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A Lionel Messi y a Jorge Sampaoli, a la Selección, todo a disposición le puso la AFA. Por eso también la goleada contra Croacia cayó como un misil en los dirigentes de Viamonte 1366, que se encuentran hundidos en el más profundo desencanto, en especial con el entrenador. Pero no lo echarán antes de Nigeria. Al presidente Claudio Tapia esa idea nunca se le cruzó por la cabeza. El martes, Sampaoli dirigirá. Ahí se verá si Argentina sigue en carrera o no.

 

Después, una vez finalizado este espinoso camino mundialista, todo parece indicar que habrá un cambio de rumbo. Nada de Sampa 2022.

 

La AFA eligió como prioridad a la Selección a un genio como Lionel Messi. Era la mejor fórmula para crecer como institución, sabiendo que los caminos se dividieron en el fútbol argentino y que por la vereda de enfrente transita la Superliga, manejada por una dirigencia que pretende mostrarse diferente a la que lideran Chiqui y Daniel Angelici, el titular de Boca y vicepresidente 1ero. de la AFA.

 

Por estas horas, los hombres que conducen la AFA repasan: la remodelación del complejo en Bronnitsy, los días de preparación en Barcelona, el amistoso suspendido en Israel, el avión exclusivo, los sparrings a cada lugar donde va la Selección, un cuerpo técnico más que nutrido... Tapia y compañía observan que la inversión que realizaron en la Selección no es devuelta por Sampaoli como ellos imaginaban cuando lo contrataron. Esperaban otra eficacia y otra respuesta en todos los sentidos, desde la inestabilidad en convocatorias, formaciones y cambios durante los partidos hasta detalles de los ensayos.

 

Uno de los dirigentes que se encuentra aquí en Rusia, por ejemplo, le contaba asombrado a Clarín: “Yo no puedo creer. Había programado la práctica para las 18, justo cuando jugaban Islandia y Nigeria. ¿A vos te parece? ¿A quién se le puede ocurrir? Menos mal que al final adelantaron el entrenamiento”. Por supuesto tampoco gustó la discusión delante de los jugadores entre Sampaoli y su principal ayudante Sebastián Beccacece en la penúltima jornada de trabajo antes de Croacia. Algunos directivos de la AFA, además, no soportan el alto perfil interno de Beccacece, quien de todos modos bajó un par de peldaños en ese ítem tras la clasificación en Ecuador.


Es más, en la AFA, hacen cuentas, miran el fabuloso contrato que le firmaron a Sampaoli (serían 2.200.000 dólares para él, más lo que firmó la mayoría de su equipo) y se arrepienten. Imaginan que como se encuentra tan desgastado, renunciará aunque Argentina reaccione y salga campeón del mundo. Esa sería la mejor salida. Lo peor sería el despido. Suponen que el Zurdo dará un paso al costado después de esta traumática aventura rusa.

 

La calculadora en Viamonte 1366 hace los primeros números y tiembla pensando en la amenaza de eliminación en la primera ronda. Más allá del prestigio deportivo y del impacto a futuro que puede representar una despedida de Rusia con ese tono, incluyendo una posible renuncia de Lionel Messi que derivaría en una inmensa pérdida económica, de entrada ya se sentiría el golpe. La idea de buen Mundial involucraba el arribo a cuartos de final, por lo cual la FIFA aseguraría 17.600.000 millones de dólares como premio. Si Argentina se va en primera ronda sólo se llevará los 9.400.000 asignados a quienes completan apenas la fase de grupos y se perderá de embolsar 8.200.000. En cambio, si arriba hasta octavos, a la tesorería de la AFA irán 11.000.000.


La relación entre la AFA y Sampaoli suena demasiado desgastada como para que se prolongue más allá del Mundial. Tanto que es real que a un par de dirigentes se les cruzó por la cabeza que el técnico contra Nigeria sea Jorge Burruchaga, un campeón del mundo del 86 con extensa carrera de DT que se encuentra aquí como manager celeste y blanco y que es muy cercano a Angelici. Esa posibilidad nunca la analizó Tapia. Siempre la idea fue que Sampaoli esté al frente del equipo contra los africanos.

 

Lo único que le faltaba a la AFA para cerrar cuatro años de papelones, con tres presidentes de la organización diferentes y con tres DT de la Selección distintos, era echar a un técnico en pleno Mundial.

 

Por Enrique Gastañaga para Clarín.

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