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Evidentemente Argentina está en una encrucijada.


Sin embargo, las causas de por qué estamos aquí, parecería que no se debaten con la necesaria profundidad o sinceridad.


La televisión llena de panelistas, que hablan encima unos de los otros debatiendo los grandes temas del país, es un reflejo del debate político en nuestro país.


O un Congreso ausente, que se apresta a aprobar un presupuesto 2019 ‘para dar una herramienta al gobierno‘ o para ‘poder cumplir con el acuerdo con el FMI‘; pero en ambos casos sin debatir el fondo del problema; de porque estamos en decadencia desde hace ya bastante tiempo.


O los partidos políticos, más ausentes aun que el Congreso.


Quizá es que los argentinos preferimos no ver la realidad.


En la Argentina tan deteriorada políticamente, se da la paradoja de que no hay un partido con posibilidades de ganar que sea de corte verdaderamente liberal (o neoliberal) y tampoco un partido verdaderamente progresista y defensor del Estado.


En efecto, el PRO, a la luz de su acción de gobierno en estos casi 3 años, casi no ha hablado de los temas que más defienden los partidos liberales, como la reducción del tamaño del Estado, la baja de impuestos y la desregulación de la economía.


Tampoco hay un partido con posibilidades de ganar que sea auténticamente progresista y defensor de un Estado fuerte, porque quienes gobernaron 12 años no lo fortalecieron sino que lo usaron para sus propios intereses.


Nombraron amigos sin límite y eso es destructivo para el Estado.


Hicieron caja sin límite, y eso es destructivo para el Estado.


Probablemente el presidente que más cuidó al Estado fue el radical Raúl Alfonsín, que no llenó de nombramientos el Estado ni se enriqueció en la función pública.


Pero ese proyecto defensor de un Estado que redistribuya el ingreso entre los más poderosos y los más débiles, que no era estatista en exceso y que encabezó la restauración democrática, gobernó en un contexto internacional y de precios relativos que no permitían ni siquiera ese Estado relativamente chico (comparado con el elefantiásico estado de hoy).


Probablemente esta característica tan llamativa de nuestra organización política se deba a que los argentinos, en el fondo, no queremos discutir los problemas profundos de nuestra organización económica.


Por eso nuestra pobre discusión política no incluye diagnósticos realistas ni políticas de estado.


No discutimos los problemas de fondo porque sabemos que la respuesta es dolorosa.


Intuimos que podemos ser un país que disminuya la pobreza a menos del 10% de la población, pero no estamos dispuestos a hacer lo que se ha hecho, en todo el mundo.


Esto es tener un presupuesto equilibrado y cumplirlo, y a ser previsibles en el tiempo.


Tan sencillo como eso; pero tan difícil como eso.


No hay magia, en la economía de un Estado no se puede gastar más de lo que se recauda.


A lo sumo un poco más de lo que se recauda, recurriendo al endeudamiento.


Pero fuera de eso, es así de sencillo, y de duro.


No se puede. Discutir esto sería como discutir si fumar es malo.


Emitir billetes para pagar lo que no podemos pagar con recaudación, es como querer hacer magia y curar a un enfermo grave con yuyos.


No podemos gastar más de lo que tenemos, como sucede en un hogar, como sucede en una empresa.


Esto no se discute en casi ningún lugar del mundo, salvo la Argentina y un puñado más.


En esos países hay partidos más liberales y partidos más progresistas; pero ambos cumplen con lo básico de tener un presupuesto equilibrado y niveles impositivos razonables.


Sin embargo decir esto en nuestro país es ser ajustador o neoliberal.


Y nadie discute esto, ni los políticos, ni los periodistas.


El sentido común tiene poco rating en la Argentina.


O quizá lo que sucede es que hay mucha gente que calla, por miedo algunos y por conveniencia unos cuantos.


Lo grave es que el que dice esto se expone a la descalificación de derechistas y de izquierdistas.


Derechistas como el turco Asis que lo mirarían socarronamente como diciendo: ¿qué dice este boludo?


O izquierdistas como Grabois que dirían: la inflación es culpa de las multinacionales, y usted es un ajustador neoliberal que quiere destruir al Estado, que es quien debe hacer una sociedad más justa...


Ambas actitudes nefastas, y que hacen que en realidad en Argentina no se discuten seriamente los problemas de fondo.... Por ahora.

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