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El superciclo de los commodities, que comenzó en 2003 y se agotó en 2015, fue el resultado directo de la irrupción de China, India y Asia en el comercio internacional; y por primera vez en la historia la demanda mundial de materias primas creció muy por encima de la oferta.


Los términos de intercambio globales -relación entre el precio de las exportaciones versus el de las importaciones- se invirtieron en este periodo, y eso hizo que los precios de las materias primas alcanzaran niveles récord sin excepción.


Luego la economía china -con un PBI de U$S 11,4 billones/dólares constantes y un ingreso per cápita de U$S 8.100 anuales-, se desaceleró. Pasó de crecer 11% anual entre 2001 y 2010 a 6,5% por año desde entonces.


China consumía 50% de la provisión mundial de mineral de hierro y 40% de la producción global de cobre en 2010. De ahí que su desaceleración provocó una caída mundial de estos productos de más de 40% entre 2010 y 2016, lo que afecta en América del Sur ante todo a Brasil y Chile.


El mundo ha ingresado en una nueva revolución industrial desatada por la convergencia de tres tecnologías fundamentales: inteligencia artificial (AI), internet de las cosas (IoT) y robotización.


Este es el hecho central de la época después de la caída de Lehman Brothers en Wall Street el 15-09-08; y su epicentro lo constituyen las dos mayores economías del mundo –Estados Unidos y China- cada vez más integradas.


La nueva revolución industrial transforma en sus raíces el mercado mundial de materias primas, en especial los productos energéticos y metalíferos. El cambio decisivo, dice el Instituto Global Mc Kinsey, ha sido la disminución provocada en la intensidad energética de la producción industrial china.


Esto ha ocurrido según la siguiente tendencia: el PBI chino creció 18 veces entre 1980 y 2010 (un crecimiento de 9,9% anual) y el consumo de energía por unidad de producto se elevó 5 veces en este periodo. La tendencia se aceleró en los 4 años previos a 2010, y ahora se prevé una disminución de más de 100% en 2020, para luego duplicarse en los siguientes 10 años.


McKinsey estima que 15% de los nuevos vehículos automotores serán autónomos –no requerirán conductor- entre 2020 y 2030, y agrega que el porcentaje de este tipo de vehículos crecería más de 60% en el transporte público de la República Popular.


Todo esto con un agregado vital para la Argentina. El extraordinario incremento de la producción agroalimentaria de los últimos 20 años es un acontecimiento que se funda en cambios tecnológicos y organizativos, y no depende de su excepcional dotación de recursos naturales.


Esto obliga a la Argentina a profundizar su especialización agroalimentaria, multiplicando la superior productividad del sector, que es la primera del mundo junto con la de Estados Unidos. Pero si se fija la atención en la estructura de costos por unidad de producto es superior incluso a la del Medio Oeste norteamericano.

 

FUENTE: Clarín rural
 

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