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Desde que Luis Caputo se hizo cargo de la presidencia del BCRA la actividad de esa entidad no fue menos profusa que durante la presidencia autocontradictoria de su antecesor. Hasta el momento, Caputo no se ha conducido de manera contradictoria, pero su abrumador ritmo de actividad puede saturar a los mercados financieros en corto tiempo: sorprendente licitación de dólares de las reservas del BCRA por fuera del acuerdo con el FMI, licitación de Letes para calmar al dólar por iniciativa del BCRA, canje voluntario de Lebac por Letes. Intervención en el mercado secundario de Lebac, rumores de colocación de BOTE y otros bonos. Y todo eso en el corto plazo de un par de semanas. El riesgo de abrumar va in crescendo con el paso de los días, sobre todo porque se observa que si el mercado cambiario se ha calmado en relación con los convulsionados momentos de otras semanas se debe en buena medida al natural factor de que la divisa norteamericana ha subido tanto en tan poco tiempo que el mercado debe deglutir aún una buena parte de los dólares comprados antes de seguir subiendo.

 

Pero la actividad del BCRA, ahora especializado en conceptos de ‘trading‘, lo que en sí no es malo ni bueno, no solo puede resultar abrumadora sino también deficitaria. Por ejemplo, estos canjes optativos de un bono por otro con el ánimo de calmar las aguas solo tienden a tener resultados positivos en el caso de que haya algún subsidio implícito en los precios que se toman como base para los canjes. De otra manera, ¿para qué meterse en un canje optativo de bonos si la operación puede hacerse con una sencilla compraventa por la cual se vende un título y se compra otro?

 

Seamos claros: últimamente el Tesoro, con la ayuda del BCRA no puede renovar los vencimientos de Letes que van ocurriendo mes a mes. Como el stock de Letes supera los u$s18.000 millones estamos hablando de una cifra de magnitud considerable, de valor cercano al 40% de todas las Lebac, con el agravante de que las Letes hay que pagarles en dólares contantes y sonantes, mientras que a las Lebac no. Por lo tanto, si no puede renovarse el 100% de los vencimientos de Letes (y de Lebac tampoco), ¿qué es este canje: un auxilio para el Estado o una manera de repartir lo que no se tiene: o sea, escasez?

Hay algo más en la estructura de la licitación de Letes que es más que problemático y que debería derogarse aún a riesgo de que la demanda de Letes descienda, y es el hecho de que pueden suscribirse en pesos, de manera tal que al Tesoro ingresan pesos que se depositan en el Banco Nación a la espera de ser gastados en salarios, jubilaciones, etc , pero se endeuda a corto plazo en dólares, segura forma de marchar a la bancarrota si se corta el financiamiento de corto plazo al país, factor que lejos de poder excluirse tiene un margen de probabilidad apreciable. Derogar esto es fundamental.

 

La sobreactuación financiera en la que se ha embarcado el BCRA con el vano afán de que el dólar no supere los $29, parece una cuestión de tiempo nada más, dada la expansión monetaria y la creciente velocidad de la tasa de inflación que rápidamente tiende a reavivar el lamentable atraso cambiario que caracterizó la primera parte de la presidencia Macri.

 

Y mientras este fárrago de novedades financieras diarias a las que somete al público el BCRA, las novedades fiscales por las cuales el Tesoro se comprometió con el FMI a presentar un Presupuesto 2019 al Congreso con un déficit primario del 1,3% del PBI brillan por su ausencia. Aun cuando a los fines financieros tiene muy poca importancia que el déficit primario de 2019 sea el 1,3%, un 1,6% o incluso el 2% del PBI dado que las principales fuentes del déficit hoy vienen por el BCRA y el de intereses de la deuda externa, la Argentina se comprometió con el FMI a la dura cifra del 1,3% de déficit primario, lo cual no es gratis ni fácil. Habrá que recortar partidas presupuestarias sensibles para que esa cifra sea alcanzable. Y como el déficit primario puede ser el 1,3% del PBI o casi el doble sin que por eso nada cambie gran cosa en la economía, no es lo mismo para el FMI y su cronograma de desembolsos trimestrales, que si bien escasos desde septiembre próximo (u$s3.000 millones por trimestre) son vitales para mantener la confianza de los mercados.

 

En síntesis, hay una sobreactuación en relación con lo urgente: canjes, colocaciones de bonos en pesos y en dólares, intervenciones cambiarias y en el mercado de bonos, etc, típicos de momentos de escasez de financiamiento, y una excesiva molicie en elaborar los proyectos de medidas fiscales que aunque de indiferente resultado para la realidad de la economía, resulta fundamental para que el duro acuerdo con el FMI pueda cumplirse y los mercados no vuelvan a convulsionarse.

 

Por Walter Graziano para Ámbito Financiero.
 

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