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Todo hacía pensar este martes que Caputo o el paro general serían alternativamente los protagonistas de las editoriales dominicales. Nada más lejos de la realidad. En la política y la economía de 2018 los hechos se suceden a un ritmo en el que las discusiones de hoy mañana quedan en abstracto. En este contexto analizar la renuncia del banquero central o el paro sería inútil.


Permitiéndonos sin embargo una sintética reflexión, podemos hablar de la renuncia de un banquero central que fue más fusible de lo que parecía y creía necesario para el desempeño en su cargo, tal vez más herramientas de las que le proveía el nuevo acuerdo con el Fondo. Por otro lado, y siempre con la ventaja del diario del lunes, permitámonos creer que se previó que la renuncia fuera contrarrestada luego por el impacto del acuerdo con el Fondo y no se trató de un desplante de un funcionario mientras el presidente de la república se encontraba de gira intentando llevar calma a los inversores.


Del paro, que más decir que mientras el salario sigue en niveles de escándalo con respecto a la inflación, no parece haber generado un efecto de relevancia. Habrá que dar tiempo al tiempo para elucidar si esto tiene que ver con el estado de tormenta en que se realiza el mismo, o si han cambiado los tiempos y los sindicatos tendrán que buscar nuevas formas de protesta y de relacionarse con la opinión pública.


Sin más, llegamos a lo principal: la renegociación del acuerdo con el FMI. El mismo bien puede se caracterizado como un seguro externo al gobierno de Mauricio Macri. La mayoría de los desembolsos será en los dos últimos años del mandato del oficialismo. En 2019, año en el que Macri buscará su reelección, el Fondo girará casi US$ 23.000 MM. Parece ser que la vieja teoría, algo simplista, de los años pares y los impares tiene más vigencia que nunca. Se disipan totalmente las dudas acerca de la capacidad de pago del gobierno argentino.


Pasamos de un escenario de falta de dólares y muchos, a tener más de los que vamos a necesitar según los cálculos del Ministerio de Economía. El Gobierno espera pasar de una inflación del 45% anual a una del 23%. A la disciplina fiscal se sumará la monetaria. El BCRA secará la economía para bajar la inflación. Con salarios reales y consumo abajo, la apuesta para crecer es el mercado externo y la inversión. El sector energético reportando saldos exportables y el PBI agropecuario en niveles récord son puntales del modelo.


Finalmente, la política monetaria anunciada implica que el dólar pasará a tener bandas de flotación móviles, aumentando a razón de 3% por mes. Cuando el dólar perfora hacia arriba o abajo los límites de la banda de flotación, el BCRA interviene. La forma en que controlará el ascenso de los precios y el dólar será preponderantemente a través de agregados monetarios, en este sentido el compromiso de no emisión es importantísimo en el conjunto de los anuncios. En los días anteriores a la flotación por bandas, el dólar se ha apreciado en gran medida. Habrá que ver si se reubica cercano al centro de la banda de flotación, que es lo más conveniente por supuesto.


Ahora, esto es el futuro. Mas, vivimos en el presente. Las variables van de a poco mostrando la magnitud del coletazo de las medidas en la economía real parecen estar. La semana pasada, el aumento del desempleo y ésta la de la pobreza. Ambas, si bien con análisis mixtos, aportan los datos para adivinar un segundo semestre de 2018 muy complicado. Esto es tal, que aun cuando se leen mal los datos o de forma antojadiza, se validan los negativos hasta desde el Estado por la potencia de la convicción de que tendremos un final de año malo. Muy malo.


Yendo a los extremos en esta mezcla de estadísticas tan poco conveniente, en nuestra ciudad el dato de desempleo prácticamente se duplica en la última medición mientras la pobreza desciende. Todo parece indicar que viviremos dos semestres en espejo; uno comenzando muy bien y terminando mal, contra un segundo comenzando muy mal y finalizando bien.


Finalmente, y con un sentido de la oportunidad por lo menos osado en una semana repleta de noticias, el Peronismo Federal ha hecho público un video que hace referencia de una eventual alianza entre Massa, Pichetto, el gobernador de Córdoba y el de Salta. La factura del video es impecable y todo hace suponer, por lo menos por la estilística ya que no tiene texto, que es claramente una diferenciación con el justicialismo más combativo y de discurso radicalizado en contra del gobierno.


El armado del Justicialismo es una de las grandes incógnitas para 2019. En una elección que hoy se vislumbra de tercios, habrá que ver qué sucede entre los compañeros. Aun logrando la unidad, o la no participación del sector que responde a la ex-presidenta , no es seguro que los votos que otrora la votaren migrarán a una opción peronista tan conservadora como la del video del Peronismo Federal. Cabe preguntarse acaso si alguna unidad es todavía posible.


Desde Cambiemos, parece patente todo el tiempo que si no se acomoda la economía, peligra la supervivencia del proyecto todo. Como postulábamos la semana pasada, el votante de Cambiemos es fiel. Y es sufrido. Pero estos resignamientos responden en todo caso a la convicción de que se está en el camino correcto. Son necesarios hechos de la economía que respalden la gestión macrista, más allá de la energía, más allá del apoyo internacional y más allá del FMI.


El correlato en Río Negro es claro y los protagonistas, con la excusa de que la emergencia nacional no permite especulación política, desensillan hasta que aclare. Las ramificaciones de cada suceso económico y político nacional desatan nuevos escenarios en nuestra provincia. La semana entrante, si la realidad nacional lo permite, nos dedicaremos a reflexionar acerca de la intrincada realidad política rionegrina y viedmense. Hablaremos de fechas, partidos, sellos y candidatos.

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