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Los argentinos nos encontramos escindidos entre la realidad económica y la mueca. Por un lado, la economía atraviesa un estadio de transición que, si bien fue bien tomado por los mercados internacionales, sigue en un estado de zozobra en el local. Por el otro, nos encontramos con que se instalan en la opinión pública temas y protagonistas políticos antojadizos. La presencia de los mismos hablan de la ausencia de personajes de referencialidad cierta. Que tengan algo para perder.


El funcionario de Trump, Moreno, hasta Nielsen ocupando las primeras planas, son el símbolo de algo. El panorama político se enrarece al son de la economía, las figuras de relevancia nacional no reclaman mayor protagonismo en la situación actual. Esto determina una inusual presencia de figuras naturalmente marginales, sin desmerecer con esto a nadie, dentro de nuestra vida política. Lo preocupante es que, justamente cuando podríamos ver un reverdecer de las alternativas y las ideas económicas de todo el arco político, encontramos silencio.


Tal vez por mesura. Tal vez por oportunismo político, para desensillar hasta que aclare. Tal vez porque la economía es una disciplina en la cual adolecen del suficiente conocimiento es que todos callan. Más allá de alguna queja con respecto a las tasas, al nivel del dólar o a la aceleración inflacionaria, no parece haber en nuestra dirigencia gran factura técnica desde fuera de la dinámica del gobierno, donde esta se mezcla con el devenir natural de la economía.


Hay dos hechos cuyo correlato mediático da cuenta de este inusual protagonismo de la marginalidad; Uno ha sido el comunicado de la Comisión de Economía del PJ, presidida por Guillermo Moreno, hacia la presidenta del FMI solicitando no se apruebe el nuevo acuerdo con la Argentina, ralentizando la llegada de fondos a la administración Macri, aduciendo que la adquisición de estos empréstitos de manera anticipada consistiría un desfinanciamiento del próximo gobierno.


No haciendo ninguna apreciación acerca del valor que puede llegar a darle Lagarde a la carta de Moreno, esta pone a las claras un enfrentamiento frontal de cierto sector político justicialista en contra del plan económico y de contingencia del gobierno. Esto ya no van en contra del modelo neoliberal y el gobierno. Esto va contra el plan de contingencia del Gobierno en materia monetaria y la estabilidad.


El futuro del gobierno de Macri sin la aprobación del acuerdo es muy malo. Y operar en este sentido tiene un claro sentido, no hacen falta más palabras para ilustrarlo. Sorpresivamente, en un principio, quien salió a defender el comunicado de Moreno ante una avalancha de críticas, más que nada del arco político y económico, fue Guillermo Nielsen.


El otrora secretario de finanzas de Cavallo y uno de los artífices del canje de deuda de 2005 adujo que no hay ninguna mala intención en el comunicado del PJ, pero finalmente se baja del grupo que firmó la carta del PJ porque llevó a malos entendidos. Ironías de la vida, en algún momento los bonos emitidos en el canje de Nielsen, te pagaban o no al son de como Moreno mentía la inflación cada año. Queda para más adelante ver si realmente este acercamiento entre figuras, si se quiere, de diversos sectores del PJ tiene que ver con un plan estructural en la constitución de un frente común electoral. Será más adelante.


La otra de los sucesos de la semana corresponde al reverdecer, debido a las declaraciones de un funcionario de la administración Trump, de las posibilidades de que la Argentina adopte un sistema de dolarización como solución a las penurias que viene atravesando en materia monetaria e inflacionaria en los últimos setenta años. Sacando que contextualizándolo, seguramente sea más una declaración de apoyo ante los planes futuros de la argentina que una hoja de ruta, hay que ahondar un poco acerca del tema. No demasiado ya que no amerita.


Es un error analizar estas opciones en abstracto, quitándole toda contextualización e imbricaciones en la economía argentina. Las buenas ideas, o buenas políticas dependen también de las circunstancias en las cuales se aplican, su aplicabilidad cierta y sus consecuencias al corto y a largo plazo en los diferentes escenarios que deberá enfrentar nuestro país a lo largo del tiempo.


La Argentina tiene grandes problemas de déficit fiscal, de competitividad, de costos internos, que seguirían persistiendo aun si cambiáramos esa única regla de la economía. Si bien el derrotero inflacionario y de sucesivas devaluaciones, que ha esquilmado la capacidad de ahorro y la economía argentina toda, hace necesario un replanteo de nuestra política monetaria; no parece ni cercana, ni beneficiosa, ni posible una dolarización en la actualidad.


Retomando el lado de la realidad económica, la semana que pasó ha errado con una mejora notable en la percepción internacional de nuestro país, con su correlato en una baja notable en los niveles del riego país. Por otro lado, el control del valor del dólar parece generar incertidumbre y genera inquietud en un contexto de pocos oferentes, un estado que debe moderar su intervención, el desarme de letras y las expectativas sobre la economía, por lo menos mixtas.


Por un lado las previsiones económicas dan por descontada una inflación de más de 43%. Por el otro, el proceso de desarme de LEBAC sigue su curso y este martes tendrá una de sus fechas clave. El BCRA no solo desarmará letras por 150.000 millones de pesos de tenedores privados, sino que además de este monto prevé reabsorber 100.000 millones de pesos adicionales a través de otros instrumentos. Si todo sale bien, esto debiera llevar cierta tranquilidad al mercado cambiario, restándole cada vez más protagonismo a las LEBAC en este escenario adverso y a la presión inflacionaria del exceso de pesos.


El hecho político de la semana, sin lugar a dudas, ha sido el acuerdo con los gobernadores acerca de un presupuesto sensato y equilibrado en 2019. Con el correlato en ajuste del gasto público que será necesario. La gran incógnita que han planteado los mandatarios ha sido mas la previsibilidad de la economía que la necesidad fiscal, punto en que la nación les ha cumplido al punto de que, como nunca en la historia, el noventa por ciento de los distritos provinciales cuenta con superávit primario.


La madre de todas las batallas será el presupuesto en el Congreso, donde se han delegado los temas técnicos. Como ya nos sucedió en ocasión de la sanción de la ley del Aborto, nos invito a todos nosotros a participar, mirando la sesión del debate por el presupuesto. Separando la paja el trigo. Poniendo especial énfasis en la factura técnica de los legisladores. Y no pensando en que tienen que ser todos economistas, sino que todos tienen que tener presente el presupuesto que debe tener el modelo de país que quieren defender desde sus bancas.


Como conclusión, las noticias económicas se sucederán en las semanas hasta la navidad y tanto más allá. Eclipsarán a la política. Estamos en un período donde podremos llenar nuestras páginas con variables de rendimientos de bonos, con la baja o alza del riego país, o con el descenso de los agregados monetarios. Por otro lado, cada vez es más difícil saber qué piensa nuestra dirigencia acerca de estos temas.


Fuera del gobierno intentando llevar algo de calma en la zozobra, y parte del PJ intentando esquilmar la credibilidad y sustento del plan económico, no hay mayores voces. Puede que no sepan, o puede que nuestra dirigencia política es mucho mejor gestora del gasto público que de la economía, y que es este, al final, nuestro eterno problema.

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