevado al pago chico, Viedma, en cuanto se disipen los nubarrones de la economía o la misma colapse, florecerán nuevamente los candidatos.  

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