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15 días. Hace 15 días hablábamos de dolarización, acciones de algunos bancos habían llegado a perder el 60% de su valor, el riesgo país estaba en máximos de 800 puntos y los medios se preguntaban si había que dolarizar, si había que reestructurar la deuda o si el problema era Macri. En una semana la Argentina pasa de un estado de alerta permanente a un virtual estado de relanzamiento del plan económico.


Todo cambió. Nada tan simbólico como lo ocurrido con una nota titulada del Financial Times ‘Inversores tienen el temor de que la crisis financiera precipite la partida de Macri genere el regreso de políticas populistas‘. Parece corresponder a una realidad paralela. Tan rápido cambia la realidad económica y política argentina, que las editoriales de los medios internacionales caen en el anacronismo a una semana de ser escritas.


La semana pasada los bonos argentinos comenzaron a reverdecer, literalmente, en las pizarras. El riesgo país comenzó a descender hasta perforar hoy los 600 puntos y el dólar bajo por primera vez desde hace tiempo sin intervención del central. Los capitales vuelven tímidamente y los mercados acusan recibo a la corrección del rumbo de Macri; La batería de un presupuesto profundamente restrictivo, el magro crecimiento de los billetes en circulación al 9,6% interanual, el acuerdo con el FMI con presuntos US$ 70.000 totales, con la mitad llegando antes de fin de año y la calma cambiaria, parecen haber surtido efecto.


Sería un simplismo atribuir solo a una de las medidas tomadas el correlato en el análisis de los mercados. ¿Es la restricción monetaria? ¿Es la corrección del déficit? ¿Es el acuerdo con el Fondo? ¿Fue la reunión con los gobernadores? Es un poco de todo, son tan importantes las medidas pasadas como las futuras. Esto, tal como se ha demostrado en el transcurso de la crisis, es multidimensional y más parecido a una película que a una foto. Atribuir a una sola causa el reverdecer de la política económica de Macri, sería como atribuir la crisis a una sola causa. Nada mas erróneo.


Por otro lado, es indudable que la crisis ha hecho mella en el capital político del gobierno, y las soluciones a la crisis lo harán pronto. Todas las medidas que se han tomado para salir del estado de inquietud monetaria tendrán su correlato en el nivel de actividad y en las expectativas en la economía. Los coletazos de la crisis no han terminado. El primero fue el del nivel de empleo y sus casi dos millones de personas buscando trabajo. Políticamente, habrá que ver cómo el gobierno luego de domar la bestia reconstruye todo lo que rompió para hacerlo.


Aún si todo hubiere pasado, el estado de zozobra solo da paso a un estado de constante reforma según lo previsto. Con disciplina fiscal y su correlato en la emisión monetaria. Esto en propios y ajenos. La justicia con que se han trasladado partidas presupuestarias a provincias y a municipios no debe transformarse en displicencia. La Nación deberá tutelar de manera más estricta a las provincias y a sus estructuras. Si bien esto no es fácil en un año electoral, es esperable que la recuperación política del gobierno le sirva de herramienta para lograrlo. Con especial cuidado en las actividades generadoras de dólares y en nuestra estructura productiva, el aliciente productivo del tipo de cambio alto puede ser solo un bálsamo para palear problemas estructurales que de ninguna manera pueden posponerse indefinidamente sin un correlato en la calidad de vida de los ciudadanos. No podemos permitirnos vivir en un loop eterno devaluatorio. Si esto ya pasó, queda mucho por resolver. El nivel de gasto público, déficit fiscal y presión tributaria son parte de ellos.


El gobierno muestra algunas decisiones numerosas fallas. Esto parece cada vez mÁs impactar en la coalición. Los dirigentes que componen Cambiemos tienen umbrales de tolerancia diferentes frente a las medidas que consideran erróneas o injustas. No hay duda de que en este contexto, será un tema a analizar internamente en el corto plazo.


Si bien por un lado es imposible obviar que la performance económica es una de las variables más ponderadas por el votante cambiemos, con un gran componente de volatilidad por cierto, todo parece señalar que su disposición al sacrificio es mayor si se avizora un horizonte certero. Es así que si estamos ante un real final de la crisis, solamente con un par de certezas alcanzará para conformar al sufrido votante macrista. No así a muchos de sus dirigentes y decisores.


Si bien estas semanas la política ha estado profundamente influenciada por el quehacer económico, la nueva medida judicial de Bonadío en contra de la expresidente Kirchner, pone un pie dentro de la política y la influye. Podría hasta ser el problema más grande viene para el futuro político de la coalición de gobierno. Con un nuevo procesamiento y pedido de prisión de Cristina Kirchner, la posibilidad de que la expresidenta vaya presa queda bajo el arbitrio exclusivo del Peronismo Federal. No sea que termine esto siendo moneda de cambio en la tan mentada unidad peronista. No sería la primera vez que las externalidades influyan en el quehacer político de la república argentina.


Hoy, a diferencia de hace una semana, todo parece indicar que de cristalizarse en el tiempo, y si se pueden morigerar los coletazos negativos de la restricción monetaria en la economía real, el gobierno de Macri se encamina a una reconstrucción del número perdido. Pero como repasábamos al comenzar la columna, las noticias argentinas tienen fecha de vencimiento.
 

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