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“En el amor y en la guerra todo vale” es algo que podemos escuchar en la puerta de un colegio, en la calle, en la cola del supermercado. La vara se corre más allá, parece que en el siglo XXI la política quiere apropiarse de esta frase hecha.


O tal vez es porque quienes la practican consideran a la política como una guerra. Con el perjuicio que a la sociedad eso le genera.


Algunos hacen política por ambición de poder, otros de dinero, seguramente no falten los que también piensen en el reconocimiento social. Están quienes llegan a fuerza de militancia, quienes llegan solitos o por la cobija de un padrino político en retirada, quienes llegan porque tienen que llegar y quienes llegan de la noche a la mañana, por oportunistas.


En una era donde la tecnología juega un rol más que relevante en todos los aspectos de nuestras vidas, figurar -porque sinceramente no encuentro otro término- en los diarios digitales al menos dos veces por semana es parte del circo, del negocio. Y tal vez no esté mal, son las reglas del juego.


El problema comienza cuando las numerosas apariciones públicas son a cualquier precio, con intervenciones de tan bajo calibre que nos hacen dudar de las aptitudes para ocupar una banca de nuestro poder legislativo.

 

Aún más preocupante, se vuelve que a la falta de aptitud de los legisladores Nicolás Rochas y Alejandro Ramos Mejía se le sume la liviandad y soltura para opinar de causas tan sensibles para la sociedad como lo fue en estos días el juicio de “sobresueldos”.


Alarmante es que uno de ellos exprese vox populi “hay pacto de impunidad para los ex ministros”. Así, sin más. Como decir buen día.


Ni hablar si otro aparece en su defensa con expresiones del tenor de “se hizo eco de los rumores sobre el caso sobresueldos”. La sociedad espera otra cosa de ustedes, “hay algo mal que no anda bien” si un operador tan importante de la sociedad se guía por rumores.


Roza lo cómico que se ampare en la facultad de los legisladores para “poner en duda algunas cosas sin ser molestados”. Los fueros constitucionales son otra cosa, Dr. Rochas. Hace falta estudio.


Desde la vuelta de la democracia, la Justicia es la institución que menos confianza inspira en el ciudadano de a pie. No siempre los culpables son jueces o fiscales, sino que están sentados en una banca que les concedió el pueblo. En préstamo. Están de paso.


Retomo ideas ya mencionadas. Las apariciones públicas no deben ser a cualquier precio. Buscar generar presión sobre operadores judiciales, es atentar contra el sistema republicano de gobierno que escogió nuestro país. Es demostrar que la política en nuestros días tiene su foco desviado. O al menos, que son unos desviados. Ellos, o a quien le sirven de títeres, el señor que ocupa el sillón principal del pueblo roquense.


Aunque, ¿quién soy yo para juzgarlos? Tal vez el rol de títere dependiente a ustedes les siente bien.


Los invito, señores legisladores Rochas y Ramos Mejía a incrementar su credibilidad como actores públicos, con actuaciones menos faranduleras. La guerra que quieren desatar, en la que demuestran que todo vale y la existencia de gran influencia de cuestiones personales, sólo me llevan a pensar que cuentan con recelo hacia los ex ministros de la fuerza radical porque no fueron títeres como ustedes.


La sociedad les pide más. Estén a la altura de las circunstancias.


Agustín Hernán Gutiérrez
DNI 39.867.057

 

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