Por Marcial Biageti.
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 La época que transcurre ofrece cierta violencia en los cambios, tan fuertes y contundentes, que es imposible permanecer al margen. Como parte de esos cambios se observa el deterioro de las estructuras políticas tradicionales, o lo que es más complejo, el poder se construye de otra manera. Una de las primeras víctimas de este estado de cosas es el sistema democrático y la tradicional división de poderes instalada en la ciencia política por Montesquieu con vigencia hasta nuestros días. En estos tiempos de cambios, la división de poderes es la primera baja es el Parlamento, hay que aceptar otro rol del Poder Ejecutivo y un debilitamiento, cuando no, relativización del Poder Judicial. Resumiendo, la democracia no es la clásica, el Parlamento perdió presencia y prestigio, el Poder Ejecutivo subsume los otros poderes que se debilitan como controles, el Poder Judicial desciende a auxiliar del poder político. Se puede no coincidir con esta descripción, pero todos vamos a coincidir en que Presidentes, parlamentarios y jueces eran los de antes, los de estos tiempo cumplen desde esas funciones otros roles infinitamente más confusos.


 Desde las viejas crónicas se refería a las acciones de los jueces como ‘actuaciones judiciales‘. En estos tiempos, utilizando el juego de palabras, la justicia actúa, en el sentido más literal de la acepción. Hace como que dicta justicia en el sentido más ulpianano del término, dando a cada uno los suyos. Pero en realidad es un conjunto de actuaciones en el sentido más teatral del término, que se ubican de acuerdo a sus conveniencias en el mecano del poder que absolutamente nada tiene que ver con el sistema republicano, y mucho menos, con la responsabilidad de ser el último contralor del sistema.


 El rol central y principal del Poder Judicial sólo se mantiene y expresa en los presupuestos públicos. Allí si son la cabeza de la pirámide, el paraíso remunerativo añorado, la meca salarial a la que todo el mundo pretende ingresar, el podio que es centro de las envidias en el mundillo de las añoradas plantas permanentes. No importa si como cafeteros, arquitectos o contadores, como jueces, camaristas, abogados o psicólogos, todos en algún momento de su vida, o durante toda ella quiere ingresar a ‘la Justicia‘. Hasta la mención resulta contradictoria e incoherente: ingresar a ‘la Justicia‘, como si se tratara de la Tierra Prometida. Sin olvidar que, por tratarse de una porción de la geografía bendecida por los Dioses, han decidido que no se deben tributar impuestos, o al menos evadirlos como Cristóbal López. Hablando precisamente de la Justicia, es injusto que los jueces no tributen ganancias, como López, y a unos se los refiere como ‘sus señorías‘ y al empresario kirchnerissta como ‘el delincuente‘ de Cristóbal.


 El Poder Judicial de Río Negro se apresta a escribir otro capítulo poco edificante. El sistema ha quedado atrapado en sus mediocridades. Como en el resto del mundo y del país en la provincia el Poder Judicial se ha politizado para mal. La política lo utiliza como parte de la construcción de Poder, las sentencias sirven para obstruir, construir o potenciar posiciones políticas. El trípode Poder Político, Poder Judicial y Medios de Comunicación interactúan a veces coordinados o a veces confrontando. Cuando se encolumnan es mejor tomar el camino del exilio. Si además los medios de comunicación se concentran monopólicamente como sucede con el multimedio roquense que lidera el Diario Río Negro el combo es perfecto. No hay sistema democrático ni convicción republicana que lo neutralice.


 Las redes sociales y los cambios por suerte han alumbrado un nuevo paisaje, que viene conformándose y que alumbrará un nuevo orden que todos aspiramos resulte más beneficioso que el que dejamos atrás.


 El medio presiona al Poder Político, le marca la cancha al Poder Judicial, se pone al servicio de un interés, propio o de terceros, siempre con contenidos económicos como determinantes. Denuncia situaciones, alguna de ellas con fundamento que ameritan informar y visualizarlas. Va más allá, juzga y condena a priori desde el titular y en línea con su interés. La Justicia, que no funciona como tal, surfea y se adapta, cuando no claudica. Ni hablar de cumplir con su rol. Pasa el tiempo, el Medio o el Grupo de Interés, logra su objetivo de esmerilar al eventual objetivo, que a esta altura es una víctima. La sociedad condena en su momento, y cuando llega el momento del juicio y la sentencia, el sistema se expresa fallando por lo que ya está instalado en la sociedad. Entonces no hay Justicia, solo hay intereses que se nutren de un sistema corrupto.


 Por esta razón hay causas que nacen y mueren, otras que duran quince años, otras que se mantienen vivas porque siguen dando réditos. La causas derivadas de la corrupción estallan una vez finalizadas las gestiones, se aceleran en vísperas de los ascensos de los magistrados, y se cierran cuando consolidan los objetivos de la tríada Poder, Justicia y Monopolio mediático.


 Por esta razón en estos días se repudian las sentencias de Flavors y Tierras Fiscales y se carga las tintas sobre el presente (sobresueldos) para compensar absoluciones con condenas. Se pone en tela de juicio el funcionamiento del Concejo de la Magistratura y se presiona violentamente al Fiscal Hernán Trejo que, acorralado, sobreactúa incumpliendo su rol y las reglas básicas del derecho. Más bochornoso no puede ser. Mientras nadie se las aguanta para hacer correctamente su trabajo. La Justicia actúa como un conjunto de malos actores muy bien remunerados.


NOTA del REDACTOR. Luego de casi diez años de escribir esta columna Marcial Biageti informa a sus seguidores que deja el espacio de Domingolíticas en Noticias de la Costa. El análisis semanal podrán encontrarlo en su fanpage de Facebook/Marcial Biageti o seguir la opinión del autor a través de su twitter @MarcialBiageti
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